Sol recupera el espíritu del 15-M por un día

La Puerta del Sol de Madrid revivió este sábado el espíritu del 15-M, aunque en una versión reducida, sólo por unas horas, y con la ultraderecha manifestándose a pocos metros.

Por Daniel Martín*

Con motivo del décimo aniversario del ciclo de movilizaciones que arrancó 15 de mayo de 2011, algunos de los colectivos convocantes de esa protesta volvieron a lugar en el que nació el movimiento que sacudió los cimientos políticos de España.

Esta vez, en plena pandemia, y en un momento político muy diferente, la asistencia fue minúscula comparada con la de hace una década, pero los varios centenares de personas reunidas frente a ‘la ballena’ de Sol –como se conoce a una de las salidas de metro de la plaza– se lo tomaron en serio.

Las escenas vistas este sábado recuerdan al 15-M más primario, al asambleario, al de las acampadas en las plazas y el interminable desfile de activistas por micrófonos abiertos para exponer sus preocupaciones ante un público que, si está de acuerdo, responde con un aplauso sordo, agitando sus manos en el aire.

Una mujer reparte panfletos, un grupo recoge firmas contra la destrucción del Mar Menor, decenas de personas ondean banderas de Palestina, activistas contra el sinhogarismo revisan sus apuntes de pronunciar un discurso ante la plaza y otros simplemente se sientan en el suelo a escuchar.

Es el 15-M previo a Podemos, el partido antiausteridad que con Pablo Iglesias a la cabeza quiso institucionalizar la representación de ‘los indignados’, que es como se llamó popularmente a quienes salieron en 2011 la calle bajo el lema de «no somos mercancía en manos de políticos y banqueros», señalados entonces por la ciudadanía como los responsables de la crisis económica y su pésima gestión.

Con sus altos y bajos, Podemos supo utilizar ese trampolín para llegar hasta el Gobierno, pero algunos de los activistas recuerdan que legado del movimiento «quincemayista» va más allá de lo institucional.

«En un determinado momento el 15-M saltó a la arena partidista, pero en estos diez años también se ha creado mucho tejido social, se han hecho muchas movilizaciones y se han creado muchas plataformas asociativas en los barrios», narra José, miembro de la asamblea Sierra Norte de Madrid.

Este activista, que estuvo en la primera manifestación de los indignados, recuerda que el 15-M nació como «un movimiento apartidista, pero no apolítico» y por ello su legado va más allá de los logros y fracasos de Podemos, entre los que, no obstante, incluye «el fin del bipartidismo» en España..

«El nacimiento de Podemos fue una parte del movimiento, pero no todo. Parece que los nuevos partidos se lo han comido todo, pero otros reivindicamos la herencia más asamblearia del 15-M», añade.

Una de las grandes diferencias con el 15-M original es que, por aquel entonces, el movimiento atraía a mucha gente joven. En el décimo aniversario el protagonismo es de los ‘yayoflautas’, gente mayor que vive un sábado de protesta más tras mantenerse en los últimos años en primera línea de movilización, abanderando la protesta por la memoria histórica o por la mejora del sistema de pensiones.

«Han pasado diez años, pero seguimos dormidos», dice Francisco Cuesta, un ciudadano de 84 años, antiguo militante comunista, cuyo discurso rebate uno de los mantras fundacionales del ‘quincemayismo’, que durante años se aferró al lema «dormíamos, despertamos», definiéndose como un punto de inflexión en la historia.

«Seguimos dormidos, y es normal, porque tenemos unos medios de comunicación que impiden a mucha gente entender cómo funciona el mundo, pero no he perdido mi ideología, y la prueba es que con 84 años sigo aquí protestando contra las injusticias que se cometen contra la clase trabajadora», añade.

Como en las primeras manifestaciones del 15-M, caída ya la tarde, tomó el micrófono ‘la Solfónica’, un coro ciudadano nutrido sobre todo por gente de avanzada edad, que este sábado volvió a entonar canciones abogando por «una democracia real» y «una república laica».

El despliegue nostálgico de ‘quincemayismo’ de este sábado en Madrid se topó con un sobresalto: la aparición inesperada en la plaza de militantes ultraderechistas, que aparecieron en la plaza portando banderas del sindicato Solidaridad, asociado a la formación política Vox.

Su llegada creó un extraño cóctel en la plaza y tras algún enfrentamiento verbal entre los asistentes, se reforzó el despliegue de agentes antidisturbios, que lograron controlar la situación gracias a que ninguno de los dos grupos era excesivamente numeroso, por lo que había plaza para ambos.

No obstante, el episodio ofrece un buen hilo conductor para volver al presente. El 15-M creó una oleada de movilizaciones de carácter progresista en España, pero, sobre todo en los últimos años, ese impulso perdió efervescencia mientras la ultraderecha respondió ganando presencia en calles e instituciones.

En adición, muchos de los focos de la protesta iniciada hace una década –como la precariedad laboral, los recortes en los servicios públicos o el precio de la vivienda– siguen siendo problemas acuciantes en España, por lo que los activistas defienden que la movilización sigue siendo «más necesaria que nunca».

«En diez años han pasado muchas cosas, entre ellas el agudizamiento de la crisis económica o todo lo que ha representado la pandemia», señala José, que pese a los problemas para definir un movimiento tan amplio como el 15-M, defiende su legado como un proyecto de «transformación social al que no podemos renunciar».

*Sputnik

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