¿Quién será el próximo presidente italiano?

El presidente de Italia, Sergio Mattarella, no piensa permanecer en el cargo tras la expiración de su mandato en enero de 2022, lo que da lugar a especulaciones sobre quién podría ser el próximo jefe de Estado.

Por Aleksandr Dunáev*

Italia es una república parlamentaria, en la cual el presidente es elegido no por el pueblo, sino por el Parlamento y sus poderes son bastante limitados. Sin embargo, el mandatario puede tener un papel importante en períodos de crisis políticas que no faltan en la reciente historia italiana: basta decir que tan sólo en los últimos diez años el país tuvo siete primeros ministros y ocho Gabinetes.

¿UN PRESIDENTE «VIEJO»?

Este miércoles los que creían que Mattarella podría quedarse siete años más en el palacio del Quirinal, residencia del presidente de la República Italiana, que ocupa desde 2015, quedaron decepcionados. «Soy viejo, dentro de ocho meses podré descansar», declaró Mattarella durante una visita a una escuela primaria de Roma.

En el contexto italiano eso de «viejo» parece una exageración. El actual presidente tiene 79 años, exactamente la misma edad que tenían sus dos predecesores, Carlo Azeglio Ciampi y Giorgio Napolitano, cuando asumieron el cargo en 1999 y 2006 respectivamente.

Habría sido mucho menos habitual, si Mattarella hubiera decidido presentarse para un segundo mandato: en los más de setenta años de la historia republicana de Italia hubo tan solo un precedente, el de Napolitano que fue elegido presidente por segunda vez en 2013, pero dimitió dos años después.

El actual mandatario es una constante en la vida política italiana de las últimas décadas. Además de ser diputado del Parlamento y ministro de varios Gabinetes, Mattarella, jurista de formación, es conocido en Italia como el autor de la ley electoral, aprobada en 1993 y tildada de «Mattarellum».

Durante su mandato como presidente Mattarella tuvo que gestionar cuatro graves crisis de Gobierno y la pandemia del coronavirus. El pasado enero, cuando cayó el Gobierno de Giuseppe Conte, al jefe del Estado se le planteó la difícil pregunta si era el momento adecuado para disolver las Cámaras y convocar las elecciones anticipadas. En plena pandemia Mattarella prefirió confiar el cargo del primer ministro a Mario Draghi, el cual supo ganarse el apoyo de las principales fuerzas políticas del país.

Esta capacidad de encontrar soluciones de compromiso, esencial para el presidente, asegura a Mattarella un fuerte apoyo popular. Según un reciente sondeo, realizado por el Instituto Demopolis, el actual dignatario es el político que goza de la mayor confianza de los italianos, con un nivel de apoyo del 67 por ciento.

QUEDA TIEMPO PARA ESCOGER A UN SUSTITUTO

En un momento tan delicado como el de ahora, cuando Italia apenas está saliendo de la pesadilla del covid-19, la inminente salida de un personaje tan respetado como Mattarella crea un vacío en la escena política y, de momento, las fuerzas políticas no tienen claro quién lo podría sustituir.

También es verdad que aún queda tiempo. Para Gianni Letta, líder del Partido Democrático, «enero (fecha de expiración del mandato de Mattarella) está tan lejos que no puedo decir», lo que pasará en las elecciones del presidente.

El ministro encargado de las relaciones con el Parlamento, Federico D’Incà, también considera que «estamos un poco adelantados para hablar del presidente de la República, mejor hacerlo en noviembre o diciembre».

A su vez, el jefe de la Liga, Matteo Salvini, reconoce que su partido tampoco tiene candidatos que puedan ocupar el palacio del Quirinal, pero sugiere una opción de la que ya se hablaba el año pasado: el próximo presidente italiano podría ser el actual primer ministro Mario Draghi.

¿DE PRIMER MINISTRO A PRESIDENTE?

De hecho, para el mundo político italiano la figura del jefe del Gobierno, el cual anteriormente ocupó los cargos del director del Banco de Italia y el presidente del Banco Central Europeo, tiene sus atractivos.

Por ejemplo, a diferencia de todos los jefes del Estado anteriores, incluido Mattarella, un antiguo democristiano, Draghi nunca perteneció a ningún partido y, por lo tanto, podría convertirse en el árbitro de los interminables juegos políticos italianos.

Al mismo tiempo, de presentarse como candidato al cargo presidencial, Draghi debería dimitir como primer ministro. En las circunstancias actuales sería muy difícil encontrarle un sustituto sin convocar las elecciones anticipadas, lo que crearía una nueva crisis política que duraría meses: una opción poco alentadora en un periodo de recuperación poscovid que promete ser largo.

Parece que en este momento ni siquiera el mismo Draghi tiene claro si prefiere ser presidente de Italia o primer ministro. Pero aún no es tan grave. Tiene ocho meses para pensárselo.

*Sputnik

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