El Salvador vive en Chalchuapa otra historia de horror y muerte

El descubrimiento de un cementerio clandestino en el patio de un expolicía ha ensombrecido Chalchuapa, un pintoresco poblado de El Salvador que solía ser famoso por sus pirámides mayas.

Por Tomás Lobo*

El miedo reina en las inmediaciones del callejón Estévez, donde Hugo Osorio fue capturado gracias a los gritos de horror de su última víctima, que no sobrevivió, pero al menos propició la captura de su asesino.

Alarmados, los vecinos avisaron a la Policía Nacional Civil (PNC), que atrapó a Osorio en flagrancia, junto los cuerpos sin vida de una madre y su hija: la escena, cuyas imágenes se filtraron en redes sociales, parecían sacada del más crudo cine «gore».

Sin embargo, el doble feminicidio podría pasar como uno más en esta sangrienta nación, si no fuera porque Osorio confesó que en su patio había más muertos enterrados. Muchos más…

Al cierre de esta nota, Medicina Legal había confirmado al menos 17 cadáveres en varias fosas diseminadas en la casa número 11 de la colonia Las Flores, pero el criminólogo Israel Ticas estimó que habría unos 40 muertos en total.

SEÑALES CONFUSAS

Pero Ticas, un experto con 33 años dedicados a desenterrar cadáveres, encara por tales declaraciones un proceso disciplinario en la Fiscalía General de la República, cuya nueva dirección fustigó la cobertura del caso.

De hecho, el fiscal general Rodolfo Delgado, el ministro de Seguridad, Gustavo Villatoro, y el director de la PNC, Mauricio Arriaza, acusaron a la prensa de hacer un tratamiento «morboso y torpe» del crimen.

No obstante, el propio Villatoro calificó a Osorio como «el psicópata de Chalchuapa», y varios peritos recalcaron un patrón misógino en el criminal, destituido hace 15 años como policía por un delito de estupro, por el cual pasó un lustro en prisión.

Pese a la evidencia, la Fiscalía le concedió a Osorio el llamado «criterio de oportunidad parcial» en una decena de asesinatos, pues el detenido alegó que lo único que hizo fue deshacerse de los cuerpos.

Max Muñoz, jefe de la Unidad Especializada en Homicidios, confirmó que Osorio aceptó colaborar con las autoridades como testigo criteriado, para aportar información sobre otros crímenes, en particular desapariciones.

EN BUSCA DE ESPERANZA

Por duro que suene, el hallazgo de tumbas clandestinas filtró un rayo de esperanza para cientos de personas que buscan a familiares reportados como desaparecidos, y que necesitan, aunque sea, la confirmación de su muerte.

Desde que se supo que los restos de muchos desaparecidos de la región podían estar en el patio de Osorio, una veintena de familiares se acercó en busca de una identidad, un indicio, una prenda reveladora…

«El caso de Chalchuapa es tan solo una muestra, no solo de una psicopatía individual, sino del fenómeno de las desapariciones, producto de la impunidad con que se sienten los hechores», comentó al respecto la investigadora Jeannette Aguilar.

La consultora de políticas de seguridad ciudadana en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA),  explicó a Sputnik que las desapariciones son graves, pues dificulta el procesamiento de los responsables y crea una falsa sensación de seguridad.

Aunque la PNC confirmó un alza en las denuncias de personas desaparecidas respecto al pasado año, el Gobierno se enfoca en resaltar la disminución en los homicidios, para reafirmar la imagen de seguridad proyectada por la actual administración.

ENGAÑOSAS APARIENCIAS

Por lo pronto, la vida no será igual en Chalchuapa, localidad del occidental departamento de Ahuachapán, célebre por sus ruinas arqueológicas, un curioso monumento al Ché Guevara, su yuca asada con chicharrón y sus lavanderas de Semana Santa.

Las ventanas que solían airear las casas ahora permanecen cerradas, pues la confianza de sus moradores se esfumó al enterarse de que aquel vecino hosco pero tranquilo, que iba a la iglesia y saludaba con educación, tenía un cementerio clandestino en su casa.

Algunos perfilan a Osorio como un asesino en serie que captaba a sus víctimas en redes sociales, y otros como un «depravado» que satisfacía con violencia sus arrebatos sexuales y luego enterraba la evidencia.

También se especula que estaba vinculado a una red de «coyotes» que asesinaba a sus víctimas tras cobrarles por sacarlas del país en busca de un sueño.

«Este asesino y feminicida se pudrirá en la cárcel», prometió el presidente Nayib Bukele en su cuenta de Twitter, al confirmar el traslado de Osorio al penal de máxima seguridad de Zacatecoluca, más conocido como «Zacatraz».

Igual, a Osorio le queda el dudoso mérito de haber asustado a un país que cualquiera creería curado de espanto luego de 12 años de guerra civil y tres décadas conviviendo con pandillas que controlan sus territorios a golpe de terror.

*Sputnik

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