Una gira por el calvario migrante en EEUU

La situación de los migrantes centroamericanos en los centros de detención de Estados Unidos volvió a la palestra con la reciente visita del canciller de Guatemala, Pedro Brolo.

Por Tomás Lobo*

El Ministerio de Exteriores (Minex) reseñó que Brolo, del 19 al 22 de mayo, recorrió la frontera del sureño estado de Texas, estuvo en el Puente Internacional Anzaldúas y constató lo peligroso que puede ser vadear el Río Grande.

Al ministro lo acompañó la Patrulla Fronteriza de la ciudad de McAllen, autoridades consulares de El Salvador y Honduras y Samantha Vinograd, enviada del secretario de Seguridad Nacional de EEUU, Alejandro Mayorkas.

Según el Minex, Brolo habló con Vinograd sobre la urgencia de «fortalecer estrategias para tratar causas estructurales de la migración hacia el norte y promover alternativas por medio de una migración regular, segura y circular».

A su vez, las autoridades fronterizas reiteraron que los migrantes son engañados por los «coyotes» (traficantes de personas), quienes prometen métodos seguros para cruzar la frontera, pero luego los abandonan en medio de la nada.

SUEÑO FRUSTRADO

El Observatorio Iberoamericano sobre Movilidad Humana, Migraciones y Desarrollo determinó que los centroamericanos dejan sus países por la violencia, la desigualdad social, la corrupción, el cambio climático y la atracción que ejerce Estados Unidos.

En lo que va de 2021 han sido arrestados más de 178.000 migrantes en la frontera entre EEUU y México, muchos de los cuales fueron recluidos en instalaciones de detención de la «Migra», como llaman al Servicio de Inmigración y Aduanas.

Una de las aristas más inquietantes del fenómeno es la enorme cantidad de menores no acompañados que llegan a territorio norteamericano, unos 11.000, de los cuales cerca de 7.800 están en albergues de Texas.

En particular, Guatemala recibió 21.057 retornados en 2020, 2.817 de ellos menores de edad, de los cuales 1.762 no iban acompañados por un adulto, según datos del Minex.

¿ALBERGUES O PRISIONES?

Los centros de detención repartidos por EEUU albergan unos 20.000 niños migrantes, aunque «albergue» quizás sea un término demasiado cándido para definir unos lugares cuyas duras condiciones han sido denunciadas por políticos, activistas y medios.

Una investigación de la cadena británica BBC confirmó la negligencia e insalubridad en dichas facilidades, donde impera el frío y el trato impersonal, por no decir inhumano.

En particular, muchos migrantes detenidos temen acabar en las llamadas «neveras», cuartos o cubículos gélidos en las instalaciones de procesamiento de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU, donde son tratados como prisioneros.

Por el testimonio de personas liberadas se supo que vivían hacinados, compartiendo colchonetas, envueltos en mantas de emergencia, empapados por las goteras en las celdas, alimentándose con comida vencida y sin poder ducharse.

Aquellas condiciones propiciaron un brote de casi 3.000 casos de covid-19 entre niños migrantes solo en Texas, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, siglas en inglés), y aún se desconoce cuántos enfermaron en otros centros del país.

De hecho, el personal de los nuevos centros de detención tiene que firmar acuerdos de confidencialidad que les prohíbe hablar sobre lo que sucede adentro.

PREVENCIÓN VERSUS REPRESIÓN

La administración de Donald Trump (2017-2020) se caracterizó por su «tolerancia cero» hacia la migración irregular, y potenció la represión y las redadas de indocumentados, pero el presidente Joe Biden prefiere prevenir y abordar las causas.

Para ello, el mandatario demócrata presentó al Congreso un plan para destinar hasta 4.000 millones de dólares durante su mandato para combatir la corrupción y frenar un flujo que ronda el medio millón de migrantes centroamericanos al año.

Además, Biden encomendó a su vicepresidenta, Kamala Harris, atender el fenómeno migratorio en el llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras), y la funcionaria ya programó una visita oficial a la región.

«Las personas de El Salvador, Guatemala, Honduras están abandonando sus hogares a un ritmo alarmante. Pero hay una verdad fundamental detrás de ese titular: las personas de la región no quieren dejar su país», señaló Harris a mediados de mayo.

El tiempo dirá si esa voluntad de acabar con la violencia, la precariedad económica y la corrupción enquistada logrará reducir estos éxodos.

*Sputnik

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