Escenarios: global, regional, nacional

Operación de pinzas.  Golpear al macrismo duro y, simultáneamente, aislar al kirchnerismo. La resultante de ese cruce de fuerzas es una bisectriz que se resume en un nombre y en una función: Horacio Rodríguez Larreta candidato único de la derecha para 2023. En torno a esta idea y apelando a los habituales menesteres mediáticos, ha comenzado a trabajar la derecha en la Argentina. La derecha se muestra asustada porque el país de los argentinos de desliza hacia el autoritarismo. Eso dice la derecha. Y se defiende. Trata de aislar al «castrochavismo» vernáculo.

Por Juan Chaneton*

*jchaneton022@gmail.com

El 28 de abril de 2021, el diario La Nación, en nota firmada por Hugo Alconada Mon e Iván Ruiz, denunciaba presuntos delitos cometidos por los Macri en negocios vinculados a la convocatoria  de Correo Oficial de la República  Argentina S.A.  Sin informar a la justicia argentina, Franco Macri se habría autocomprado los créditos de sus dos principales acreedores privados en el concurso del Correo. Lo habría hecho a través del Meinl Bank y el monto de estas operatorias semiclandestinas ascendería a varios millones de dólares. Nada que no se supiera ya, pero la novedad estriba en que ahora al asunto lo ilumina con su luz, con su luz más clara, la tribuna agrarista que supo ser de los Mitre. Parece raro, pero es pura mirada estratégica.

Los periodistas de La Nación tratan el asunto con ayuda de Organized Crime and Corruption Reporting Project (OCCRP), una oenegé fundada en 2006 para investigar los delitos de corrupción en Europa del Este, Asia y Centroamérica, es decir, no en casa sino en países con poblaciones inclinadas genéticamente a la salacidad y  al delito, que son, por otra parte, también proclives a engendrar liderazgos «populistas», aunque si en la volteada de estas pesquisas cae uno propio no es para lamentar sino para el regocijo: más posibilidades de parecer imparciales  cuando pongamos todo el esfuerzo en perseguir a «corruptos K».

En el caso, esta indagación está dejando claro que, de ser ciertos los ilícitos, ello sepultaría a quienes continuaron en la senda delictiva (Mauricio Macri y hermanos, parientes, amigos y favorecedores) en las simas más profundas, si no de la cárcel, sí de un descrédito del cual ya sería difícil volver y que clausuraría, de por vida, toda loca pretensión de recidiva electoral para el ex presidente de Boca.

En la misma línea de sacar a Macri de la cancha se inscribe otra investigación, también de Alconada Mon, de fecha 14/5/2021. El periodista denuncia allí que la UIF macrista, dirigida por Mariano Federici, protegió operaciones de narcolavado del banco HSBC.

La UIF es la Unidad de Información Financiera, el juez federal que entiende en la causa es Luis  Rodríguez  y la fiscal que investiga es Alejandra Mangano en virtuosa colusión con el titular de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas, Sergio Rodríguez. El «cliente» sobre cuyos movimientos financieros se habría negado a dar información el HSBC es el ínclito Henry de Jesús López Londoño, (a) «Mi Sangre», sobre quien, como queda dicho, el banco se negó a emitir el correspondiente ROS (Reporte de Operación Sospechosa) y -todo conduce a ello- el ex presidente  Mauricio Macri habría decidido protegerlo como se protege, digamos, a un socio, y así fue que se habría dirigido a su subordinado en la UIF (Federici) ordenándole que esta repartición del Estado no le exigiera al banco HSBC ninguna información sobre «Mi Sangre». Un gomía es un gomía …

Como quiera que hasta la misma Elisa Carrió toma distancia de la anomia ética de Mauricio Macri (vgr.,  su vacunación vip en Miami), los medios de prensa que juegan para el poder real de la Argentina también barruntan que con Macri se pierde y que el enemigo a destruir es el kirchnerismo si este kirchnerismo, además, mantiene, contra todos los anhelos de esa derecha, unos varios millones de voluntades dispuestas a seguirlo a donde se dirija su lídera (sic) política y espiritual, es decir, Cristina.

El NYTimes, a su turno, ejerce la «libertad de expresión» y la imparcialidad  periodística saliendo a elevar el precio, en cuanto de ellos dependa, de las mujeres que no son Cristina y que, en su momento y sin más norte ni programa que la dentera y los celos, supieron, alguna que otra, calumniar, con miopía manifiesta, a quien ya ha ingresado a la historia política de este país por la puerta que sólo trasponen las líderas (sic) de masas.

Dice el diario que se trata de mujeres  «feministas» y que, además,  «están cambiando a la Argentina desde adentro». ¡Caramba…!  ¡Dime quién te elogia y te diré de quién debes cuidarte…! Pues Cristina, claro, no ha de ser feminista ni cambió a la Argentina desde adentro, sino desde adentro y desde afuera, optando por las  alianzas geopolíticas que causan, al departamento de Estado, espanto y odio en igual proporción. Las mujeres del NYTimes, en cambio, son modelo de corrección. También de  esterilidad política, claro, si por «política» entendemos el poder real del país y cómo lograrlo.

Entonces, el vocero periodístico oficioso del área «Hemisferio Occidental» del imperio en declive, opta por saludar la rebeldía inane y el reformismo tipo «alianza para el progreso»: dice que está muy bien eso de “ … pagarle a las mujeres por su trabajo, no remunerado, en casa. Repartiendo comida a personas transgénero. Construyendo guarderías. Poco a poco, estas mujeres, nombradas por el Presidente  (Alberto Fernández) para ocupar altos cargos, están reestructurando la sociedad”, aseguran los periodistas  (del NYTimes) Alisha Haridasani y Daniel Politi. Es, precisamente, lo que Arturo Frondizi llamaba «alianza para la letrina», pues sólo con la industria  -decía también-  los pueblos pueden acceder a la calidad de vida que, ilegal e ilegítimamente, se les niega. Hoy, el futuro industrial para la Argentina tiene un nombre: China. Y la gente políticamente correcta abomina de China … y  ni qué decir tiene de «la Venezuela de Maduro». Cristina no abomina de nada de eso.

Los últimos editoriales políticos de columnistas varios del diario La Nación también tratan con llamativa displicencia al ex presidente de Boca. Esto ocurre o suele ocurrir, cuando lo irreparable se ha hecho presencia inexorable y sólo queda la extremaunción como piadoso recurso de unos deudos que lloran consternados o suspiran de alivio, según hayan sido las cosas en vida del ya casi difunto.

Aislar al kirchnerismo, entonces, es la consigna de hoy para las derechas de este país en colusión viciosa con el gobierno de los Estados Unidos, por más retórica keynesiana que, a estas horas, se halle profiriendo el presidente Biden. Sobre este punto  (y no solamente en este punto),  hay que mirar la historia.  Ante las crisis, bienestarismo. Eso es lo que ha hecho ya Estados Unidos cuando las catástrofes golpeaban a sus puertas y había que salir a prevenir la rebelión de los afectados por esas crisis. Eso fue el «New Deal» rooseveltiano, esto es, una réplica doméstica de lo que prohijaron, como solución de emergencia para Europa en la segunda posguerra,  con el Plan Marshall, que financió un maridaje virtuoso entre socialdemocracia y mercado. Esto dio lugar a los «treinta gloriosos» y no la «libertad» hayekiana, algo de lo que, de paso, deberían enterarse Espert, Cachanosky y bufones que los acompañan.

De modo que este bienestarismo de apuro que está empezando a insinuar Biden tiene dos características: primero, es para ellos, no para Latinoamérica; segundo, a nivel regional y global, Estados Unidos retoma la duplicidad de la banda Bush-Clinton-Obama, es decir, un discurso «hacia afuera» con énfasis en la democracia, los derechos humanos y la libertad de comercio, mientras que, en la práctica, la clandestinidad de los procederes seguirá marcando rumbos, especialmente en el capítulo «nuevas amenazas».

Aquí, las agencias del tipo DEA seguirán administrando la circulación y consumo de estupefacientes en pos de gestionar  -con sujetación funcional a la «gobernanza»-  la pobreza y la marginalidad crecientes, gestión que tiende a conducir a Estados fallidos en la región, todo ello   en sustitución de genuinos planes de desarrollo económico que no están en la agenda de ningún plan de «inversiones» a pesar de lo que dicen y de lo que dice la derecha en la región. A este paso, Argentina en diez años será como México. La estatización de la Hidrovía es un principio de solución a este problema. Por ahí, los pulpos agrarios, por caso, sacan, bajo la mirada atenta de la DEA, de todo, cereal incluido.

Equilibrio inestable en la región latinoamericana. Chile y Perú, con final abierto;  en Colombia, el narcoestado exhibe signos de fatiga;  Lula 2023 como posibilidad;  elecciones generales en Venezuela en las cuales se dispone a participar todo el arco político y que, con ese solo hecho, marcan la derrota de la estrategia violenta impulsada por el departamento de Estado con su títere Guaidó;  y la permanencia de Cristina como sol de una galaxia que, en la Argentina,  se ordena en función de su centralidad. Son los datos que configuran parcialmente la etapa en la región.

Hay que saber que lo esencial   -en la Argentina al menos-  no depende de una buena  -o incluso excelente-  gestión económica. Ninguna gestión económica podrá garantizar la solución a la pobreza y a la indigencia y  generalizar el trabajo genuino y masivo en sustitución de la droga y el delito, porque toda gestión económica avanza por los carriles y hasta el límite que la organización jurídico-institucional del país le permite. Para tomar las medidas de fondo que apunten a la solución radical de aquellas y otras calamidades sociales será necesario desbrozar el camino de los obstáculos que, con toda evidencia, dificultan la concreción de los programas democráticos, industrialistas, populares y soberanistas. El «campo» apelando a la violencia ínsita a un lock out patronal en tiempos de contagios y muerte por la pandemia, junto a las tensiones que genera la designación de un jefe de los fiscales de la Nación, insinúan qué es lo que se está jugando en la coyuntura política argentina. Un Procurador General elegido a propuesta del actual oficialismo puede garantizar que nunca peseguirá penalmente a un opositor para impedirle que participe en elecciones. Larreta o Mario Negri pueden estar tranquilos en ese sentido. Macri echó de su cargo a Alejandra Gils Carbó, en octubre de 2017, para perseguir a Cristina y expulsarla de la política poniendo a dedo en el cargo a un entenado llamado Eduardo Casal que se afanó en el objetivo que le ordenaron cumplir y fracasó.

Lo que se puede prever es que, más temprano que tarde, el debate que se generalizará es el atingente a la representación política. Chile así lo indica. Y lo indica no porque ese país haya tenido que soportar la vida bajo una Constitución infame urdida por la dictadura criminal de Pinochet. Lo que ocurre en Chile ahora es que el pueblo no sólo ha repudiado esa Constitución sino que lo ha hecho también con la casta política que permitió la ignominia durante décadas y que toleró la afrenta porque para esa casta esa Constitución no era una afrenta sino una salida laboral y una oportunidad de negocios. Entre la Concertación de Lagos y Bachelet (esta última fue el fallido  instrumento del departamenmto de Estado para derrocar a Maduro en Venezuela por el tema derechos humanos pero nunca dijo nada sobre Piñera y los derechos humanos), por una parte, y la derecha tradicional que expresa el actual gobiero, obtuvieron el 40 % de los votos.  Es un fracaso de dimensión histórica para la derecha. Piñera no le ha servido,  como aquí no les ha servido Macri. En el otro 60  por ciento están los que van a redactar la próxima Constitución de Chile. Y la derecha teme que ese acto de poner en texto el dolor del pasado y la esperanza del futuro devenga una suerte de ágape que, en vez de realizarse en las catacumbas como aquellos antiguos ritos cristianos, tenga lugar en el espacio público y con «empanadas y vino tinto» alegrando el empoderamiento del pueblo en clave democrática y socialista. Allende vive. Pero también empieza a vivir Miguel Enríquez.

En la Argentina, la reforma constitucional no es exigencia del pasado; al terrorismo de Estado, aquí, se lo erradicó con la conciencia popular y esas luchas pretéritas  fueron las que alumbraron la democracia de 1983 de la cual aun sufrimos su caráctrer de clase, aun cuando sus libertades y garantías implican también, para nosostros, un acervo ideológico del cual no hemos de prescindir en el futuro.  Es el acervo liberal que contiene nuestra Constitución. El liberalismo, al fin y al cabo, terminó con las hogueras en Europa. Todo hay que decirlo.

Y es eso entonces, la reforma constitucional, lo que anida como idea y como latencia en el seno de la sociedad y como posibilidad en el gobierno del Frente de Todos. No es que haya que reformar la Constitución para mejorar la gobernabilidad como dicen algunos bienintencionados que abogan por el sistema parlamentario. Los conurbanos no están hambrientos de gobernabilidad sino de representación.  No le sirven las roscas que se pueden perpetrar en los hemiciclos al socaire de tal sistema parlamentario, sino sentarse en las bancas para decir, con voz propia, lo que hasta hoy nadie ha dicho por ellos. Es la representación lo que hay que «mejorar», no la gobernabilidad.

En síntesis,  lo que aparece a la primera mirada es un gobierno estadounidense que retoma la ortodoxia globalista neoliberal a escala internacional; en un contexto regional signado por un equilibrio inestable en el que parecen agotarse las soluciones de «mercado» en el marco del juego electoral;  todo ello con una situación nacional cuyo dato esencial es el despliegue de las fatigadas fuerzas de la derecha para aislar a lo más disruptivo que ellos perciben dentro del Frente de Todos: el kirchnerismo.

Si fracasaran en sus propósitos, hay que saberlo, no por ello correrían a sacrificar sus intereses en el altar de la democracia. Siempre han tenido a mano, y han sabido apelar a ello, el recurso a la violencia, que sus medios de prensa describirán no como recurso a la violencia sino como violencia justa porque el mundo se viene abajo y cuando ellos gritan que el mundo se viene abajo es por que se viene abajo el mundo de ellos.

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