Lima y las provincias de Perú otra vez se divorciaron en las urnas

Pasó de nuevo. La capital de Perú quedó perpleja luego de los resultados de la primera vuelta presidencial del 11 de abril al ver que Pedro Castillo, un candidato pequeño de un partido provinciano (Perú Libre, izquierda), se alzó como vencedor. Nadie lo vio venir, al menos en Lima.

Por Sergio Llerena Caballero*

Y decimos que pasó de nuevo porque el divorcio electoral entre la capital y el resto del país tiene un carácter cíclico, además de antiguo. En las presidenciales de 1990, un desconocido hijo de migrantes japoneses resultó ganador a pesar de que en Lima, donde Mario Vargas Llosa era el favorito, pocos lo tomaban en serio. Esa persona fue Alberto Fujimori y se quedó diez años en el poder.

En 2006, la primera vuelta dio como ganador al militar Ollanta Humala, un candidato que arrasó en provincias. Lima, con el expresidente Alan García como su candidato preferido junto a la derechista Lourdes Flores, miró con asombro cuán diferente era su voto frente al del resto del país. Al final resultó ganador García en segunda vuelta.

En 2021, el fenómeno fue muy parecido. A dos semanas de las elecciones, Castillo era un personaje casi folclórico para el electorado limeño. Y aunque algunos sondeos ya reportaban un incremento de su voto en provincias, los medios de la capital le daban muy poca cobertura mientras se concentraban en los candidatos que Lima prefería y que, al final, alcanzaron porcentajes pobres o casi inexistentes en el conteo oficial.

HABLA EL INTERIOR

Si uno mira el mapa electoral peruano tras la primera vuelta, es impresionante la cantidad de departamentos en los que Castillo ganó (17 de 24 existentes); los demás se inclinaron mayoritariamente, aunque no exclusivamente, hacia Keiko Fujimori de Fuerza Popular (derecha populista), mientras que en la ciudad de Lima, y solamente ahí, resultó vencedor Hernando de Soto de Avanza País (derecha liberal).

La ciudad de Lima, al albergar a cerca de un tercio de la población con 11 millones de habitantes, es el bolsón electoral más preciado, pero se ve que no basta ganar en la capital para asegurar una victoria en primera o siquiera un paso a la segunda: De Soto quedó cuarto en el conteo oficial y pasaron a segunda vuelta Castillo y Fujimori.

Nelson Manrique es historiador y sociólogo peruano, catedrático en la Universidad Católica de Lima y comentarista de la realidad política del país. En diálogo con Sputnik, Manrique apunta el carácter rural de la mayoría de departamentos del interior, una realidad que contrasta con el carácter urbano de la capital, y que podría explicar el divorcio entre Lima y el resto del Perú.

«Creo que los problemas que se perciben en Lima son distintos de los que se perciben en las provincias, en las zonas rurales; no hay una sintonía de muchas propuestas electorales con lo que necesita la población indígena o campesina», sostiene el sociólogo.

El centralismo en Perú, que ha hecho popular el dicho local que reza que «el Perú es Lima», agrava el divorcio entre la capital y los departamentos de los Andes o la Amazonía en especial. A diferencia de las zonas rurales provincianas, el votante de Lima tiene algunos problemas resueltos que para el votante de interior son deudas pendientes de un Estado ineficiente.

LIMA DERECHISTA

Según Manrique, la instalación del modelo neoliberal actual y que impulsó Alberto Fujimori desde la década de los 90, explicaría en buena parte otro fenómeno que en esta elección se ha visto con mayor claridad: la capital tiende a preferir candidatos de derecha, mientras que las provincias tienden a la izquierda.

«El que Lima prefiera candidatos de derecha creo que es una consecuencia del éxito del modelo neoliberal, individualista, algo que no era así antes de 1990 cuando se creía que las soluciones estaban en la organizaciones colectivas», explica el historiador.

Desde luego, el «éxito» del modelo neoliberal debe entenderse como algo que ha beneficiado a la capital, pero que difícilmente se refleja en las provincias donde la brecha de desigualdad son profundas.

En cierta manera, la permanencia del status quo es algo que apoyarán los habitantes de la capital en su mayoría porque les es relevante, mientras que propuestas que apuntan a un cambio radical como la de Castillo, que propugna una suerte de refundación de Estado mediante una nueva Constitución y un modelo estatista, siempre serán seductoras para los olvidados y menos favorecidos.

Pese a que el divorcio entre Lima y el resto del país es algo conocido y reconocido por los propios limeños, según Manrique parece muy improbable que esto vaya a cambiar si la capital no sabe leer lo que, a través de su voto, está pidiendo el resto del país, o si el capitalino no reconoce al provinciano como un igual, un gesto que es vital para la construcción de una verdadera democracia.

*Sputnik

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