El día que Franco trastocó todos los relojes de España

En España, los ritmos vitales difieren del resto de Europa. Los horarios vienen determinados por la decisión del dictador Francisco Franco de cuadrar la hora española con la de la Alemania nazi. Una elección que produjo un desfase en los relojes del país.

«Spain is different». Un slogan publicitario que valdría con cualquier país que se introdujese en el sujeto. Sin embargo, hay un aspecto en el que España se diferencia del resto del planeta. Es en los horarios. La hora del almuerzo no suele llegar hasta pasadas las 14:00. Incluso, más allá. Con la cena sucede lo mismo. Entre 21:00 y 23:00 se sitúa la hora de sentarse a la mesa. Hasta pasada la media noche se sirven platos en algunos restaurantes de España. Casi impensable en otros rincones del globo terráqueo.

También es uno de los países en los que más tarde se acuesta su población. Un desfase que marca el día a día de la población. Desde su ocio nocturno hasta la tardía salida del trabajo. Un reloj que avanza a un ritmo distinto, porque el país no se rige por el huso adecuado. Eso sí, a excepción de las Islas Canarias. Geográficamente, España debería tener la llamada Hora Occidental, la misma por la que se rigen el Reino Unido o Portugal. Al encontrarse en otra franja horaria, España padece una hora de adelanto respecto al sol del invierno y dos con el de verano.

Un descuadre temporal que se perpetró el 16 de marzo de 1940. Fue el día en el que la dictadura franquista decidió adelantar el reloj 60 minutos. Según una orden emitida por Francisco Franco, así el horario español marcharía de acuerdo con el de la mayoría de países europeos. En concreto con uno: Alemania.

Varios historiadores indican que esta maniobra fue una señal de acercamiento de Franco a Adolf Hitler. En 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi parecía imparable, por lo que el dictador español empezó a mover fichas para aproximarse a Berlín. No fue el único, ya que otros países como Reino Unido o Francia también optaron por el cambio de hora.

No obstante, al derrotar los Aliados a Hitler, varios países decidieron volver a su anterior huso horario. Fue el caso de Reino Unido. Otros, como Francia, decidieron mantenerlo. Lo mismo hizo España, donde Franco decidió continuar con la hora de Europa Central. Los relojes de Madrid siguen girando al mismo ritmo que los de Berlín, Praga o Varsovia, a más de 2.000 kilómetros de distancia. Una hora más que los de Lisboa, a poco más de 600 kilómetros.

¿Se acerca el fin del cambio de hora?

Pasar a otro huso horario se entrevé complicado. No obstante, los horarios podrían acercarse a la media europea o alejarse todavía más. Depende de la decisión que tome España respecto al fin de los cambios de hora.

Todos los ciudadanos de la Unión Europea asumimos que a finales de marzo dormiremos una hora menos. Cada año, el último domingo del mes, los relojes se adelantan a las 2:00 de la madrugada para marcar las 3:00. Un gesto que forma parte de la Directiva Europea 2000/84/CE que afecta a todos los países miembros. El objetivo de cambio es aprovechar mejor la luz diurna por la tarde. Así, la noche tarda más en llegar y se fomenta el ahorro energético.

Un horario que se estira desde marzo hasta la madrugada del último domingo de octubre, momento en el que se atrasa la hora para volver al tiempo de invierno. Alteraciones que pueden causar daños en la salud de las personas. La variación de horas de luz que recibe el cuerpo humano afecta a su organismo y puede desencadenar en una desregulación de los niveles hormonales. Por ejemplo, un descenso de la melatonina, conocida como la hormona del sueño, lo que altera el descanso y el rendimiento de las personas. Incluso, se le achaca un aumento en el número de infartos.

En 2018, el Parlamento Europeo propuso suprimir los cambios de horario y trasladó la pregunta a la calle. En un referéndum no vinculante, el 84% de los 4,6 millones de participantes se mostraron a favor de acabar con esta práctica. De todos los habitantes de la Unión Europea, los españoles fueron los más tajantes: el 93% no quería volver a tocar su reloj nunca más.

El presidente de la Comisión Europea de entonces, Jean Claude Juncker, pidió a los países que estudiaran esta posibilidad. Dio de plazo hasta el 1 de abril de 2021 para que cada uno de los miembros tomará una decisión. La idea es que escogiesen qué horario les beneficiaba más: invierno o verano. Más adelante se valoraría si esta nueva realidad horaria afecta al mercado común.

Sin embargo, parece ser que la respuesta final tardará en llegar. La pandemia de coronavirus ha generado un retraso en el debate y el tratamiento del proceso de regulación. Motivo por el que no va a ser en 2021 el año en el que dejemos de tocar las manecillas del reloj. El 31 de octubre tendremos que volver a ajustar la hora para recibir al invierno. De momento, los cambios de horario seguirán un tiempo más con nosotros.

Sputnik

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