‘Crimen y castigo’ en catalán: una traducción para conocer mejor a Dostoyevski

Cuando el traductor al ruso Miquel Cabal recibió el encargo de traducir ‘Crimen y castigo’ a la lengua catalana no dudó ni un instante en aceptar un desafío que él mismo califica de «mayúsculo».

«Yo también tenía ganas de hacer mi versión de esta obra perturbadora, grotesca y triste, escrita como un torrente furibundo y febril en un ruso alborotado y torpe que es a la vez rico y poliédrico», confiesa este lingüista catalán, autor de una treintena de traducciones rusas, en el epílogo de la obra publicada este marzo por la editorial de Barcelona La Casa dels Clàssics.

En el año de Fiódor Dostoyevski -2021 es el bicentenario de su nacimiento y el año 140 desde su muerte- los párrafos del genio ruso siguen apelando a la humanidad, quizás más que nunca en mitad de una pandemia que arroja dilemas éticos equiparables a los del mismísimo Rodión Raskólnikov.

Con la misión de aproximar el mundo de Dostoyevski al lector catalán de ahora, Cabal aceptó (y cumplió con éxito) el reto de actualizar unos diálogos que nadie se había atrevido a traducir a este idioma desde el político comunista Andreu Nin en 1929.

El traductor afirma en una entrevista con Sputnik que casi un siglo más tarde era necesario actualizar las palabras de esta célebre novela «desde un punto de vista puramente lingüístico, pero también porque la sociedad es otra y la manera en que nos enfrentamos al texto es otra».

¿POR QUÉ NECESITAMOS NUEVAS VERSIONES?

A lo largo de varias décadas, las traducciones de Nin (Tolstói, Pilniak, Chéjov…) fueron la única ventana directa de la Rusia literaria al idioma catalán, ya que históricamente otras obras se habían traducido del francés.

Los cambios sociales, políticos y lingüísticos experimentados desde entonces hacen necesarias actualizaciones como la de Cabal que permiten al lector comprender los clásicos rusos en un catalán más fresco y vigente.

Según este traductor, la naturaleza contradictoria de Dostoyevski y su modo de exponer el pensamiento propio y el de los demás hacen que sea un autor «muy actual» y que en sus obras siempre encontremos «alguien que parece que hable por nosotros».

«Es un escritor que huye del dogmatismo, por lo que siempre encontrarás algún personaje que se adecua a tu visión. (…) Esto le da mucha fuerza y lo distingue de otros escritores del siglo XIX que sí tienen una posición más firme o que defienden posiciones más claras», añade el lingüista.

Pero el ‘Crimen y castigo’ de Nin se materializó en un contexto concreto, con unas circunstancias condicionantes que lo distinguen de la versión de Cabal y de todas las otras, porque las traducciones no son inmunes al paso del tiempo.

Así lo defiende el escritor de ‘Cuentos Rusos’ (2009) Francesc Serès en su prólogo, que sirve para introducir y explicar el porqué de esta nueva versión.

«Tenemos que poder leer quiénes eran, qué hacían, qué esperaban y qué sentían los que vivían en el San Petersburgo de hace 150 años. Son nuestros antepasados contemporáneos, (…) personajes que nos explican cómo habitan una historia que nos acoge: los conflictos de Dostoyevski son todavía nuestros conflictos», dice Serès.

LOS RETOS DE TRADUCIR DEL RUSO

En 1873, cuando estaba a cargo de la revista ‘El Ciudadano’, Dostoyevski afirmó que un corrector debe ser capaz de adivinar la gramática y el estilo de cada autor, y quizás lo dijo consciente de su propia falta de convencionalidad a la hora de escribir.

El ruso se tomaba libertades que dieron lugar a un estilo plagado de incorrecciones que él mismo reconocía y que otorgaron una voz única a cada uno de sus personajes.

«La sintaxis de Dostoyevski es particular porque él de vez en cuando decide que una frase no la termina, que cambia de sujeto de golpe o que un verbo estará en presente y el otro en pasado. Y todo esto lo hace porque le da la gana, porque es el autor», explica Cabal.

Ante el dilema de normalizar el texto para evitar incorrecciones o mantener el estilo dostoievskiano, el traductor optó por preservar la naturaleza de la obra original.

Para el lingüista es importante que el lector de Dostoyevski quede extrañado por el peculiar uso de cursivas o comillas, por párrafos que terminan a medias o frases eternas y desordenadas: «Me gusta que el lector de la traducción tropiece con el texto como también tropieza el lector del original».

Uno de los quebraderos de cabeza al traducir la obra fue la adaptación de la oralidad rusa al catalán, que tiene un registro coloquial fuertemente influenciado por la lengua castellana.

Cabal aprovechó que el texto original es del siglo XIX para introducir fórmulas coloquiales antiguas que los catalanes no utilizarían hoy en día pero sí encajan en el contexto histórico de la obra.

Para respetar la multiplicidad de voces que caracteriza la obra, el lingüista procuró trasladar los acentos extranjeros, las particularidades del habla (e incluso de la tos) y la diversidad de vulgarismos y expresiones cultas.

También decidió incluir una nota al principio del libro donde introduce las singularidades del sistema nominal ruso y desgrana los nombres, patronímicos, apodos o diminutivos de cada personaje.Para Cabal la mejor parte de traducir son precisamente «estas contradicciones, estas tensiones lingüísticas que son las más complejas a la hora de trabajar» pero que al fin y al cabo son «la gracia» de traducir un texto.

LA ETERNIDAD DE ‘CRIMEN Y CASTIGO’

Cada nueva traducción de un clásico supone una novedosa experiencia literaria, y esta última constituye además una enorme oportunidad de adentrarse en el estilo literario de un autor tan ilustre como Dostoyevski.

El presidente de la editorial que la publica, Raül Garrigasait, recuerda como ‘Crimen y castigo’ fue una de las grandes lecturas de su adolescencia y un descubrimiento de la literatura.

A su parecer, lo extraordinario de esta obra es que cree que cualquier lector en cualquier momento puede relacionarla con su vida.

«Estamos todavía en plena pandemia, una época en que la cuestión sobre el valor y la dignidad de una vida humana ha sido muy importante. (…) Esto es lo que hace la novela de Dostoyevski, ponernos delante de la gran pregunta del valor de la vida, algo universal que interesa a los catalanes porque interesa a la humanidad en general», razona el editor.

‘Crimen y castigo’ nos sumerge en una serie de dilemas éticos y angustias humanas que un siglo y medio después todavía interpelan, conmueven y perturban por su enorme vigencia y modernidad.

Cabal explica en su epílogo que le tocó traducir el mundo ficticio de Dostoyevski mientras el mundo actual «parecía querer dar la razón a Raskólnikov».

Concluye el traductor que durante esta pandemia la humanidad demostró ser capaz «de la bondad más desprendida y de la maldad más mezquina», y en definitiva de «crímenes, castigos y perdones».

Sputnik

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