Los desembarcos de migrantes vuelven a convertirse en un problema político en Italia

El desembarco de miles de migrantes en los últimos días pone en jaque los centros de acogida de la isla de Lampedusa y provoca una reacción furibunda de la derecha italiana que exige medidas urgentes para frenar la “invasión”.

Por Aleksandr Dunáev*

Unas 9.000 personas en los primeros cuatro meses del año y otras 3.000 desde principios de mayo. En 2021 la cifra de migrantes desembarcados en Italia aún está muy lejos de los niveles récord de 2015, pero ya supera con creces la de los respectivos periodos de los dos años anteriores.

MIGRANTES ENTRE EL MAR Y LA ISLA DE LAMPEDUSA

Según comunica la ONG Alarm Phone en su cuenta de Twitter, hay “93 personas en peligro cerca de Lampedusa. Anoche nos llamó un barco al sur de Lampedusa. Las autoridades, informadas, abandonaron a la gente toda la noche”. Otras embarcaciones, concentradas en las aguas territoriales maltesas, están en una situación desesperada sin gasolina, comida y agua.

También ocurren episodios trágicos, como el de un bote que hace unos días se volcó en el mar abierto cerca de Libia, dejando a cinco muertos, entre ellos un niño, mientras los demás náufragos fueron rescatados por barcos pesqueros. Teniendo en cuenta que en el Mediterráneo Central ahora no hay barcos capaces de prestar socorro a los botes con migrantes a bordo, existe el riesgo de que el número de las víctimas aumente.

Mientras tanto, en Lampedusa, el principal punto de entrada en Italia para los migrantes, la situación se agrava rápidamente. Este domingo por la mañana el alcalde de la isla, Salvatore Martello, aseguraba que la situación estaba bajo control y los recién llegados se estaban trasladando a varios transbordadores para pasar la cuarentena obligatoria.

Sin embargo, con más de 2.000 migrantes que desembarcaron entre el domingo y el lunes, los centros de acogida de la isla, donde hay sitio solo para 250 personas, ya están desbordados. Además, siendo favorables las condiciones meteorológicas en el Mediterráneo, se puede suponer que en los próximos días y semanas los desembarcos continuarán.

Todo esto no debería ser una sorpresa. Ya a mediados de abril el alto comisionado de la ONU para los refugiados, Filippo Grandi, advertía del riesgo de que “con el verano los flujos migratorios desde Libia se reanuden” e instaba a Italia y otros países a prepararse a situaciones de emergencias.

De hecho, las autoridades italianas preveían un aumento de prófugos, con lo cual el 20 de abril la ministra del Interior, Luciana Lamorgese, visitó Libia y Túnez, los dos principales puntos de salida de migrantes hacia Italia. Según el diario L’Avvenire, se estaba preparando un corredor humanitario para trasladar a Italia “un número significativo de migrantes”.

LA DERECHA SE MOVILIZA

Con el incremento de desembarcos, la cuestión de migrantes no tardó en convertirse en fuente de tensión política. La oposición de derecha no perdió la ocasión para atacar el Gobierno.

“Además de controlar a los que llegan en avión desde países de riesgo, también hay que bloquear los barcos y botes, por respeto a los italianos y a los sacrificios” que hicieron durante la emergencia del coronavirus, escribía ya el 1 de mayo en su cuenta de Facebook Matteo Salvini, líder de la Liga, el mayor partido de derecha del país.

El partido Fratelli d’Italia fue más lejos. El jefe del grupo en el Senado, Luca Ciriani, echó toda la responsabilidad de lo que está ocurriendo en Lampedusa a la ministra Lamorgese, tachándola de “claramente inadecuada para hacer frente a lo que es una invasión real”.

En cuanto a las posibles soluciones, la derecha lo tiene muy claro: en palabras de Giorgia Meloni, líder de Fratelli D’Italia, “no queremos acostumbrarnos a este tipo de noticias. Hay que parar la inmigración clandestina (…) seguimos pidiendo a la ministra Lamorgese un bloqueo naval inmediato”.

Sin embargo, para el alcalde de Lampedusa estas propuestas no son más que eslóganes políticos lanzados por personas que no conocen la situación real. El bloqueo naval simplemente «no es factible, a no ser que se anuncie que quien se acerque a las costas italiana será golpeado y hundido”.

ESPERANDO A LA UE

Ahora que la avalancha ha empezado, el Gobierno tiene pocos instrumentos para frenarla.

La inestabilidad crónica en los países del Sahel y en Libia aseguran un flujo humano constante y poco controlable hacia las costas del Mediterráneo. Tampoco ayuda la actitud de Malta que no responde a las solicitudes de socorro de los migrantes y los obliga a trasladarse hacia las aguas italianas.

Por lo tanto, Italia cuenta con la cooperación de la UE. De hecho, la ministra Lamorgese espera poder reactivar el acuerdo de Malta de 2019 que preveía la recolocación de los refugiados desembarcados en los países mediterráneos a otros miembros de la UE.

El problema es que ahora, cuando aún no ha terminado la emergencia covid, la UE está concentrada en otros problemas y demuestra muy poca disponibilidad para colaborar, con lo cual es muy probable que las solicitudes de Roma se queden sin respuesta.

De ser así, en Italia el aflujo de los migrantes volverá a amenazar la estabilidad del Gobierno y, al mismo tiempo, aumentará la popularidad de los partidos de derecha, los cuales, según las encuestas, ya gozan de un amplio apoyo.

*Sputnik

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