10 años del 15M: las claves de un movimiento ‘indignado’ que cuestionó todo el sistema

En un contexto de crisis económica y descrédito político, los indignados dijeron «basta» y se organizaron.

Pusieron sobre la mesa cuestiones como el feminismo o los desahucios y fue el inicio de la ruptura del bipartidismo.

“Lo llaman democracia y no lo es”. “No nos representan”. Hace ya diez años que una parte de la sociedad española dijo ‘basta’ y dio un toque de atención a un sistema imperfecto, a sus «abusos» y a sus «vergüenzas». Cuando la crisis económica de 2008 seguía aún haciendo graves estragos, miles de personas comenzaron a tomar las calles de toda España hartos de que siempre primasen los intereses de la banca, indignados contra los dos partidos instaurados en el poder que no agachaban la cabeza ante los graves casos de corrupción.

El Movimiento 15M fue un grito desesperado de los de ‘abajo’ contra los privilegios de unos pocos. Y aquel grito planteó que las cosas debían cambiar. Algunas cambiaron. El bipartidismo ha muerto en estos diez años y el código ético de la política es ahora más exigente. Pero, sobre todo, los ‘indignados’ demostraron el poder de la fuerza colectiva. El 15M, por fin, devolvió al primer plano la voz de aquellos que sentían que hacía mucho que no eran escuchados.

El contexto: paro, desahucios, recortes y corrupción

España había cerrado el primer trimestre de 2011 con un 21,08% de paro, según la EPA. La peor parte se la llevaban los jóvenes: casi la mitad (un 48,7% aquel año, según Eurostat) no tenía trabajo. Muchos inquilinos y propietarios no podían pagar el alquiler o las cuotas de la hipoteca y los desahucios marcaron aquel año un récord histórico entonces con 58.241, un 22% más que en 2010.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero llevaba más de un año aplicando recortes para reducir la deuda y cumplir con Bruselas, entre ellos, la congelación de las pensiones, una bajada del sueldo de los funcionarios y subidas de impuestos. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, entre 2011 y 2012 el porcentaje de hogares españoles que manifestaba tener problemas financieros para llegar a fin de mes creció desde el 10,6% al 13,% y el que admitía tener problemas para hacer frente a gastos imprevistos llegó hasta el 41% desde el 37% previo.

“El contexto de la época era de pura desesperanza, de que estábamos tocando fondo y la sensación de los jóvenes era que no tenían futuro. También para las personas mayores esa idea era terrible, la de dejar a sus hijos un futuro mucho peor, eso era inasumible”, explica a RTVE.es la socióloga y profesora de la UC3M Begoña Marugán, quien resume el malestar en: “Los políticos y los banqueros nos están estafando”.

Las elecciones autonómicas y municipales estaban a la vuelta de la esquina, el 22 de mayo. Los casos de corrupción eran incontables pero, aún así, el PSOE y el PP llevaban a más de 100 imputados en sus listas y eso no parecía suponerles un problema. El líder del PP, Mariano Rajoy, hacía campaña por Francisco Camps en la Comunidad Valenciana pese a su imputación por el llamado caso de los trajes -del que posteriormente fue absuelto-. Mientras tanto, en la calle, la preocupación por la clase política y los partidos políticos (un 22%) se mantenía en tercer lugar, por detrás del paro y los problemas de índole económica, según el CIS de ese mes.

“Había un descrédito muy importante del PP por la corrupción y cierta decepción en relación al PSOE porque empiezan las políticas de recortes en una especie de traición a todo un espíritu y programa social”, señala el sociólogo y profesor de la Universidad Ramon Llul Jordi Busquets. «La gente se preguntaba de qué manera se rescata a los bancos si la gente no tiene para llegar a fin de mes y los políticos no hacen nada», añade la directora de la Escuela de Gobierno de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Paloma Román.

15M - Diez años de un movimiento que trascendió generaciones
Diez años del 15M, un movimiento que trascendió generaciones.

Estallido social: manifestación, acampada y expansión por España

La socióloga de la Universidad Complutense de Madrid Begoña Marugán recuerda protestas de estudiantes ya antes del 15M. “Hubo una manifestación en la universidad y fui con mi alumnado. Los jóvenes decían ‘no tenemos futuro, trabajo ni casa’, pero había un lema final que decía: ‘pero no tenemos miedo’. Aquella idea me pareció tremendamente poderosa”, señala.

En los últimos meses, habían nacido algunas plataformas como ‘Juventud sin futuro’, ‘No les votes’ o ‘Democracia Real Ya’. Esta última convocó una manifestación el 15 de mayo, que concluyó de madrugada en la madrileña Puerta del Sol. Pero fue desalojada por los antidisturbios. Para Marugán, aquello significó “un efecto llamada”. “La gente pensaba: ¿Por qué tratáis así a gente que se manifiesta pacíficamente, cuando además estamos hartos?”, expone. Aquel desalojo dio lugar a una protesta social con multitudinarias manifestaciones los días posteriores y la llamada “acampada” en Sol.

Movilización en Sol junto a la acampada del 15M
Movilización en Sol junto a la acampada del 15M.

Pronto, las protestas se extendieron por el resto de España y se prolongaron en el tiempo con lemas que se hicieron populares como estos: “No hay pan para tanto chorizo”. “PSOE y PP la misma mierda es”. «No somos mercancía de políticos y banqueros». “No somos antisistema, el sistema es antinosotros”. “Nietos en paro, abuelos trabajando”. «Entre capullos y gaviotas nos han tomado por idiotas». «No falta dinero, sobran ladrones». «No es una crisis, es el sistema». «Me sobra mes a final de sueldo». Pero el más gritado, el “no nos representan”.

“El 15M es la eclosión del ‘hasta aquí hemos llegado’, el poder lo tenemos nosotros y nosotros podemos cambiar las cosas”, explica la experta en Ciencias Políticas de la Universidad de Granada, Giselle García Hipola. “Representó el hartazgo y una respuesta absoluta a la desafección política, un sentimiento que se fragua en los últimos años por el descrédito y la crisis de confianza en las instituciones públicas pero no surge de un día para otro”.

Un 15M heterogéneo: feminismo, movimiento antidesahucios o ecologismo

En paralelo a las manifestaciones, en plazas de todo el país se fueron creando grupos de trabajo sobre distintas cuestiones. Todo estaba abierto a quien quisiera participar. “Por ejemplo, ‘Feminismo Sol’ tenía un punto de trabajo y además un punto de información, se organizaban actividades constantemente. Había una actividad frenética y siempre había alguien que te recibía”, explica Marugán. Por la tarde, se celebraban multitudinarias asambleas. Poco a poco, la participación acabó aumentando tanto que los grupos fueron descentralizándose a calles y plazas aledañas y, después, a los barrios, coordinándose con otros grupos de la zona, prosigue la socióloga.

“El 15M fue muy importante para el movimiento feminista, un punto interesantísimo porque languidecía y el 15M volvió a recuperarlo y a colocarlo en la agenda pública y política, con aspectos tan importantes como los cuidados”, prosigue la experta. “Pero el elemento ecologista fue otro de los elementos fundamentales para muchas personas que participaron en el 15M”, añade. El movimiento contra los desahucios con organizaciones como la PAH o ‘Stop Desahucios’ también tuvo una actividad frenética, destaca.

Los movimientos antidesahucios, muy activos y presentes el 15M
Los movimientos antidesahucios, muy activos y presentes el 15M.

Román define a los integrantes del 15M como “un grupo muy heterogéneo: no había un patrón sino personas jóvenes sacudidas por la precariedad y el paro. Pero también los abuelos, los famosos ‘yayoflautas’ que estaban sosteniendo a la mayoría de la población con sus pensiones. Es un cruce transversal de esa indignación en una situación en la que solo se pasa mal y no se ven expectativas de futuro. Todas las personas que se manifestaban tenían eso en común. Y a eso se añadía un cuanto más seamos quejándonos, más probable será que nos hagan caso”.

“En su propia dinámica, el 15M fue una organización más propia en términos anarquistas o anarcosindicalistas. No había cúpula ni dirección, era un movimiento asambleario, una organización horizontal y no vertical como estamos acostumbrados y eso fomentó que fuera un movimiento tan participativo”, explica García Hipola.

La movilización en redes sociales y ocupación del espacio virtual

“Para explicar el 15M es importante destacar la existencia de las redes sociales. Al mismo tiempo que se daba esta ocupación del espacio público, había una ocupación del espacio virtual, se dio un uso de redes sociales como elemento aglutinador”, expone Busquets, quien destaca que aquella exposición de todo lo que ocurría en internet no solo amplificaba los mensajes, sino que restaba “opacidad” a todo lo que pudiera ocurrir. El 15M inaugura una nueva etapa en la que los movimientos sociales usan de forma intensiva las redes sociales”, añade.

La Fundación Telefónica realizó un estudio sobre la evolución en Twitter de ‘hástags’ o etiquetas relacionadas con el 15M, siendo las predominantes #acampadasol, #spanishrevolution, #15m, #nolesvotes y #democraciarealya, aunque hubo otras muchas como #nolesvotes, #tomalacalle, #nonosvamos, #notenemosmiedo o #yeswecamp. Etiquetas que se dispararon los días posteriores al 15 de mayo.

Los indignados tomaron la plaza y las redes sociales
Los indignados tomaron la plaza y las redes sociales.

Toda aquella movilización física y virtual tuvo un enorme eco en portadas de periódicos de todo el mundo, con análisis sobre los ‘indignados’ españoles. Busquets cree que aquel ‘movimiento indignado’ se convirtió en un referente internacional y sirvió como ejemplo para otros que vinieron posteriormente como el llamado ‘Occupy Wall Street’ unos meses más tarde en Estados Unidos.

Un punto de inflexión en la política: ruptura del bipartidismo y nacimiento de Podemos

El 15M no tenía siglas, no estaba vinculado a ningún partido, pero “era profundamente político porque se denunciaba que la democracia no era esto, no era votar cada cuatro años sino participar de ella”, expone García Hipola. Para Román, suponía además “un órdago al sistema hasta ese momento, al bipartidismo famoso” y a sus fallos: “lo que se cuestionaba no era tanto la democracia sino el funcionamiento del sistema, que era excluyente. Estaban los de siempre en el poder y los demás no tenían posibilidades de que sus voces se oyeran”.

El 15M, considera Román, “es muy importante para la irrupción de fuerzas políticas más allá de las clásicas”, no solo Podemos, dice, sino también para que Cs diera el salto de Cataluña a la política nacional.

Podemos sí nació tras el 15M, ya en 2014. Sus fundadores e integrantes habían participado activamente del movimiento indignado y ya tenían formación política. Pero Marugán, y en esto coinciden otros expertos, cree “exagerado” decir que el 15M es Podemos: “Fue un trampolín, una condición necesaria pero no suficiente para que todo confluyera”. “Podemos hizo una apropiación de lo que fue el 15M. Fueron hábiles, vieron un nicho de mercado y una oportunidad”, afirma García Hipola, aunque añade: “Ellos nacen del 15M pero no lo son”.

El movimiento indignado también se “canalizó” en la corriente del municipalismo o los llamados ‘ayuntamientos del cambio’ en varias ciudades españolas en las elecciones de 2015, como demostraron la victoria de Manuela Carmena en Madrid y de Ada Colau en Barcelona, añade Busquets. “Llegaron aupadas por esa ola de apertura a personas que no eran políticas o no políticas profesionales sino ciudadanas que se encuentran ante el momento y la ocasión de poder cambiar una situación que no les gusta. Y el hecho de hacerlo en ciudades grandes como Madrid o Barcelona fue una lección tremenda que viene arrastrada por esta liberalización de la participación política que ocurrió con el 15M”, coincide Román.

Pero además, prosigue la politóloga de la UCM, el 15M “afectó de forma muy clara a los partidos convencionales”, PSOE y PP, que “empezaron a absorber parte del discurso de queja e incluso a incorporarlo a sus proyectos; han aprendido a sacar lecciones de aquella situación de denuncia y han incorporado sus reivindicaciones”.

Con todo, ¿qué supuso el 15M?

“El 15M no llegó a tambalear las instituciones del Estado ni el sistema democrático. La vocación del movimiento no estaba muy articulada, más allá de la propia protesta”, expone García Hipola, aunque destaca “que en estos diez años hayan surgido todos esos portales de transparencia o que los políticos publiquen sus declaraciones de la renta es algo que antes era impensable”. Busquets también coincide en que el movimiento “fue un toque de alerta a la democracia, pero no logró lo que pretendía, remover las bases de la democracia española”.

Para Román, el 15M “dejó presente una pulsión de denuncia, de queja, del planteamiento de demandas en cualquier momento y cualquier lugar y demostró que se pueden poner en riesgo o ser una amenaza a los partidos políticos. Ha quedado esa sociedad más demandante, más crítica y más militante respecto a las demandas no atendidas”.

“El 15M formó políticamente a toda una generación y creó una esperanza en la posibilidad de la asociación colectiva”. “Abrió la posibilidad a la vida pública y, después, a la vida política y creó una nueva generación de políticos”, considera Marugán, para quien el 15M «fue un movimiento constituyente de esperanza en la posibilidad de transformación y de sobrevivir en un mundo terriblemente duro a partir de la forma comunitaria».

RTVE

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