EDITORIAL.- Manipulación de conciencias

Que los valores de nuestros antepasados han desaparecido, no es ninguna novedad, y ello es así porque de forma progresiva la sociedad moderna ha transmutado el ámbito familiar, como marco de referencia para enfrentar el mundo, alienando al individuo a través de los medios de comunicación de masas, inmovilizando al sujeto e impidiendo que su capacidad de raciocinio se despliegue con carácter crítico hacia la sociedad y oponerse así al sistema capitalista. Para Herbert Marcuse, filósofo alemán, en su ensayo “El Hombre Unidimensional”, la sociedad industrial avanzada crea falsas necesidades para someter al individuo al sistema de producción y consumo existente, se fabrican sus anhelos, sueños y valores, mediante una potente campaña de marketing a la que resulta difícil sustraerse.

Y es que, con frecuencia, ya sea mediante el cine, la televisión, etc., nos vemos inmersos en una implacable campaña consumista para parecernos a determinados estereotipos. Es el pueblo adormecido por el sistema el que lo eterniza inmerso en los desvalores que desde el gran imperio trasladan a las conciencias en su gran carrera globalizadora.

Desde la ética a la estética que nos imponen desde allí, con pensamientos prefabricados,  y  conductas derivadas de ese Think Tank que se proyecta desde una indigesta gastronomía, festividades paganas en las que todo vale;  violencia a destajo, sexo encaminado a la exclusiva genitalidad; el “sueño”  americano –con su monopoly-, las grandes mentiras del imperio, hasta  la dictadura de los mercados. En definitiva, los intereses de un orden económico salvaje que ahora sobre pone las ganancias de las grandes empresas, a la salud pública; los intereses de las multinacionales y el insano consumo impuesto como forma de vida a la lucha contra el cambio climático que exige precisamente otro modelo económicom, antagónico a la economía de mercado.

El planeta está enfermo por la dinámica consumista las clases populares sufren también las consecuencia, que se agravan en la actualidad con una pandemia que engorda los bolsillos de las farmacéuticas y la de los gigantes digitales.

Wilhelm Reich, médico y pensador alemán alcanzó la conclusión de que el capitalismo es incompatible con la salud mental de la población, que sólo se podrá lograr de la mano de la abolición de la sociedad de clases.

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