La nueva joya de la agroindustria boliviana se llama Tannat

Hay una bodega en Bolivia que se precia de producir un vino Tannat de extraordinaria calidad, tal vez uno de los mejores del continente y hasta del mundo, según sus ejecutivos, luego de apenas dos décadas de cultivo de esa variedad de uva en tierras altas.

«La altitud sobre el nivel del mar y la latitud, con todo lo que implican, son los factores clave, a los que sumamos una pasión que no es solo familiar sino regional por esta industria», dijo a Sputnik Gerardo Aguirre, enólogo y jefe de exportaciones de la bodega Aranjuez, ubicada en Tarija (sur), capital del departamento homónimo al sur de Bolivia.

Esta marca es considerada introductora en Bolivia de la cepa Tannat, francesa de origen y con rango de producto de identidad de Uruguay, uno de sus mayores productores mundiales, que parece haber encontrado un nuevo hogar en los andes bolivianos.

En una industria de vinos todavía incipiente como la boliviana, los vinos Tannat han ganado rápidamente prestigio y popularidad desde que comenzaron a producirse localmente a principios de siglo y particularmente en el último quinquenio en que lograron reconocimiento internacional, también en Uruguay.

«Cuando una persona se expone a rayos ultravioletas, la piel produce pigmentos de protección. Igual, la planta de uva expuesta a rayos ultravioletas en condiciones de alta concentración en la altura envía pigmentos de color que generan en los frutos cáscaras más gruesas, más coloreadas, con taninos más suaves y mucho más resveratrol que en otras regiones», explicó Aguirre.

El resveratrol es un antioxidante poderoso a causa del cual se atribuye tradicionalmente a los vinos tintos sus atributos de estabilizante de la salud y de factor de longevidad.

El resultado es un vino de características únicas, aseguró.

NUEVOS MERCADOS

El éxito de Aranjuez, seguido por otros productores industriales y artesanales, llevó a la cepa Tannat a convertirse en la última década en la variedad de uva más plantada en Bolivia, donde los cultivos suman unas 3.500 hectáreas, una superficie ínfima en términos internacionales, lo que no impide que los tarijeños sueñen con los mercados mundiales.

A esos mercados, en particular Estados Unidos, ha comenzado a llegar el Tannat boliviano, que tiene ahora en la mira al mercado de Rusia.

Los números son todavía pequeños. Unas 150.000 botellas de vinos de Aranjuez, poco menos de 5 por ciento de la producción anual de la bodega, fueron enviadas en el último año a Estados Unidos y lo que se podría exportar a Rusia es aún una incógnita.

«Lo importante es que hay demanda para esta industria, empezando por el mercado local que todavía está insatisfecho», con un consumo per cápita anual de apenas dos litros, mientras que en vecinos como Argentina llega a casi 30 litros, dijo Aguirre.

RAREZA COMPETITIVA

Según el experto, la industria del vino debería explotar primero su carácter de rareza como factor de competitividad a nivel internacional.

«En Estados Unidos, por ejemplo, tienen de Bolivia un concepto andino, marcado por altas montañas y tierras muy agrestes; les llama mucho la atención que se pueda producir vinos de muy buena calidad en un país de semejantes características, con viñas a 2.000 metros sobre el nivel del mar, mediterráneo, y con una topografía que resulta muy extraña comparada con la de los países tradicionalmente vineros», afirmó.

Estas diferencias, añadió, «constituyen lo raro que Bolivia está comenzando a explotar en este sector, porque cuando se prueba un vino de altura boliviano el consumidor, experto o no, se lleva la sorpresa de un buen vino, impecablemente elaborado».

El Tannat producido en Bolivia presenta un carácter menos agresivo en comparación con similares de otros países, debido a que tiene mucho más resveratrol.

«Los vinos Tannat de Tarija son los que tienen más resveratrol en el mundo. Entiendo que no hay estudios definitivos, pero puedo decir por propia experiencia que tomando de este vino una copa al día podemos mantener una buena salud y alejar el envejecimiento», aseguró Aguirre.

Tarija tiene además la ventaja del bajo costo en la producción.

«Hemos ganado los más grandes premios internacionales con un Tannat que vendemos a 8 dólares la botella, un precio que es una pequeña fracción de lo que cuestan los Tannat de otras partes», dijo.

Señaló que la suavidad de los taninos en las uvas Tannat de Tarija permite crear un vino robusto, delicado y menos agresivo.

Sputnik

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