EDITORIAL.- Acerca de la deuda y los impuestos

Los impuestos fiscales sustituyeron, que duda cabe, la esclavitud y la servidumbre. La principal práctica hegemónica moderna es la emisión (creación) del dinero y sus mecanismos de circulación a través del sistema financiero internacional controlado, mayoritariamente, por EEUU.

Otro aspecto, igualmente importante, es la esclavitud por defecto, en la que quedan atrapados –en invisibles laberintos de deudas e ilusiones mercantiles– centenares de millones de asalariados: campesinos, obreros, trabajadores en las maquilas, pequeños comerciantes, profesionales y productores, entre muchos otros subempleados o desempleados en la enorme jungla de competitividad capitalista.

La producción total es el resultado de un esfuerzo (trabajo material e intelectual) colectivo, más que la suma de acciones individuales. También pasa lo mismo con la acumulación del conocimiento.

La lógica, por justicia social y por participación en la producción, debería propiciar un acceso equitativo a los bienes y servicios de toda la sociedad.

Sin embargo, los asalariados y pequeños empresarios no se benefician de ese excedente productivo; porque se les limita el acceso a los bienes y tampoco disponen de suficiente tiempo libre para disfrutar de las artes, los deportes, las reuniones familiares o familiares ni para pensar con libertad.

Los impuestos, en teoría, son para que las obras y los servicios públicos beneficien a la colectividad, es decir, a todas las personas de modo similar a como la madre procura que todos sus hijos coman lo mismo.

Sin embargo, el Estado, a través de los gobiernos de turno, imcumple y, por mucho, esa responsabilidad.

La concentración de poder adquisitivo y de inversión a través de monedas respaldadas en deuda pública son la mayor y más cínica estafa de todos los tiempos.

Son la base de la enorme capacidad de despojo que forjaron las élites internacionales (aquellos que primero nos conquistaron) con multiplicidad de mecanismos de manipulación, cuyo propósito es mantener una permanente dominación.

Y  muchísimos son despojados de sus mejores años, de sus sueños, de sus ilusiones, de su felicidad, de su sangre, de su fuerza, de su espíritu.

No olvidemos que el Estado Moderno es una especie de Sociedad Anónima, como cualesquiera otra de las corporaciones a través de las cuales unos pocos oligarcas imponen su voluntad (voluntad política capitalista) al resto de la comunidad.

Por eso la deuda pública de los Estados modernos es pertenencia de  los banqueros y de las principales corporaciones (sociedades anónimas), desde la cuales se soborna y cabildea en Parlamentos, Gobiernos Nacionales, Regionales o locales para imponer su voluntad.

Así de año en año se han ido incrementando las deudas públicas y la emisión monetaria.

Cada Banco Central, basado en este mecanismo, paga un interés a  los banqueros más el capital; pero más importante que el interés sobre el total de la deuda, es la deuda en sí, su garantía de devolución.

Esa es la primera emboscada, la fundamental, porque da origen a la emisión monetaria base, que luego circula a través del sistema financiero.

Así resulta que, con la segunda emboscada, se sigue creando dinero (a discreción) por los banqueros. Esto significa que las decenas, centenares o miles de millones originales se incrementarán anualmente.

El profesor Jorge Luis Oviedo propone como punto de partida para el debate la alternativa de ‘La Contribución Refleja’.

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