Cultura rica y destino difícil del pueblo gitano

El 8 de abril, el Día Internacional del Pueblo Gitano, el mundo rinde homenaje a la cultura romaní, tributo a la historia del pueblo gitano, marcada por genocidio, discriminación y prejuicios.

Por Eugenia Lébedeva*

Un día como este, pero de 1971, en las afueras de Londres se celebró el Primer Congreso Mundial Romaní, al que asistieron delegados de comunidades gitanas, romaníes y nómadas de toda Europa.

El lienzo verde y azul, con la rueda roja del carro gitano se convirtió allí en bandera de un pueblo cuya historia, para nosotros, comenzó con el éxodo de la India para escapar del genocidio desatado por la invasión islámica en el siglo IX.

Once siglos más tarde los gitanos volvieron a ser víctimas de un genocidio aún mayor, el que sufrieron en el siglo XX.

Su himno «Gelem, gelem» (Anduve y anduve), compuesto por el músico de origen serbio Jarko Jovanovic, es un homenaje a los gitanos exterminados por el nazismo.

ANDAR Y ANDAR LOS CAMINOS

Desconocemos la procedencia exacta del pueblo gitano que, según los científicos, es una de las razas más antiguas.

En la ciencia prevalece la opinión de que los gitanos abandonaron su tierra natal a fines del primer milenio después de Cristo como consecuencia de la invasión de los conquistadores musulmanes.

Primero llegaron a Irán y Egipto (de ahí procede la teoría de su origen egipcio), luego avanzaron por la parte oriental del Imperio Bizantino. A principios del segundo milenio, los gitanos se asentaron en los Balcanes y el norte de África, y ya en los siglos XIII-XV se extendieron por Europa y de allí por las Américas y Australia (siglo XIX).

En la Europa Occidental de principios del siglo XV los romaníes fueron bien acogidos, pero más tarde todo cambió y comenzaron a perseguirlos, expulsarlos y eliminarlos como a vagabundos, mendigos y ladrones.

Solo a fines del siglo XVIII en algunos países de Europa empezaron a tomar medidas para mejorar la situación de los gitanos y apareció la división de los romaníes en sedentarios, semisedentarios e itinerantes.

OCHI CHIORNYE

Es difícil encontrar una canción rusa más conocida en el mundo que ‘Ochi Chiornye’ (Ojos negros). En Rusia, sin embargo, la mayoría abrumadora les dirá que ‘Ochi Chiornye’ es una canción gitana.

Ambas versiones son erróneas y a la vez correctas.

La música de un vals compuesto por un alemán y la letra de un poeta ucraniano regalaron al mundo esta obra que, entre otros, hicieron famosa Fiódor Shaliapin, Vladímir Visotski, Mireille Mathieu y Django Reinhardt, músico de jazz de origen gitano; y cuya melodía, por cierto, inspiró la ‘Nathalie’ de Julio Iglesias.

En 1931, en Moscú, fue inaugurado el teatro Romen, el más antiguo y más famoso de los teatros romaníes del mundo, que durante varios años encabezó y puso en su escena ‘Bodas de sangre’ y otras obras lorquianas del director español Ángel Gutiérrez, evacuado de niño a la URSS en plena guerra civil española para salvarle de los bombardeos de la aviación fascista.

EL GENOCIDIO NAZI

Durante la Segunda Guerra Mundial, el pueblo romaní fue una víctima de la discriminación racial y la xenofobia por porte de los nazis.

A principios de los años 80, Alemania reconoció oficialmente como genocidio la política nazi contra los gitanos. Aunque no se ha establecido el número exacto de asesinados durante el genocidio gitano, más tarde llamado Porraimos, se estima que al menos una cuarta parte de la población romaní de Europa fue exterminada y en algunos países esta cifra asciende al 90 por ciento.

En 2001, en el Museo Estatal de Auschwitz se inauguró una exposición permanente dedicada a estos acontecimientos amargos.

En 2007, en Estonia fue construido un monumento para conmemorar a unos 2.000 gitanos asesinados por los nazis en el campo de exterminio en la ciudad de Kalevi-Liiva, cerca de Tallin.

Otro monumento a las víctimas gitanas del régimen nazi fue inaugurado en el parque Tiergarten de Berlín, al sur del Reichstag, en octubre de 2012. En la ceremonia de inauguración asistió la canciller de Alemania, Angela Merkel, que calificó este monumento de «un espejo de dolor infinito».

El monumento diseñado por el artista israelí Dani Karavan representa una piscina oscura circular con la piedra triangular en el centro que hace referencia a las insignias que llevaban los prisioneros de los campos de concentración. En la piedra se coloca cada día una flor fresca, mientras en el borde de la piscina está escrito el poema Auschwitz del artista italiano Santino Spinelli.

*Sputnik

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