El estallido social continúa en Colombia tras 23 días de protestas: «El pueblo se ha puesto en pie, ha despertado»

El Gobierno colombiano de Iván Duque y el Comité Nacional de Paro celebran su tercer encuentro para tratar de buscar una salida al estallido social del país que, desde el pasado 28 de abril, ha sacado a las calles a miles de ciudadanos. En las últimas horas la retirada de la reforma sanitaria, una de las principales reivindicaciones de los colombianos, no ha sido suficiente para silenciar las marchas y hacer que los manifestantes regresen a sus casas.

Los colombianos que acuden a las protestas aseguran que no van a dejar morir las movilizaciones hasta que no haya compromisos reales del Ejecutivo, empezando por las garantías para ejercer la protesta de forma pacífica. Por su parte, el Gobierno de la República solicita a las centrales obreras que rechacen explícitamente los bloqueos que siguen activos, a pesar de que el presidente Iván Duque ordenó este lunes a las fuerzas de seguridad levantar los cierres en las vías.

Un cambio social que ponga fin al empobrecimiento de las familias

La cuarta jornada de paro nacional ha vuelto a reunir a una multitud de personas, pero si por algo destacan estas convocatorias no es solo por la cantidad de gente y por la duración de las protestas, sino también porque las movilizaciones han unido las reivindicaciones de diferentes perfiles: trabajadores, jóvenes, estudiantes, indígenas, campesinos… Todos piden a gritos un cambio social que ponga fin al empobrecimiento de las familias, agravado por la pandemia.

Entre los manifestantes se encuentra Francisco, un profesor recién retirado que durante muchos años ejerció el liderazgo sindical en la Federación Colombiana de Educadores (FECODE), uno de los sindicatos convocantes de la huelga. “Las negociaciones están entrabadas porque el Gobierno no quiere ponerle fin a la dura represión contra el pueblo colombiano. Ha habido muchos muertos, heridos y desaparecidos, y ante la exigencia del Comité Nacional de Paro de que cese esa violencia y de que el Gobierno se comprometa a no reprimir el pueblo, el Ejecutivo no quiere asumir ningún compromiso”, afirma el profesor, quien recuerda que una de las principales peticiones de las centrales obreras es la condena contra la violencia policial.

Durante estas semanas no han parado las marchas, que en algunos puntos del país han terminado con duros enfrentamientos entre la Policía y los ciudadanos. Las organizaciones humanitarias elevan a medio centenar las cifras de fallecidos.

El pueblo, «dispuesto a durar mucho tiempo más»

El hartazgo es de tal magnitud que no parece que los manifestantes tengan prisa por zanjar este asunto si no vislumbran algún cambio real. “Hay tiempo, hay capacidad del pueblo. El pueblo está dispuesto a durar mucho tiempo más en esta lucha. Se ha puesto en pie, ha despertado”, asegura Francisco, mientras confiesa que durante medio siglo de lucha sindical no había vivido una situación similar. “Nunca habíamos tenido un evento tan masivo, tan duradero en el tiempo, tan consciente que el que está viviendo Colombia actualmente. Es un hecho inédito”, concluye este sindicalista jubilado.

Unos pasos por detrás de Francisco, Laura y Cristian avanzan al mismo ritmo que lo hace la protesta. Tienen 23 y 21 años y están estudiando en la Universidad de Manizales. Los jóvenes como ellos, muchos universitarios, han sido durante todos estos días los que han mantenido activas las protestas.

“La continuidad de las movilizaciones depende de la voluntad política del Gobierno nacional para dar soluciones a las problemáticas. Antes de la pandemia las cosas estaban mal, pero en medio de la pandemia la situación de los colombianos empeoró cada día más y lo que ha hecho el Gobierno es desconocer esa realidad y justificar la situación tan grave. Y ante la negativa, lo que hacemos es llamar de manera pacífica y creativa a la movilización”, asevera Laura. Esta joven estudiante de Ciencias Sociales sabe que es una privilegiada solo por el hecho de haber accedido a la educación superior, pero no está aquí solo por ella. “Precisamente por eso salgo a las calles. En Colombia la educación es un privilegio y no un derecho como se supone que debería ser constitucionalmente en el país”, sentencia.

La epidemia ha dejado a más de 3,5 millones de colombianos en la pobreza, pero la crisis en el país no se ha desatado únicamente por la delicada situación económica que atraviesan muchas familias. El paro, la precariedad laboral, los asesinatos de líderes sociales y de excombatientes reincorporados de las FARC, las masacres, los desplazamientos de la población indígena, la disputa de grupos criminales por el territorio y las amenazas contra la población del campo y, en definitiva, las pocas expectativas de que todo esto cambie, son solo algunas de las denuncias que lleva años haciendo la población, mientras parece que el mundo mira hacia otro lado.

RTVE

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