Desempleo en Uruguay bajo la pandemia, la amplificación de un duelo

El desempleo es un duelo difícil de superar porque conlleva pérdida de identidad y de vínculos con el entorno, pero en pandemia esta realidad se traduce en un aislamiento mayor, es el encierro dentro del encierro. Muchos uruguayos sufren hoy este drama con impacto amplificado.

Por María José Frías*

«El trabajo es central en la vida social. Un tercio o más de nuestra vida lo ocupamos en nuestro lugar de trabajo, accedemos a bienes y servicios a partir del empleo, al tiempo que nos sentimos útiles socialmente. El impacto de perder el trabajo es enorme y la pandemia lo amplifica», dijo a Sputnik el profesor de Salud Ocupacional de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República del Uruguay (UdelaR), Fernando Tomasina.

Uno de los primeros elementos que enfrenta una persona sin trabajo es la desorganización de sus tiempos vitales, junto con la pérdida del sentido de pertenencia social, un mal que según Tomasina también afecta a quienes se vieron obligados a volcarse hacia el trabajo a distancia.

«El teletrabajo es una formidable herramienta para controlar el covid-19, pero por otro lado nos lleva a un trabajo individualizado, aislado, sin espacios de sociabilización. El eje que significa el empleo y el trabajo en la sociedad es central para el equilibrio de un individuo y si no se resuelve, la expresión final es la depresión», apuntó.

DIFICULTADES DE ACCESO

Uruguay presentó en febrero un índice de desempleo de 11,1 por ciento, un aumento de cuatro décimas en relación a enero, lo que se traduce en 198.000 personas desocupadas en una población de 3,4 millones de habitantes, según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística (INE).

El guarismo más alto durante la pandemia se registró en octubre de 2020, cuando fue de 11,2 por ciento, el mayor desde el año 2006 y muy cercano a la cifra actual.

Para la presidenta de la Sociedad Uruguaya de Psicología Médica y Medicina Psicosocial, Cecilia Durán, «si a la pandemia le sumamos un suceso vital estresante, como es el desempleo, la situación se agrava. La inestabilidad laboral afecta la autoestima y genera miedos, y esa situación con un encierro en las casas, agrava la situación».

Durán, quien además es profesora adjunta del Departamento de Psicología Médica de la UdelaR, señaló a esta agencia que un problema adicional se presenta porque ante la pérdida del empleo, las personas reducen costos y eso implica una mayor dificultad para acceder a los servicios de salud mental.

A eso se suma que la pandemia obligó a llevar la atención psicológica en muchos lugares hacia la teleasistencia y «no todos se adaptan a la virtualidad. Esto es otra limitante, pero la realidad es que uno debe priorizar la vida».

VULNERABILIDAD SOCIAL

En marzo, el diario local El País publicó una encuesta de Opción Consultores en la que el 26 por ciento de los uruguayos manifestó que el desempleo era el principal problema que enfrentaba el país, frente a un 20 por ciento que consideró que lo más grave era la pandemia.

Sin embargo, para el médico psiquiatra Juan Triaca, jefe de la Unidad de Salud Mental del Hospital Maciel, las dos cosas se combinan, aunque las reacciones dependen del «equipamiento psíquico de cada individuo para transitar las crisis».

«Esta situación de reclusión, que es una medida saludable de protección y una forma de poner una barrera a los contagios, conlleva la paradoja de ser un problema porque produce aislamiento, pérdida de libertad y dificultad para sostener los vínculos», comentó a Sputnik.

Esta realidad se agrava si la persona además pierde el empleo, y en particular «si está en una situación de vulnerabilidad psíquica, social y económica».

En el Hospital Maciel, que es público y atiende a los sectores más vulnerables, la implementación del apoyo psicológico mediante videollamadas no siempre es posible.

«Tengo teléfono, pero no tengo saldo», «me robaron el teléfono» o simplemente «lo perdí» son algunas de las respuestas que reciben psiquiatras y psicólogos, que encuentran que ante la crisis «lo primero que surge es el aumento de los consumos, desde la comida hasta el alcohol y la cocaína».

Si bien el sistema público busca dar respuestas, «muchas veces se tienden puentes hacia las personas en sufrimiento, pero no hay canales de derivación adecuados, los servicios de salud están resentidos en su calidad asistencial como consecuencia de la pandemia y ante esta realidad, cuando aparecen personas que por su propia dificultad personal y social están ataditas con alambre, cualquier cosa que pase las desengancha y cuesta volver a reencausarlas».
LLEGAR AL FONDO
Uruguay registra más suicidios que homicidios y muertos en accidentes de tránsito. Por año, en promedio 700 personas se quitan la vida. En 2019, última cifra disponible presentada por el Ministerio de Salud Pública (MSP) hubo 723 suicidios, los homicidios fueron 391 y los fallecidos en accidentes viales 378.

Ese año se superaron los registros de la crisis económica de 2002 y la expectativa de las autoridades es que los datos de 2020 presenten características similares, aunque aumentaron los pedidos de ayuda.

El Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), presentó a fines de febrero un informe sobre las respuestas iniciales de asistencia en salud mental durante los primeros cinco meses de la pandemia por coronavirus (marzo 2020-agosto 2020) y señaló que la Línea VIDA 0800 0767 tuvo un aumento de 321 por ciento de llamadas con respecto al mismo período de 2019.

La psicóloga Cristina Larrobla, doctora en Ciencias Médicas por la Universidad Estatal de Campinas (Brasil, sudeste) e integrante del Grupo de prevención y comprensión de conductas suicidas en el Uruguay de la Universidad de la República, considera que la implicancia psicológica de la pérdida de empleo ha aumentado con el covid-19, al igual que el teletrabajo, lo que a la larga puede llevar a «un boomerang que eleve las tasas de suicidio cuando termine la pandemia».

«La pérdida de empleo implica la pérdida del ámbito de inclusión social y nos obliga transitar un duelo, en un momento en que la calidad de los vínculos cambia por la pandemia», explicó.

Para quienes hacen teletrabajo, «hay una sobreexigencia en el ritmo y en la dinámica» y para quienes pierden el empleo «se cae en la categoría de excluido».

En este sentido, señaló a Sputnik que «las exclusiones sociales tienen que ver con los factores de riesgo frente al suicidio, porque la persona no solo se queda sin trabajo, sino que se suma el estrés de estar confinado en la casa».

Un aspecto que preocupa a la experta es que la perspectiva de que la situación mejore tras la pandemia tiene algunos flancos débiles porque «el retorno no será a la vida que dejamos. No todos vamos a volver al trabajo, y los que lo hagan, no van a encontrar a los mismos compañeros, incluso porque algunos pueden haber fallecido».

La pandemia nos expone a duelos para los que no estuvimos preparados nunca y quienes no tengan herramientas suficientes para hacer frente a esta situación, y demás sumen factores estresores como puede ser el desempleo, tendrán un mayor riesgo de depresión y suicidio, concluyó Larrobla.

*Sputnik

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