La tensión por el Sáhara y la crisis económica en el norte de Marruecos: ¿qué hay detrás de la crisis migratoria en Ceuta?

Marruecos pretende que la UE reconozca su soberanía sobre el Sáhara, como hizo Trump.

El norte del país magrebí sufre una fuerte crisis económica por la pandemia.

La oleada pone en evidencia el peligro de la «externalización» de las fronteras.

Miles de marroquíes han entrado de manera irregular en Ceuta y Melilla en las últimas horas. Según ha confirmado en TVE el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, han sido aproximadamente 6.000 personas, y ya en la mañana del martes habían comenzado las devoluciones gracias a los «contactos» con el gobierno marroquí. 

Aunque la presión migratoria en las ciudades autónomas es constante, nunca se había visto una llegada tan masiva (de hecho, es la mayor llegada por mar registrada en España), y no hubiera sido posible sin la complicidad de las autoridades marroquíes, que han dejado zonas de la valla sin vigilancia. 

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que este martes se desplazará a la ciudad autónoma, ha hablado de «relaciones estrechas» y «colaboración» con el país vecino, a la vez que ha subrayado el necesario «respeto» a las fronteras. 

Las relaciones bilaterales, como queda de manifiesto, no pasan por su mejor momento. «Detrás de cada crisis migratoria con Marruecos, cuando da la orden a su policía de que haga la vista gorda, hay siempre algo más», subraya Luis Pérez, excorresponsal de TVE en el país vecino.

La postura española sobre el Sáhara Occidental es una de las causas, pero no la única, según varias fuentes consultadas. 

Presión para que se reconozca la soberanía marroquí sobre el Sáhara 

La tensión bilateral puede datarse, al menos, desde diciembre pasado, cuando Rabat suspendió la celebración de la última Reunión de Alto Nivel (RAN) con Madrid, solo días después de que Donald Trump reconociera la soberanía marroquí sobre la excolonia española.

Hace tan solo un mes, España acogió a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. Ghali llegó de Argelia y se encuentra hospitalizado en Logroño con coronavirus. Marruecos deploró la actitud española en este caso y aseguró que «tomaba nota» de la afrenta por acoger a un enemigo.

«Esto es una crisis política, una decisión tomada en los círculos de poder en Rabat a conciencia, con un doble fin: enviar un mensaje a España de insatisfacción y provocar alguna reacción del Gobierno, e influir en el panorama político», analiza, en conversación con RTVE.es, Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Real Instituto Elcano.

Según Amirah Fernández, la intención de Trump, comunicada en un tuit, de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara a cambio de la normalización de relaciones con Israel «ha aumentado enormemente la inestabilidad en el Mediterráneo occidental» y ha envalentonado a Marruecos, que espera que la Unión Europea y España sigan los pasos de Trump. 

El investigador del Instituto Elcano también cree que el gobierno marroquí puede estar enarbolando la bandera del nacionalismo y reviviendo su tradicional reclamación territorial sobre Ceuta, Melilla y los islotes para «aliviar la presión interna» de su opinión pública. 

Crisis económica por la COVID-19

Al contexto político bilateral se une la mala situación económica que vive el reino alauita y en especial la zona norte, fronteriza con Ceuta y Melilla, como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Al descenso del PIB y el aumento de la deuda se suma el cierre de fronteras, que ha dejado sin ingresos a muchas familias que viven del intercambio informal con las ciudades autónomas. 

En Castillejos (Fnideq, en árabe), ciudad de la que provienen muchos de los que cruzan la valla ceutí, se han producido manifestaciones de descontento en los últimos meses. 

«Estamos hablando de una migración del entorno geográfico, muy empobrecido ya antes de la pandemia, y muy afectado por el cierre de las fronteras», explica a RTVE.es Blanca Garcés, investigadora del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB) y coordinadora de su área de Migraciones. «Cada día, miles de personas entraban y salían a trabajar o intercambiar mercancías en Ceuta y Melilla. Esta economía ha colapsado de un día para otro», añade. 

También Ruth Ferrero, profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid e investigadora adscrita al Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), coincide en que entre quienes han cruzado irregularmente a Ceuta hay «familias enteras arruinadas por la COVID-19». «Estas personas son también víctimas de su gobierno», apostilla, en conversación con RTVE.

Los peligros de la «externalización» de fronteras 

A un nivel más profundo, lo ocurrido pone de manifiesto los límites de las políticas migratorias que la UE ha aplicado en los últimos 20 años, consistentes en la externalización del control de flujos migratorios, que se deja en manos de otros países.

Esta política de externalización es «eficaz» porque reduce las llegadas a los países comunitarios, reconoce Blanca Garcés, pero a su vez tiene un elevado coste en derechos humanos y pone en manos de esos países una carta para ejercer presiones políticas. «Los estados miembros de la UE, en este caso el español, acaban siendo prisioneros», considera la investigadora del CIDOB.

Marruecos ha usado ahora esa carta en una estrategia «rápida» y como un «aviso», explica Garcés, de manera similar a como el gobierno turco hizo hace un año al abrir el paso de miles de migrantes hacia Grecia. 

«Es una política errática, poco eficaz e incoherente con los objetivos, y deja al albur de los estados con los que se está negociando la posibilidad del chantaje», considera por su parte Ferrero, quien recuerda que Marruecos no es una democracia. 

Ferrero apuesta como alternativa por «políticas migratorias proactivas» y asegurar vías seguras con destino a los mercados laborales europeos.  Para Garcés, la política migratoria más adecuada es la que mejora las condiciones de vida «al otro lado». «Si tienes esta población en el norte de Marruecos que es joven y, según las encuestas, quieren emigrar, es una bomba de relojería», justifica. 

Sea como fuere, el pulso en la frontera no puede ir mucho más allá, si Marruecos quiere conservar sus relaciones con la UE y las ayudas económicas que conllevan. Este mismo martes, la comisaria europea de Interior, Ylva Johansson, ha recordado que las fronteras de España «son fronteras europeas» y la relación con el reino alauí debe basarse «en la confianza». 

RTVE

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