Un cómic narra la infancia y juventud de Concepción Arenal

La mujer del retrato es obra de Mónica Rodríguez y Teresa Novoa (tataranieta de Concepción).

Inspectora de prisiones, pionera de la lucha por los derechos de las mujeres y de los niños y del trabajo social, cronista de guerra, editora, publicista, escritora, poeta, defensora de la educación… Concepción Arenal (Ferrol, 31 de enero de 1820-Vigo, 4 de febrero de 1893) es una de las personalidades más fascinantes del siglo XIX. Ahora la guionista Mónica Rodríguez (Oviedo, 1969) y la dibujante Teresa Novoa (Madrid, 1955) narran su infancia y juventud (durante las que se formó su carácter) en el apasionante cómic La mujer del retrato (Nórdica cómic).

Lo más curioso del cómic es que Teresa Novoa es tataranieta de Concepción Arenal, aunque el empujón definitivo para hacer el cómic se lo dió Manuela Carmena, que también escribe el prólogo del tebeo. «Contar su vida me rondaba por la cabeza desde hacía tiempo -confiesa Teresa-. Cuando mi hija se leyó La mujer del porvenir (El tratado pionero dle feminismo escrito por Concepción) me sugirió la idea de hacer un cómic sobre su vida. Después conocí a Manuela Carmena, gran conocedora y admiradora de Arenal. Me animó a hacer este proyecto y cambiar esa impresión que transmite su retrato, tan seria y severa, para dar a conocer a la que debió ser en realidad, una mujer inteligente y seria pero muy luchadora, cariñosa y con sentido del humor, tal como refleja en sus escritos. Poco después me mandó un dibujo muy tierno y bonito hecho por ella, de cómo se la imaginaba con sus hijos. Esto me motivó todavía más para hacer este cómic».

Lo normal cuando se habla de grandes personajes es centrarse en sus logros, pero en este cómic han preferido otro enfoque, como nos comenta Mónica: «Siempre me he sentido muy interesada por la infancia y la juventud de las personas. Sin duda es entonces cuando se forja nuestra personalidad. La infancia y la juventud de Concepción Arenal es, además, una época de la que se conoce poco y, por tanto, donde había más espacio para fabular. Por este motivo, le propuse a Teresa que nos centráramos en esta época de su vida».

«Por otra parte, era la forma de llegar a una Concepción Arenal distinta a la que se conoce, esa mujer de moral férrea y gesto adusto -añade-. Queríamos que el lector la viese de niña y de adolescente con toda la intensidad de la juventud, su decisión, sus conflictos y su inteligencia abrumadora. Una niña pelirroja que corre sola con su gran danés por las montañas cántabras. Era también una forma de que los jóvenes se sintieran más atraídos por esta figura que transformó nuestra sociedad poniéndose del lado de los más débiles, dándoles su voz».

Páginas de ‘La mujer del retrato’.

Una niña pelirroja aficionada a la lectura

El cómic comienza con la muerte del padre de Concepción Arenal, que obligó a la familia a regresar a la casa de la abuela en Cantabria, donde la niña (de 9 años) se aficionó al dibujo y a la lectura (siguiendo una educación autodidácta que le permitió aprender mucho más de lo que les estaba permitido a las niñas de la época). 

«Concepción Arenal era, sin duda, una niña de altas capacidades y gran voluntad -asegura mónica-. Fue autodidacta y tuvo la fortuna de haber nacido en una familia culta, con libros, y de haberse rodeado durante toda su vida de grandes figuras, que la valoraron y la ayudaron. Cuando a los 14 años viene a Madrid con su madre y su hermana, asiste a un colegio de señoritas donde la educación de las jóvenes dejaba mucho que desear. Ella decía que la educación de las niñas era el arte de perder el tiempo. Concepción leía y estudiaba por su cuenta, estaba atenta al mundo, reflexionaba y escribía. Más adelante asistió como oyente a la universidad» (es famosa la anécdota de que empezó haciéndolo disfrazada de hombre porque las mujers no podían ir a la universidad)

«Hemos tenido como libro de referencia la biografía de Anna Caballé, Concepción Arenal. La caminante y su sombra -nos cuenta Teresa-. Rigurosamente documentada y muy bien escrita (fue premio Nacional de historia en 2019) cuenta cómo debió ser su vida, su carácter, su mundo, y aporta muchos detalles que han servido a Mónica para escribir un relato inventado, pero siempre ajustado a la realidad. Como dice el subtítulo del cómic es una “historia posible”, nunca sabremos exactamente cómo fue, pero creo que es muy aproximada».

«También -continúa Teresa- nos hemos basado en lo que me ha llegado a través de relatos familiares para dibujar al personaje, a los que la rodean, el ambiente. He recordado mi propia infancia, los veranos con mis hermanas y mis primos Arenal. Jugábamos libres por el monte y, en nuestro caso, también en el mar. Y siempre rodeados de libros. Recuerdo el retrato en todas las casas de mi familia. En casa de mi abuela había una estantería con todas sus obras. A mí me impresionaba mucho tener una antepasada que había escrito tantos libros y se había vestido de hombre para ir a la universidad».

Página de ‘La mujer del retrato’.

Un padre fallecido y una madre con la que nunca se entendió

Otras dos cosas marcaron la infancia de Concepción. La primera, la muerte de su padre: «Por lo que sabemos -nos cuenta Teresa- su padre fue una persona de talante liberal, noble, buena, preocupada por los demás. Lo pasó mal, fue represaliado y perdió su puesto en el ejército. Sufrió mucho y murió en el destierro cuando ella tenía solo 9 años. Concepción debió ser una niña muy inteligente y precoz, y tener un fuerte vínculo con él, porque lo recordó toda su vida. De él aprendió el sentido de la justicia y la empatía con los más desfavorecidos».

La segunda fue la difícil relación que tuvo siempre con su madre, una mujer muy tradicionalista. «Hay que situar esta relación en su contexto -expica Mónica-. Es el siglo XIX donde el papel de las mujeres estaba relegado al de esposas y madres, y su espacio, al privado y doméstico. Concepción no se conformaba con esto, no le interesaba el mundo de las mujeres, tenía grandes inquietudes intelectuales y sociales. Era muy austera vistiendo, en contra de las modas, y quería reflexionar e intervenir en los asuntos públicos para conseguir una sociedad mejor».

«Todas esas ambiciones -añade Mónica- chocaban estrepitosamente con el deseo de su madre de que fuera una señorita, coqueta y dócil, como seguramente fue su hermana Tonina y como se exigía que fueran las mujeres. Quería para ella lo que todas las madres de esa época, que encontrara un buen partido, se casara y le diera nietos. Nada de eso interesaba a la joven Conchita. Además, de alguna manera, yo creo que la culpaba por no seguir fiel a la memoria del padre, a quien Conchita veneraba y echaba tanto de menos».

Página de ‘La mujer del retrato’.

«Denunció injusticias y dio voz a los pobres y los encarcelados»

En el cómic ya se ve la preocupación de una joven Concepción por los más desfavorecidos, a los que dedicaría toda su vida. «Concepción Arenal es una de las mujeres que más ha luchado por los derechos sociales -asegura Mónica-. Dio voz a los marginados en un siglo tan complejo como el XIX, en el que las mujeres estaban relegadas al ámbito familiar. Ella fue capaz de salir de él con su voz y transformar la sociedad. Mejoró las condiciones de los presos, de los orfanatos, denunció la corrupción de las instituciones públicas, construyó viviendas sociales para obreros, defendió los derechos de las mujeres, reflexionó y aportó soluciones para paliar la miseria, rechazó las ejecuciones públicas y la pena de muerte, luchó contra la esclavitud. Durante las guerras carlistas auxilió a los heridos de los dos bandos. Defendió el bien público y durante 14 años publicó la revista quincenal La voz de la caridad donde denunció numerosas injusticias y dio voz a los pobres, los tristes y los encarcelados». 

Destacar la excelente documentación de guionista que vuelve a insistir en la impotancia de la obra de Anna Caballé para el cómic: «Nuestro libro de cabecera fue Concepción Arenal. La caminante y su sombra, la biografía de Anna Caballé, premio nacional de Historia, que es, sin duda, la mejor y más completa biografía sobre ella, rigurosamente documentada y bellamente escrita. Además, durante la escritura de la novela que dio lugar al guion del cómic, yo leí otros artículos, biografías, buceé en la hemeroteca, trabajé con mapas, leí libros del siglo XIX y caminé por las calles de Madrid de la mano de Mesoneros Romanos».

«También – continúa Mónica- Teresa y yo nos dimos un paseo por esas mismas calles por las que había pasado durante su juventud Concepción Arenal: el palacio de Tepa, donde estaba su colegio, la iglesia de San Sebastián, en la que se celebró el funeral de su madre, los cafés de Huertas o el barrio de Lavapiés, con la calle san Cosme y San Damián, donde la madre tenía cuatro de sus cinco casas. Fue un bonito paseo mirando Madrid a través de los siglos. Además, Teresa completó toda esta documentación con fotografías y cuadros de la época, que le ha permitido ambientar de manera tan extraordinaria el libro».

Página de ‘La mujer del retrato’.

Entre Cantabria y Madrid

Destacar también el cariño con el que Teresa recrea esos escenarios en los que transcurrió la infancia de Concepción. «Siempre se la ha relacionado con Galicia porque nació en Ferrol y murió en Vigo, pero los Arenal proceden de Cantabria -asegura la dibujante-. Allí vivió, en casa de su abuela paterna, en Armaño, desde la muerte del padre hasta los 14 años. Disfrutó de la libertad que una niña nada convencional puede tener en una aldea en las montañas, pero también con una interesante biblioteca y familiares que le proporcionaban libros. Cantabria es la libertad, los paseos con su perro por las montañas, la abuela paterna con la que se lleva bien y los libros que le permiten aprender por su cuenta».

«Por el contrario, en Madrid lo pasa mal -añade Teresa-. La mandaron a un colegio de señoritas en el que no aprendía nada que le interesara y donde la criticaban por su manera austera de vestirse y sus modales sencillos. Pero también es en Madrid donde están los intelectuales, las tertulias en los cafés, los teatros y los periódicos. Probablemente su mundo intelectual se ensanchó durante esos años. Y ya adulta vivió muchos años en Madrid».

Página de ‘La mujer del retrato’.

Dibujando a su tatarabuela

Aunque ha ilustrado más de cine libros que le han valido numerosos premios nacionales e internacionales, Teresa confiesa que La mujer del retrato: «Es mi primer cómic. Así que planteé una estructura muy sencilla y muy poco color, algo de verde y su pelo rojo. Los fondos van cambiando en cada capítulo dependiendo de dónde y en qué época del año suceda. Me preocupaba mucho más cómo contar la historia que el estilo».

«Fui construyendo el story a partir del relato de Mónica, que era una novela de casi 180 páginas -añade-. Le iba enviando capítulos para que ella reescribiera el texto hasta dejarlo en un guión. Ha sido un trabajo de ida y vuelta. Hasta el último momento hemos estado modificando texto y dibujo. Es todo digital, si no hubiera sido imposible trabajar así. Empecé dibujando con un pincel grueso para no perderme en detalles y muchos de esos trazos se han mantenido hasta el final. Me planteé hacer creíble el ambiente de la España del sXlX sin entretenerme demasiado en los detalles. Y no sé cómo llamar al estilo resultante, realismo borroso o intuición realista, algo así».

Página de ‘La mujer del retrato’.

¿Contarán la madurez de Concepción?

Tras este estupendo cómic preguntamos a Teresa si les gustaría continuar contando los logros de Concepción Arenal en un segundo cómic: «Tenemos alguna idea para hacer algo relacionado con Arenal, pero no una segunda parte sobre su vida, aunque quién sabe. Ha sido una experiencia muy grata trabajar juntas, nos hemos entendido increíblemente bien, he aprendido mucho de Mónica. Espero que hagamos mas proyectos juntas. En este momento estoy retomando varios proyectos que llevan 2 años esperando en mi estudio. Quizá los publique algún día, como ha ocurrido con La mujer de retrato«.

En cuanto a Mónica: «Aún no tenemos nada concreto, pero sí queremos volver a hacer algo juntas. Hay algunas ideas y queremos seguir aprendiendo y aportando. Hemos congeniado muy bien y creemos que nuestras miradas y nuestros lenguajes juntos suman. Por otra parte, estoy trabajando también con el ilustrador Daniel Piqueras Fisk en un proyecto que incluye narrativa y cómic».

Portada de ‘La mujer del retrato’.

RTVE

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