España pone coto a las «novatadas»

El Gobierno español aprobó esta semana la Ley de Convivencia Universitaria, que sustituye un antiguo reglamento predemocrático de 1954, aboga más por la mediación que por el castigo, y respeta los principios de la Constitución española del año 78.

Sin embargo, una de las prácticas universitarias a las que entra a castigar con dureza esta nueva ley es la de las «novatadas», las bromas a los estudiantes de primer curso por los universitarios mayores a modo de «rito iniciático».

Tienen lugar tradicionalmente en los Colegios Mayores y residencias universitarias, aunque últimamente también en las facultades, y, en ocasiones, en los últimos años saltaron a los titulares de la prensa nacional por su gravedad.

Es el caso de la subasta de nuevos estudiantes, registrada en la Universidad de León en septiembre de 2017, en la que varios jóvenes acabaron desnudos en un escenario, mientras sus compañeros más veteranos pujaban por tenerlos una semana como esclavos.

TRES AÑOS FUERA

A partir de ahora, este tipo de prácticas que menoscaban la integridad de los estudiantes se pasarán a considerar como muy graves y se sancionarán con penas que podrían llegar hasta los tres años de expulsión de la universidad o la anulación de parte de la matrícula.

Sin duda, una sanción que puede llegar a truncar proyectos académicos personales y que animará a pensarse dos veces en el futuro a los estudiantes sumarse a estos rituales.

«Para mí es un avance jurídico histórico en cuestiones de convivencia universitaria. Aporta luz a un fenómeno no regulado y que ha contado con la complicidad de responsables e instituciones a lo largo de la historia», valora para Sputnik Javier Mérida, director del Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe, en Salamanca, una de las ciudades universitarias españolas por excelencia.

Mérida es, además, abogado y participó junto con otros profesionales en el análisis «Las novatadas. El Maltrato como diversión», que estudiaba a fondo este fenómeno. Pone el acento con sus palabras en dos aspectos: pertenecen a la tradición española, aunque es cierto que en los últimos años el fenómeno se extendió y radicalizó; y por otra parte, hasta ahora las autoridades universitarias actuaron con complicidad, en muchas ocasiones, frente al fenómeno.

«Se tendía a normalizar, a que no saltara a la prensa nacional o local, porque al final de lo que se trata es de pasar el curso sin que haya mayores incidentes, porque podría ser una forma de desprestigio en el valor de marca de las universidades», explica.

VIOLENCIA NORMALIZADA

La psicóloga Loreto González-Dopeso preside la asociación «No Más Novatadas» y señala que no hay un perfil determinado para los jóvenes que participan en estos actos.

«Ha sido muy aceptado socialmente, se justificaba en una tradición que hay que pasar, con lo cual el grupo que llega lo hace con indefensión aprendida, cuando todos los expertos que han estudiado el tema insisten en que esto es violencia normalizada», reflexiona en conversación con Sputnik.

Para esta psicóloga, que lleva una década tratando de luchar contra este fenómeno también hace falta junto al nuevo reglamento una «labor muy constante de sensibilización y de medidas educativas, del que se verán los efectos a largo plazo», porque como pregunta en una interrogante lanzada directamente a los jóvenes que justifican las novatadas en la diversión, «¿todo lo que alguien considera divertido es aceptable socialmente?».

González-Dopeso enumera los problemas que pueden derivar estas prácticas: ansiedad, conciliación del sueño, alteración del estado de ánimo, problemas de autoestima o «considerarse una persona rara por rechazarlas, porque se considera una deslealtad, hay cierto código de conducta», señala.

Aunque reconoce por otra parte que muchos jóvenes recién llegados a la universidad transigen con esas prácticas porque es una manera de integrarse.

Quizás fue el caso de la joven que accedió a ser abofeteada en 2019 en el Colegio Mayor Covarrubias, de Madrid, y cuyo salvaje bofetón recibido se hizo viral y provocó la expulsión durante dos semanas del agresor.

Una práctica que junto con las también habituales de beber alcohol de un embudo, lo que llega a provocar comas etílicos, o caminar a gatas atado por un collar de perro, no tiene nada que ver con la vida universitaria y recibirán a partir de ahora sanciones más acordes a la vida civil.

Sputnik

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