Ex presidente brasileño Henrique Cardoso dispuesto a votar a Lula para evitar a Bolsonaro

El expresidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), dijo en entrevista exclusiva con Sputnik que espera el surgimiento de un nombre competitivo desde la derecha para las elecciones de 2022, pero si eso no pasa, se plantea la posibilidad de votar al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) con tal de que el actual mandatario, Jair Bolsonaro, no sea reelecto.

Pregunta: Brasil está batiendo récords de muertes por covid-19 y la vacunación no van tan rápido como sería deseable. Me gustaría que hiciera una evaluación de la gestión de Bolsonaro para enfrentar la pandemia.

Respuesta: Realmente la cantidad de personas que se contagian y mueren en la pandemia es grande. Todo el mundo está asustado. «Quédese en casa» ok, pero ¿y el que no tiene casa? ¿O quien tiene una casa precaria? Además no es fácil, en un país tropical, cuidar de la población. La gente sale a la calle, va a la playa, a la plaza pública, y hubo un poco de negligencia del gobierno, que al principio no imaginó que iba a ser tan grave. Quizá no tuvo la iniciativa de decir que la cosa era grave. Es parte del juego, del contexto, pero no es culpa del gobierno, la culpa es del microbio, de las condiciones.

P: Sí, ¿pero no hubo omisión de cierta forma? ¿Ese negacionismo no hizo que la situación empeorase?

R: Fue negativo, claro, creer que no era nada. No es verdad, es una cosa grave. Es mejor prevenir que curar y aquí nosotros no prevenimos. Un país con mucha población, la población andando en la calle, sin casa adecuada. Los que tienen responsabilidad tienen que dar ejemplo. Yo ya no soy nada, pero quien es presidente debería tener una actitud más circunspecta ante lo que está sucediendo. En ese sentido, puedes decir que hay alguna responsabilidad, pero el virus es el virus, el coronavirus, un bichito que nadie ve y ataca. No se sabe cuánto tiempo va a durar esto, probablemente dure y esto tiene un efecto económico negativo. La gente se queda dudando entre la economía y la salud. No puede ser. La salud tiene que estar en primer lugar, sino ¿de qué sirve tener una economía fluida si la salud no existe? Brasil tiene un servicio de salud razonable. Yo hace muchos años que uso el SUS (Sistema Único de Salud, público) ¿Lo uso por qué? ¿Porque fui presidente? No, no es por eso, es porque es bueno. Funciona. Los médicos funcionan, el hospital funciona. Hay un sistema montado, hay que usar el sistema.

P: Ya que hay ese sistema bueno y que Brasil siempre fue una referencia mundial en la vacunación, Brasil podría estar vacunando a mucha más gente de lo que está haciendo hoy. ¿No tiene ninguna queja contra el actual gobierno? ¿No cree que las cosas se podrían estar haciendo mejor, que Brasil podría haber comprado más vacunas un tiempo atrás? Y conectado con eso ya hago la siguiente pregunta: ¿considera que por la actual gestión de la pandemia no hay motivos para pedir un impeachment al presidente Bolsonaro?

R: Hay motivos, sí, porque mucha gente está siendo infectada, los hospitales están llenos, con el sistema que tenemos no tendría que ser así. La responsabilidad de las autoridades públicas existe. Ahora bien, no creo que por eso (por el gobierno) haya un virus. No, el virus está aquí. Es un poco de la cultura brasileña, que es un poco de desorden. Su país (se refiere a Rusia) es más organizado, culturalmente es más obediente que aquí. Aquí el pueblo no obedece. El gobierno se mantuvo en una indecisión, el presidente especialmente, con esa duda. «Ah, es una gripecita». No es una gripecita. Es una enfermedad que mata.

P: Pero entones, ¿cree que hay motivos para abrir un proceso de «impeachment» de Bolsonaro en la Cámara de Diputados?

R: No, yo creo que el «impeachment» es una cuestión complicada. Cuando el gobierno para de funcionar y el pueblo sale a la calle es cuando se produce un «impeachment». No es el caso actual. A mi modo de ver estamos lejos de eso. Espero que el gobierno tenga capacidad de evitar que se llegue al «impeachment». Sería lamentable. No creo que sea el camino para resolver nuestros problemas. El presidente fue elegido. No le voté, todo el mundo lo sabe, pero de cualquier forma creo que no hay razón para el «impeachment».

P: Pero, ¿no hay crimen de responsabilidad? Porque el «impeachment» se hace cuando hay un delito de responsabilidad, eso está en la Constitución. Usted habló del «impeachment» en una situación en que el gobierno ya no avanza y hay un clamor en las calles, pero el requisito que está escrito en la Constitución es el delito de responsabilidad. Entonces usted cree que no hay delito.

R: No, no puedo decir que no haya. Puede ser que aparezca, pero transformar un episodio en «impeachment» implica que haya movimiento en la sociedad: «este gobierno ya no sirve», «el pueblo está protestando» No está habiendo eso. Sin clamor de las calles el «impeachment» es golpe (de Estado). No soy favorable. Es mejor que haya elecciones y si es posible que haya un candidato diferente del actual. Ya fui obligado a votar «impeachment», voté contra el presidente, pero no creo que estemos en ese punto en Brasil, no creo que sea bueno para el país, porque deja marca. Mucha gente creerá que no hubo nada, que fue golpe.

INFLACIÓN

P: Usted tuvo un papel muy importante estabilizando la economía con el «Plan Real», ¿Cómo ve ese regreso de la inflación? La crisis que estamos viviendo, el hambre volviendo a Brasil. ¿Cómo ve la situación económica del país?

R: Cuando yo fui ministro de Economía había una inflación galopante, era una locura, 1000 por ciento al mes, una locura, todos los días subía el precio. Hoy estamos lejos de eso, pero la inflación empieza pequeñita. Hay que prestar atención, tomar las medidas para controlarla. Y básicamente lo que el gobierno puede hacer es controlar el gasto público, está en tu mano controlar el gasto público. El gobierno nunca debe no interesarse por los datos que muestran que la inflación está subiendo. Tiene que hacer alguna cosa.

P: No se puede minimizar.

R: Exacto, hay que actuar. Si no con el tiempo lo que parecía que no era nada se convierte en un problema nacional. Estamos lejos de eso, pero el gobierno tiene que prestar atención. Las señales están empezando a aparecer y no son buenas.

AUTOCRÍTICA

P: Dentro de su partido, el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), hay grandes figuras, como el gobernador de São Paulo, João Doria, que son muy críticos al presidente Bolsonaro. Siempre se habla mucho de la falta de autocrítica del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) en relación a los casos de corrupción, la dificultad en admitir que eso existió. Pero ¿la derecha tradicional no debería hacer autocrítica también por haber ayudado a colocar a Bolsonaro en el poder e incluso por haber entrado en el gobierno, con ministros del PSDB, incluso?

R: Claramente, claramente. Bolsonaro fue elegido porque la mayoría le votó. Yo no le voté, estaba en contra, pero la mayoría le votó y hay una responsabilidad partidaria de quienes apoyaron a Bolsonaro. En general, los empresarios apoyaron a Bolsonaro, tal vez ahora algunos estén desilusionados con él. Pero en política la desilusión que cuenta es la del pueblo. Cuando el pueblo se cansa, ya no aguanta más, ahí se complican mucho las cosas. Los gobernadores en general no dicen todo lo que piensan, todo lo que saben, porque tienen intereses también, tienen que mantener una cierta compostura. Muchos gobernadores creen que Bolsonaro no corresponde a las aspiraciones de buena parte de Brasil, y muchos de ellos son candidatos, pueden ser candidatos. Aún es pronto para saber quién será presidente, se tardará un poco aún. Pero creo que las personas empiezan a posicionarse para ver si su sentimiento coincide con el de la opinión pública.

P: Decía que la desilusión que cuenta es la del pueblo. ¿Cree que la gente empieza a estar cansada de Bolsonaro o aún es pronto para decir eso?

R: Empieza a cansarse sí, porque el desempleo está muy alto. Y aunque el presidente no sea directamente responsable será responsabilizado. A mí me pasó. En un momento de dificultad se apunta al presidente. El presidente no es responsable de todo, pero políticamente será responsabilizado.

P: ¿Cree que esa estrategia de Bolsonaro de pasar toda la responsabilidad a los gobernadores, de decir que están destruyendo la economía (debido a las restricciones que están imponiendo por la pandemia) no va a surtir efecto?

R: No, la gente no se lo cree. Los gobernadores no tienen el control de la parte económica fiscal, de producción. Lo tienen en su estado, pero no en general. Lo que no puede hacer un político es pensar que el pueblo es tonto. No lo es, el pueblo lo descubre. A veces tú no eres personalmente responsable, pero serás responsabilizado por la situación.

P: Hace unos días se habló de una posibilidad que hace unos años parecía de ciencia ficción: un golpe de Estado a raíz de la crisis en la Fuerzas Armadas (FFAA). ¿Existe ese riesgo para la democracia en Brasil con Bolsonaro en el poder?

R: Probablemente creo que no. No por Bolsonaro, que nunca tuvo mucho amor a la democracia, sino por las instituciones y porque al pueblo le ha gustado la libertad. Y las FFAA brasileñas se crearon con respeto a la Constitución. Para cambiar esa cabeza cuesta. Las FFAA tenían otro pensamiento. Cambió el pensamiento de las FFAA. Eso no quiere decir que vaya a ser siempre así, puede de repente haber condiciones que lleven a las FFAA a revisar eso, pero hoy, en este momento, no creo que eso esté a punto de pasar. Creo que está prevaleciendo el respeto a la Constitución. Quien fue elegido fue elegido por el pueblo. ¿El pueblo se equivocó? Hay elecciones dentro de poco, ¡cambia! Yo por lo menos soy bastante institucional, porque viví épocas de dictadura. Viví en la época de Getulio Vargas, que en algunos momentos fue dictador. Fue querido por el pueblo, luego fue malquerido, va variando. Jânio Quadros tenía muchos impulsos, muchos más de los que tiene Bolsonaro hoy y acabó dando un golpe en sí mismo, cayó. No creo que haya riesgo hoy en día. En el mundo hoy no hay razón, a la gente le gustó mucho la libertad. Los medios tienen un papel muy importante. Yo estoy hablando contigo sin inhibición. Digo lo que pienso, en otra época no era así, había que tener cuidado. No creo que estemos en las vísperas de un golpe ni creo que los militares quieran un golpe, quieren que las cosas funcionen.

LULA Y MORO

P: Ya que estamos hablando de instituciones democráticas me gustaría preguntarle por el papel de la Justicia en Brasil en los últimos años. Esta semana el Tribunal Supremo juzgará si Sérgio Moro fue parcial en los procesos contra Lula. ¿Cómo ve el papel de la Justicia en la política contemporánea brasileña?

R: No, la justicia funciona, y porque ella funciona toma decisiones. Algunas tienen aspectos políticos, lo tienen. Si quisiera hacer una crítica…no es responsabilidad directa de los jueces del Supremo, pero ellos tuvieron mucha publicidad, todo sale en los periódicos. Y eso les lleva a tener un papel político, más de lo que me parece razonable. En EEUU nadie sabe lo que hacen. Aquí tenemos el grado de libertad suficiente para impedir que haya un riesgo; en el conjunto, el sistema jurídico funciona.

P: Si esta semana el Supremo decide que Moro fue parcial, ¿se confirmaría esa narrativa del expresidente Lula de que fue víctima de una persecución?

R: La narrativa del presidente Lula es conocida. Él va a decir que fue víctima, pero tiene que responder por otra cuestión: si hubo o no corrupción, si formó parte o no de los procesos de corrupción. Los jueces que los juzgaron creyeron que sí, ahora se anuló el procedimiento. Lula es muy competente políticamente, el intentará decir: «¿lo ves?, ya fui absuelto». No fue absuelto, se anuló el proceso por una cuestión formal. No sé lo que pasará, pero no creo que su situación cambie dramáticamente. Recuperó sus derechos políticos, pero mientras no haya otra condena estará siempre con la espada encima de la cabeza. ¿Hizo alguna cosa equivocada? Si la hizo estará bajo sospecha. Yo no soy juez, menos mal. No me alegro de que Lula sea condenado, pero si es condenado por un motivo real, ¿qué le vamos hacer?

LULA 2022

P: ¿Da por hecha la candidatura de Lula para las elecciones del año que viene?

R: Nunca fui a favor de la candidatura de Lula. Soy presidente de honor de un partido (el PSDB) que está a favor de una candidatura que no tenga compromisos con procesos jurídicos, de corrupción, y que al mismo tiempo sea democrático y mantenga la libertad. El presidente Lula no se puede decir que no haya mantenido la libertad. Él se adaptó a las circunstancias de Brasil, tiene un espíritu muy rápido, se mueve bien.

P: Pero entonces cree que será candidato. No ve esa posibilidad de que en el último minuto renuncie a la candidatura.

R: ¿Renunciar? Nunca vi a Lula renunciar a nada (ríe). Es difícil. Depende de la rapidez de la justicia. Si es candidato, complica mucho, él tiene fuerza. Imagínate un presidente recién elegido, se suspende el proceso mientras esté en el poder. Es complicado. Para un país del porte de Brasil, un presidente «sob judice», bajo la mirada de la justicia…Pero sabe Dios lo que va a pasar.

P: Usted es favorable a una tercera vía, no le gusta ni Bolsonaro ni Lula, pero de momento esa tercera vía está muy difusa y todo parece ir hacia un enfrentamiento entre Bolsonaro y Lula en la segunda vuelta. Si eso ocurre, ¿qué haría? ¿Volvería a votar nulo?

R: No lo sé. Tendría que ver cómo será la campaña, lo que dirán. Ahora bien, yo no voté a Bolsonaro, va contra mi sentimiento, contra mi creencia. Yo creo en las instituciones, en la democracia. Lula respetó las instituciones, no se le puede acusar de haber roto las reglas. No rompió las reglas. Conozco a Lula desde hace muchos años, de cuando era líder sindical. Es conservador desde el punto de vista jurídico, respeta las reglas. Nunca hizo nada frontalmente contra las reglas. Creo que es pronto para saber lo que va a pasar. Creo que aún hay espacio para una candidatura más equilibrada entre esos dos. En Brasil, quien vaya a ser candidato tiene que saber hablar con el pueblo.

P: Pero Lula eso lo hace muy bien y Bolsonaro también, ¿no?

R: Entonces, tienes que tener a alguien competente que hable tan bien como ellos. El electorado no obedece únicamente a intereses. Obedece a creencias también, le gusta la persona o no le gusta. Tiene que haber un candidato que tenga ese tiempo de lenguaje. Yo fui presidente dos veces aquí, elegido por el pueblo. Yo no quería, nunca imaginé ser presidente de la República. Pero luego me acusaban: «ah, pero es profesor, es de la élite, no sabe hablar con el pueblo». Bueno, si no supiera no habría sido elegido. Hay muchas formas de hablar con la gente. Bolsonaro, por ejemplo, conectó con el pueblo porque tenía rabia del PT, de verdad creía en eso. Lula de verdad quería el bien del pueblo. Cada uno tiene unas características.

P: Dentro de su espectro político hay nombres presidenciables, como el gobernador de São Paulo, João Doria, o el gobernador de Rio Grande do Sul, Eduardo Leite, pero usted no parece estar muy convencido de sus posibilidades, quizá porque les falta ese gancho popular. ¿Por qué el gobernador de São Paulo, que es el gran responsable de la vacunación en Brasil, porque él trajo las vacunas, no está capitalizando eso? ¿Por qué su popularidad no despega?

R: No sé si no está capitalizando porque es pronto para saberlo. Yo respeto a quien tuvo votos. El gobernador de São Paulo, como el de Rio Grande do Sul, como todos los gobernadores, tuvieron votos. Doria siempre fue así, que es muy elegante, no sé qué, que no es popular. Hay que respetar. Yo respeto a las personas que son capaces de tener resultados en votos. ¿Será Doria? No lo sé. Yo soy presidente de honor del PSDB, no estoy en el día a día, pero creo que es pronto. Primero hay que ver en el PSDB quién será. Segundo, si en el PSDB habrá alguien competitivo. Los dos, el de São Paulo y el de Rio Grande do Sul fueron competitivos. Ganaron en sus estados. Hay una persona que no ganó en ningún lugar pero que tiene popularidad, (el presentador de televisión) Luciano Huck. Puede ser. Cualquiera de ellos tiene que ser un candidato nacional, salir de la frontera de su estado y ganar el país. O salir de su televisión y ganar el país. Hay tiempo, no mucho, pero aún hay tiempo. Yo me voy a resguardar hasta ver quién yo creo que tiene posibilidades.

P: Si Lula, atento a las tendencias y teniendo en cuenta cómo están las cosas se presenta a las elecciones con un envoltorio más moderado, más de centro, ¿usted sería capaz de votarle?

R: El presidente Lula es moderado. Dice unas cosas pero no hace esas cosas. Y yo no le voté, aunque tengo una relación personal con él. Depende, la política no es una cosa absoluta. Puedo decir: no voy a votar nunca a Bolsonaro porque es de extrema derecha. No sé si es de extrema derecha, parece serlo. En fin, no está en mi horizonte. Preferiría alguien más ligado al PSDB. Si no lo hay, entre Lula y Bolsonaro puedo considerar la hipótesis de Lula. ¿Quiero eso? No quiero eso. ¿Voy a ayudar a que ocurra eso? No, vamos a intentar una tercera solución. La política se hace delante de hechos.

P: Es curioso que diga que Lula es moderado, que no es una persona radical, pero en las últimas elecciones se hablaba mucho de esa «elección difícil», como si Bolsonaro y Fernando Haddad, que me parece que también es una persona bastante razonable, fuesen dos extremos opuestos. ¿Ese discurso no es un poco problemático?

R: Todo en la vida política es problemático. Hay que ver las circunstancias. No hay nada absoluto en política. Puedes tener una inclinación, pero la inclinación se redefine con la situación. La situación se definirá más adelante y yo estoy abierto. Prefiero que sea alguien más ligado a mi partido, claro. Pero si no lo hay, lo que sí puedo decir es que no votaré a Bolsonaro. No puedo decir que vaya a votar a alguien que sea del PT. No voy a cerrar las puertas a votar a alguien solo porque es del PT. Sé que el PT en el poder es más moderado de lo que parece. Tiene una retórica pesada a veces, pero en la práctica van a tener que mirar al pueblo y al crecimiento de Brasil, no se separan esas cosas. Cuando alguien separa esas cosas se complica mucho. Espero que se encuentre a alguien que sea demócrata, que piense en el pueblo y que tenga sentimientos por Brasil.

P: Cree que si Bolsonaro pierde las elecciones, ya sea ante Lula o ante esa tercera vía, ¿entregará la banda presidencial de forma pacífica y tranquila? Vimos lo que pasó en EEUU con (el expresidente Donald) Trump y el discurso del fraude electoral, y Bolsonaro tiene una retórica parecida. ¿Cree que el año electoral puede ser conflictivo?

R: Lo veo poco probable. Será una transición como las que hemos tenido. A unos les gustará, a otros no, pero las instituciones se mantienen. Para hablar con franqueza: dependerá un poco de lo que pase en el mundo. Si el mundo continúa como está, será así. No creo que haya una fuerza en Brasil de «porque ganó fulano vamos hacer el golpe». No. ¿Quién puede ir contra las urnas? Los militares. (Pero) no creo que los militares hagan eso. Conozco su sentimiento. En la época en que fueron más autoritarios fue en función del miedo que había en el mundo. Había miedo a la URSS, a Rusia, al comunismo. Eso ya no existe. Rusia hoy es un país democrático como todos los otros. China está lejos y no es así como se piensa. No produce ese pavor. Antiguamente había pavor porque el mundo occidental se estaba «comunistizando».

P: Sí, pero Bolsonaro aún usa ese discurso anti comunista y en su base le funciona muy bien.

R: Para mí no funciona, para mucha gente como yo no funciona. Es retórica. No creo que las instituciones estén en peligro en Brasil.

AISLAMIENTO INTERNACIONAL

P: Hablemos de la política exterior. Brasil quedó bastante aislado en el escenario internacional. ¿Cómo evalúa estos últimos años?

R: Lo veo con preocupación. La política externa de Brasil tiene una tradición de cooperación, no de enemistades. Y nosotros estamos perdiendo terreno en una cosa que es muy importante en el mundo que es el medio ambiente. Es un tema muy importante, soy muy favorable a la protección del medio ambiente, no estoy a favor de que se destruya la selva amazónica, nunca lo fui. Y no sólo la Amazonía, en general hay que preservar el medio ambiente. Y Brasil siempre fue capaz de conciliar su crecimiento con el medio ambiente. Ahora da la sensación verbal de que estamos en una situación en que no se respeta el medio ambiente. Eso es malo. Nuestra diplomacia siempre fue favorable a la paz y a la preservación del medio ambiente. ¿Dónde tenemos realmente alguna fuerza? En América Latina. Los grandes países pesan: Argentina, México, Chile, Colombia, Perú. Siempre tuvimos una relación buena con esos países porque Brasil nunca fue un país impositivo, nunca lo fue. No nos alejamos propiamente de ese camino, pero la retórica pesa. Aquí dentro no estamos sofocados. El presidente no está deteniendo (a opositores) no lo está haciendo de hecho porque no puede. No puede porque de alguna forma la democracia entró bastante aquí. ¿Es completa? No lo es. Hay problemas, hay que mantener una visión crítica de lo que está sucediendo.

P: ¿Brasil se distanció de los vecinos? El gobierno no vio el Mercosur (Mercado Común del Sur) como una prioridad y en general no dio mucha importancia a otros foros multilaterales, como el BRICS. ¿Cómo ve eso?

R: Siempre fui favorable a que hubiese una mayor conexión con América Latina. Yo hablo español fácilmente, en América Latina me siento en casa. No sé si en la práctica el gobierno no ha demostrado ese sentimiento. Conocí bastante a (el expresidente José) Sarney, fuimos colegas en el Senado. Él hizo una política latinoamericana, eso forma parte de nuestro sistema hace tiempo (…) Tenemos una relación buena con nuestros vecinos. La sensación hoy es que Brasil se aisló de eso y quiso aliarse con EEUU. Yo viví en EEUU, pero no es lo mismo. Somos latinoamericanos. Yo descubrí que existía esa realidad en Europa. Vivía en París en esa época. Mis amigos eran todos latinoamericanos. La forma de sentir, de actuar, es más próxima con otro latino. No quiere decir que tengas animosidad con los otros.

P: Pero ya que habló de esa alianza con EEUU, el gobierno Bolsonaro, más que aliarse con el país se alió con Trump, ¿no? Y cuando Trump salió del poder…

R: (Bolsonaro) se equivocó. Yo no me hago ilusiones. La relación entre Estados es entre Estados. Nuestro estilo era más de convencer que de vencer, pero también sabemos que en la región Brasil puede vencer. Mejor que no sea necesario, que no lo diga. En comparación con otros países vecinos somos más industrializados, pero no hace falta usar ese peso, ellos ya saben que somos así. En vez de usar como argumento su fuerza, usar tu sentimiento, tu razón, es mejor. No podemos imaginar que somos mejor de lo que somos. Podemos necesitar la solidaridad de nuestros vecinos.

P: ¿Cómo ve la relación de Brasil con Rusia y con China y cómo cree que debería ser?

R: Cuanto más próxima mejor. ¿Quién compra nuestros productos? Es China. Necesitamos eso. Fui a China varias veces. China es el otro, Rusia empieza a ser el otro. Tengo familia en Rusia, nadie lo sabe. Mi primo en segundo grado (…) Es importante relacionarse bien con todos los países. Para nosotros es más fácil el mundo latinoamericano y después el mundo occidental, más fácil. El sentimiento del brasileño medio es de desconocimiento, no sabe. Entendiendo la cultura es más fácil.

P: Pero el pueblo puede no saber, pero el canciller de Brasil, como lo era Ernesto Araújo, ¿puede permitirse tener los prejuicios que tenía con determinados países?

R: El canciller no tiene que tener ningún prejuicio. Interés, todos los países tienen el suyo, cada uno defiende el suyo. Ahora bien, el prejuicio me parece un error. Aún más porque el jefe de la diplomacia debe dar un ejemplo de tolerancia, si no vamos a la guerra.

P: ¿El cambio de gobierno en EEUU puede ejercer una presión en el gobierno brasileño para que se tome más en serio la preservación del medio ambiente y frene de verdad la deforestación?

R: Puede, pero lo más importante es que los brasileños se convenzan de que es importante poner un freno a la deforestación. Mi madre nació en Manaos (norte, en la Amazonía). Lo conozco poco (la Amazonía), pero basta sobrevolarla para ver que es una cosa impresionante. Tiene que mantenerse. Eso no quiere decir que no puedas tener la zona franca de Manaos industrializada. Hay que respetar el medio ambiente, eso vale para todo. Respetar no quiere decir que sea intocable, pero hay que tocar con cuidado. Y sobre todo hay que decir que eso es importante. Si no, el resto del mundo que no cuidó de sus recursos nos exigirán a nosotros. Y hacen bien en exigir. No sé cuál será la posición de (el presidente de EEUU, Joe) Biden en EEUU, hay que ver la práctica. Brasil tiene que preocuparse con el pueblo brasileño, hay que preservar el medio ambiente porque es importante para nosotros. La cancillería no puede tener esa dejadez.

P: Un cambio de discurso con el actual ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, parece complicado.

R: Muy complicado, va a crear enemigos.

P: Además es un momento en que el medio ambiente está en el centro de las relaciones internacionales y Brasil es una potencia en eso, podría tener un papel protagonista.

R: Lo que tenemos de importancia en el mundo es porque fuimos capaces de formular una política de protección del medio ambiente y defenderla. ¿Cómo vas a tirar eso por la borda? Es algo realmente criminal, no se puede.

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