Estos fueron los aliados de Hitler contra la URSS en la Segunda Guerra Mundial (y por qué)

La mayoría de los aliados del Tercer Reich no tenían ninguna razón para unirse a la guerra contra la Unión Soviética.

Italianos

Paxox(CC BY-SA 4.0)

La Italia fascista, principal aliada de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, fue la principal responsable del teatro de operaciones mediterráneo. Sin embargo, Benito Mussolini también quería que Hitler diera a sus soldados la oportunidad de demostrar su valía en la “Cruzada contra el bolchevismo”.

Se envió un cuerpo expedicionario de 62.000 soldados al frente oriental. Sirvió de base para el 8º Ejército italiano, de unos 235.000 hombres, que se formaría en el verano de 1942. Sin embargo, los alemanes no quedaron muy impresionados por la preparación para el combate de las unidades italianas. Los italianos no estaban listos para la guerra: Carecían de suficientes vehículos rodados, armas pesadas, municiones y provisiones.

Rumanos

En 1918, Rumanía, aprovechando el caos de la Guerra Civil rusa, se anexionó Besarabia, que formaba parte del Imperio ruso desde 1812. Moscú nunca olvidó esta pérdida y, en 1940, tras presionar a Bucarest con el acuerdo tácito de Berlín, consiguió recuperar Besarabia. Al mismo tiempo, bajo los auspicios de Alemania, extensos territorios rumanos pasaron a manos de Hungría y Bulgaria, que los reclamaban.

Al perder hasta un 40% de su territorio, la «Gran Rumanía” dejó de ser “Gran” de la noche a la mañana. El Tercer Reich, que había desempeñado un papel clave en esto, atrajo inmediatamente a su campo al debilitado y traumatizado país (que hasta entonces había estado orientado hacia los aliados occidentales). Por su participación en la próxima guerra contra la URSS, a los rumanos se les prometió no sólo la devolución de la región perdida de Besarabia (así como de Bucovina del Norte, que había sido cedida a la Unión Soviética), sino también que podrían proceder a la anexión de una parte importante de la Ucrania soviética.

Húngaros

El principal motivo que impulsó a los húngaros a unirse a la campaña alemana en el este fue el deseo de no perder lo que ya tenían (el norte de Transilvania) en lugar de adquirir nuevos territorios.

Esta extensa región con población mixta rumano-húngara había formado parte del Imperio Austrohúngaro hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Anexada por Rumanía en 1918, fue asignada por los alemanes a Hungría en el Segundo arbitraje de Viena el 30 de agosto de 1940. Cuando los ejércitos rumanos invadieron la URSS junto a la Wehrmacht, los círculos gobernantes de Budapest se preocuparon seriamente porque, si Hungría se mantenía al margen del conflicto, Hitler podría reconsiderar el destino del norte de Transilvania en favor de los rumanos que le apoyaban.

Finlandeses

Finlandia consideraba su participación en la campaña alemana contra la Unión Soviética como una continuación de la Guerra de Invierno de 1939-1940, que había hecho que el país perdiera parte de su territorio, incluida la parte norte del istmo de Carelia.

Sin embargo, las fuerzas finlandesas no se limitaron a recuperar los territorios perdidos. Ocuparon una parte importante de la Carelia soviética y también bloquearon Leningrado desde el norte. En general, el sector soviético-finlandés del Frente Oriental fue el más tranquilo durante toda la guerra. En el Ejército Rojo circulaba incluso un chiste sobre las tropas soviéticas que se oponían a las finlandesas: “Sólo hay tres ejércitos en el mundo que no combaten en la actualidad: el ejército sueco, el ejército turco y el 23º ejército soviético”.

Suecos

Durante la Segunda Guerra Mundial, Suecia tuvo que abandonar en parte su política de neutralidad, tanto por presión de Alemania como de forma bastante voluntaria tras el ataque de la Unión Soviética a Finlandia de noviembre de 1939.

Tras proclamarse Estado “no beligerante”, Suecia comenzó a suministrar activamente armas y municiones a los finlandeses, y facilitó el envío de un Cuerpo de Voluntarios sueco de más de 8.000 hombres para luchar contra el Ejército Rojo.

Croatas

Cuando en abril de 1941 se estableció el llamado Estado Independiente de Croacia sobre las ruinas del derrotado Reino de Yugoslavia, la sociedad croata se dividió en dos. Mientras que algunos se unieron al movimiento de resistencia que estaba ganando rápidamente impulso en los Balcanes, otros, en concreto los partidarios del líder de la organización nazi Ustaše, Ante Pavelić, se contentaron con hacer sombra a las políticas del Tercer Reich.

En un principio, Hitler no tenía intención de involucrar a las unidades croatas en la Operación Barbarroja, pero finalmente accedió a la petición de Pavelić de darles la oportunidad de unirse a la lucha “de todas las naciones amantes de la libertad contra el comunismo’”. El 369º Regimiento de Infantería Reforzada Croata, que contaba con 4.000 hombres, y también las legiones navales y de la fuerza aérea croata, partieron hacia el Frente Oriental.

El regimiento croata fue la única unidad extranjera a la que los alemanes dieron un papel directo en el asalto a Stalingrado.

Españoles

El ataque de Alemania a la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 provocó una efervescencia sin precedentes en España. Ese mismo día, el ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, comunicó al embajador alemán en Madrid que su país se congratulaba de lo ocurrido y estaba dispuesto a ayudar al Tercer Reich enviando voluntarios.

Los motivos de los que querían partir hacia el Frente Oriental eran variados. Algunos querían saldar viejas cuentas con los rusos por su injerencia en la Guerra Civil española, mientras que otros odiaban de verdad el comunismo. También había quienes lo veían como una forma de “expiar” su pasado republicano y algunos, habiendo permanecido secretamente leales a la República derrotada, esperaban desertar y pasarse al Ejército Rojo tras llegar a la zona de guerra.

Un total de entre 50 y 70.000 españoles sirvieron como miembros de la 250ª División de Infantería, conocida también como la División Española de Voluntarios o simplemente la División Azul, durante todo el periodo de su participación en la guerra contra la URSS. Además, un “Escuadrón Azul” operó en los cielos de la Unión Soviética y se le atribuye el derribo de más de 150 aviones soviéticos.

Eslovacos

En la primavera de 1939, la Alemania nazi asestó el último golpe a una Checoslovaquia debilitada tras ser abandonada por las potencias occidentales, y alentó la declaración de una república eslovaca “independiente”. Fue el primer Estado de los eslovacos en toda su historia. El problema era que no todos los eslovacos estaban contentos con el hecho de que su patria se hubiera convertido en un totalitario estado satélite del Tercer Reich.

Los eslovacos no tenían ningún motivo para luchar contra la Unión Soviética, y los alemanes no pensaban involucrarlos, limitándose a considerar a Eslovaquia como una zona de tránsito. Sin embargo, el gobierno del presidente Jozef Tiso se ofreció a luchar junto a los nazis en el Frente Oriental. “En plena solidaridad con el Gran Reich Germánico, el pueblo eslovaco ocupa su lugar en la defensa de la cultura europea”, declaró el ministro del Interior Alexander Mach.

La realidad difería mucho de los eslóganes de la propaganda. Los eslovacos demostraron ser los aliados de Alemania menos fiables en el Frente Oriental. Se pasaron en masa al lado del Ejército Rojo y de los partisanos soviéticos para luchar contra la Wehrmacht.

Franceses

“Esta guerra es nuestra guerra, y la llevaremos hasta el final, hasta la victoria”, así comentaba el líder del Partido Popular Fascista Francés, Jacques Doriot, la invasión alemana de la Unión Soviética en el verano de 1941. Diversas organizaciones colaboracionistas que operaban en el territorio de la Francia ocupada y el régimen títere de Vichy fueron, en efecto, los principales impulsores del envío de tropas francesas al Frente Oriental.

Sin embargo, la sociedad francesa en su conjunto no apoyaba ni la colaboración con el enemigo ni la guerra contra la URSS. En todo el periodo de existencia de la Legión de Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo, no se alistaron más de 7.000 personas. La propaganda alemana y de Vichy repetía incesantemente que los soldados de la legión eran los herederos de la Grande Armée de Napoleón, llamados a restaurar el honor y la gloria de sus antepasados. 

RBTH

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