La guerra interna fratricida de Colombia

Hoy, como otros muchos días y noches, dono mi voz para dar un grito de libertad. En este hoy eterno seguiré gritando con constancia, como grito en las marchas, en plantones y protestas contra los dirigentes corruptos de mierda, sin corazón. Les grito a todos esos miserables que usurpan el poder con trampas disfrazando sus logros de democracia, la democracia que en este puto país no existe.

Por De José Antonio Támara León*

Todos ellos, polítiqueros, estafadores de la verdadera política, que nos asesinan todos los días, no solamente con las balas, sino que también con las mentiras que le venden a la población, aprovechándose de su ignorancia para conducirlas a sus intereses particulares y ramplones, porque son unos parásitos que se roban al Estado, y le exprimen hasta lo último de sus entrañas.

El 9 de abril de 1948, mataron a Jorge Eliecer Gaitán, así como antes y después de él han masacrado a grandes líderes que piden justicia, a toda esa godarria recalcitrante y obtusa, obnubilada por el poder que da el Estado y, queriendo ellos ser los dueños eternos del país, como si esto se tratase de una monarquía dictatorial, o de una finca ubicada en el departamento de Córdoba, donde se ocultan los cobardes custodiados por una mala imitación de una Guardia de Corps. Y desde sus casi esotéricas zonas de residencia, ordenan atentar contra nuestra patria, contra todo aquel que denuncie su manera holgazana de operar, porque son todos ellos unas lacras ratas de alcantarilla que dan toxoplasma gondii a los gatos.

Ellos ostentan una falsa opulencia, pero en realidad, son todos unos traquetos que con el solo hecho de mencionar la palabra quieren generar pánico en nuestra gente llena de miedo, porque el miedo les invade sus espíritus vulnerables. Sin embargo, ni el traqueteo de sus armas podrá callar nuestro grito de libertad y de justicia, porque nuestra voz al unísono es más estrepitosa que cualquier ejército disparando proyectiles, porque es nuestro clamor lleno de ira, contra todos esos cobardes que tienen la cabeza vacía y únicamente para la maldad.

Ellos son nimios, fútiles, llenos de miedo y de terror, que cifran su confianza en todas las riquezas que han obtenido con derramamiento de sangre, dolores y angustias, con sufrimientos, pero que al final de sus días y noches todo aquello mal habido será vanidad y un esforzase tras el viento. Por eso, debería darles vergüenza saber que todo el dinero que gastan está lleno de amargura, y que los cadáveres claman en sus tumbas o fosas comunes cada vez que ellos gastan ese dinero.

Me parece magnífico, haber escogido el 9 de abril, cuando se conmemora la muerte de Gaitán, también para hacerle un gran homenaje a las víctimas no del conflicto, sino de la guerra fratricida en la que unos cuantos atarvanes psicópatas han sometido a la nación, por su avaricia y codicia desmedida, canalla, parasitaria. Y como por mencionar una de sus tantas masacres en el año 2000 en Macayepo Carmen de Bolívar, y como muchas otras que el lector seguramente indagará, donde la Waffen-SS de la ultraderecha colombiana, masacraba a diestra y siniestra a todo aquel que exigía sus derechos y denunciaba sus injusticias y hurtos al erario.

Así como mataron a Jaime Garzón, cual sería hoy un candidato presidencial, de tal magnicidio no debe quedar en el olvido ni en la impunidad. Y que tristemente hoy esa guerra deja más de 130 mil desplazados solamente en Cartagena de Indígenas (Bolívar), a los cuales la ley de víctimas y restitución de tierras no ha resarcido, porque este país dirigido por la corrupción mefistofélica de unas cuantas familias plutócratas criminales no lo ha permitido.

*El Escribidor.

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