Las madres repartidoras se juegan la vida en su trabajo en Ecuador

Malena (nombre ficticio para proteger su identidad), una repartidora de plataformas de Quito, se levanta todos los días, sin excepción, a las seis de la mañana, y su jornada termina pasada la media noche, en medio de un constante estrés y preocupación por su situación económica y falta de oportunidades.

Por Mercedes Alvaro*

Malena es madre de dos jóvenes, uno de 14 y otro de 17. Hace cuatro años murió su esposo de un cáncer terminal y ella quedó en medio de deudas a cargo de sus 2 hijos

La falta de oportunidades de trabajo en la capital de Ecuador le ha hecho probar de todo: mesera, ayudante de cocina, cajera, pero la pandemia del covid-19 complicó aún más su situación por eso acudió al trabajo de repartidora de una plataforma digital.

«Es muy duro, me levanto muy temprano para dejar haciendo algo para que almuercen mis hijos y salgo a trabajar; cuando regreso el trabajo sigue porque hay que ocuparse de la casa, aunque mis hijos me ayudan en lo que pueden, pero yo no quiero que descuiden sus estudios porque ahí está su futuro», cuenta Malena a esta agencia.

SIN NINGUNA GARANTÍA

Malena forma parte de un grupo de mujeres que trabajan con plataformas digitales para entregar pedidos por toda la ciudad de Quito, que no tiene ningún tipo de garantía en su trabajo y que además debe dedicar todo el tiempo que le resta al trabajo no remunerado del hogar.

A ese mismo grupo de trabajadoras de plataformas pertenece Yorya (nombre protegido), quien tiene año y medio trabajando como repartidora, labor que la realiza en su bicicleta; pese al peligro de movilizarse así en el tránsito de Quito, ella lo tuvo que hacer hasta los 7,5 meses de embarazo pues con su trabajo contribuye a la economía de su hogar.

Yorya cuenta que trabajar embarazada fue difícil por el riesgo que corría en las calles, el peligro de los autos, los robos y el miedo a que al verla embarazada alguien la denuncie y se quede sin trabajo, pues si los dueños de la plataforma se enteraban de su embarazo, para no correr riesgos de pagos por accidentes, simplemente no la dejarían trabajar más.

Su esposo también trabaja en plataformas y con el dinero que generan los dos mantienen el hogar y pueden enviar algo a su familia, en Venezuela.

«Sabía los riesgos que corría. Dios y la Virgen siempre me acompañaban; iba suavecito, para no caerme o que me golpeen; durante mucho tiempo camuflé mi barriga con chaquetas para evitar que mis clientes me reporten; tenía que ayudar a mi esposo y salir todos los días a guerrear para tener para la comida y ayudar a mi familia», dice Yorya a esta agencia.

El hijo de Yorya nació por cesárea, por lo que ella tuvo que dejar de trabajar tres meses, luego de los cuales volvió a las plataformas, aunque ahora lo hace por horas pues debe volver a casa entre el día para amamantar a su bebé.

Mientras Yorya y su esposo están trabajando en las plataformas, sus hijas de 14 y 16 años, se encargan del bebé.

EL HOGAR, OTRO TRABAJO

Malena y Yorya, al igual que casi todas las repartidoras, realizan mayoritariamente las tareas de sus hogares: cocinar, lavar, ordenar la casa, cuidar a sus hijos, supervisar sus deberes, aparte de sus jornadas de reparto de más de ocho horas diarias.

Una encuesta realizada en 2012 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), detectó que en Ecuador las mujeres semanalmente realizan 31, 49 horas de trabajo doméstico, mientras los hombres únicamente 9,09 horas.

Nueve años después, la situación está lejos de cambiar, al menos para las repartidoras de plataformas, una modalidad de trabajo reciente en Ecuador.

«La situación está peor que antes. A más de la precariedad de este trabajo, la compra de Glovo (en toda Latinoamérica) por parte la empresa alemana Delivery Hero implicó, al menos por el momento, menos llamadas para las repartidoras, lo cual disminuye sus ingresos, pero los riesgos y la precariedad laboral siguen iguales.

«Las mujeres embarazadas llevan la peor parte, pues se enfrentan a numerosos riesgos, incluido el acoso sexual», dice a Sputnik Kruskaya Hidalgo, investigadora del Observatorio de Plataformas y consultora en temas de género, con una maestría en estudios de género de la Central European University y la Universidad de Granada.

ALTOS ACCIDENTES

En Ecuador, el 53,1 por ciento de repartidores reportan haber sufrido al menos un accidente de tránsito trabajando con las aplicaciones, y de ellos un 98 por ciento no recibió ningún tipo de apoyo por parte de las plataformas, situación que si bien se repite en infinidad de empresas, parece tocar fondo en las plataformas, por la infinidad de riesgos que implican.

Las repartidoras embarazadas conviven con el miedo constante por sus vidas y las de sus futuros bebés.

Hidalgo, que también es coordinadora de proyectos de la Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung, realizó recientemente una investigación sobre las maternidades dentro de las economías de plataformas.

Como parte de ese estudio, Hidalgo realizó una encuesta, en la que un 50 por ciento de las personas encuestadas reconoció que son sus esposas quienes realizan mayoritariamente los trabajos del hogar, seguidas por sus madres, novias o hermanas.

En Ecuador las repartidoras trabajan en promedio 10 horas diarias, 7 días a la semana.

«Son las mujeres repartidoras o familiares de los repartidores quienes se encargan de este trabajo no pagado», dice Hidalgo.

Las plataformas digitales de reparto ingresaron en Ecuador en 2018; en la actualidad, están presentes tres compañías: Uber Eats, Rappi y Pedidos Ya.

A Yorya, Malena y las miles de repartidoras, no solo de Ecuador sino de toda Latinoamérica, no las protegen los Estados, y mucho menos las aplicaciones en las que trabajan, que ni siquiera les ofrecen un mínimo de subsistencia cuando están embarazadas ni cuando tienen a sus hijos.

Ellas seguirán jugándose la vida día por día, en motos y bicicletas, para llevar el pan a sus hogares o ayudar a mantenerlos, ahora en medio de la pandemia del covid-19, que día a día cobra más vidas.

*Sputnik

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