Las peripecias del Hermitage en Barcelona

El proyecto para instalar el Museo del Hermitage en Barcelona sigue enquistado tras casi una década de idas y venidas, y todavía hay que superar apoyos para cumplir la previsión de abrir en 2024.

Por Nora Olivé*

Esta semana se produjo un avance importante, después de que el Puerto de Barcelona aprobara la concesión para ubicar el nuevo edificio, diseñado por el Premio Pritzker Toyo Ito, en la zona marítima de la ciudad.

«Esta buena noticia significa dar un paso más hacia la construcción de un maravilloso nuevo edificio que actuará como puente de intercambio cultural entre San Petersburgo y Barcelona», celebró en un comunicado el director de la pinacoteca rusa, Mijaíl Piotrovski.

En el consejo administrativo del Puerto están representados los principales sindicatos de trabajo, la Cámara de Comercio de Barcelona, los estibadores y las distintas administraciones competentes, incluyendo el Gobierno de España.

La concesión salió adelante con el voto en contra del Ayuntamiento de Barcelona, que pidió más tiempo para evaluar el proyecto, porque las autoridades portuarias querían transmitir confianza al inversor.

EL MUSEO QUE NUNCA LLEGA

El plan para construir una franquicia del Hermitage de San Petersburgo en Barcelona se comenzó a discutir en 2012 y desde entonces fue motivo de polémica a nivel institucional y ciudadano.

Procedente de un capital privado ruso y catalán, la iniciativa de 50 millones de euros quedó paralizada varios años, hasta que en 2016 se anunció un primer plan para edificar a cargo del científico y museólogo Jorge Wagensberg.

Pero su tramitación quedó de nuevo encallada, y la construcción se fue posponiendo por las reticencias del Gobierno de Ada Colau, alcaldesa de la ciudad, que impidió su instalación en la bocana marítima.

Tras la muerte de Wagensberg en 2018, el japonés Toyo Ito quedó a cargo de la obra arquitectónica, proyectada con una superficie útil de más de 12.000 metros cuadrados y una imponente fachada blanca en forma de onda.

Ante la presión de los promotores y de los vecinos, el Ayuntamiento encargó en 2020 cuatro estudios externos sobre el impacto urbanístico y en la movilidad del proyecto, su viabilidad económica y la propuesta cultural; pero todos ellos resultaron negativos.

El consistorio pidió entonces a los impulsores que reformularan la iniciativa para hacer del nuevo Hermitage más que un museo-franquicia y convertirlo en un hub cultural integrado con la ciudad.

A partir de aquí, Puerto y promotores colaboraron para alinear el plan con las exigencias del Ayuntamiento, estableciendo alianzas con entidades como la Universidad de Barcelona, la asociación de vecinos del barrio marítimo de la Barceloneta.

También iniciaron conversaciones con el Gran Teatro del Liceo para unirse en un gran hub cultural y multidisciplinar.

«Un nuevo punto de encuentro internacional del arte, el diseño y la cultura que aspira a crear sinergias y alianzas con el entorno institucional, museístico y social de la ciudad», resumió Hermitage Barcelona en un comunicado.

PRESIÓN A COLAU

La pelota está ahora en el tejado del consistorio barcelonés, que no cerró la puerta por completo a la iniciativa aunque lamentó la decisión del Puerto de otorgar la concesión sin un acuerdo con el Ayuntamiento.

Desde el ente municipal argumentan que el proyecto que pretende integrar el teatro del Liceo es diferente y, por lo tanto, ya no se aplican los informes de viabilidad elaborados en 2020.

En un comunicado, el Puerto condicionó la concesión a la firma de un convenio con el Ayuntamiento y a que se presente la nueva propuesta en un período de dos meses, aunque señaló que el Hermitage «tiene perfecta cabida» en la bocana marítima.

Días antes más de 80 entidades, escuelas, asociaciones culturales y vecinos de Barcelona también suscribieron un manifiesto a favor del museo ruso destacando sus «beneficios culturales, sociales, económicos» para la ciudad y exigiendo su puesta en marcha «sin más dilaciones».

En paralelo, el Gobierno de Colau sigue recibiendo presiones internas por parte de sus socios de coalición, y el teniente de alcalde Jaume Collboni salió públicamente en defensa del Hermitage.

«Es un magnífico proyecto, y todos tenemos que hacer el esfuerzo de centrarnos en la potencialidad que tiene para la oferta cultural de la ciudad», dijo Collboni en la televisión local, mostrándose confiado de que Colau cambiará de opinión.

De momento, el futuro del Hermitage sigue al aire y depende en última instancia del Ayuntamiento, que se mantiene firme en su postura y amenazó con emprender acciones judiciales. El Hermitage sigue haciéndose esperar en Barcelona.

*Sputnik

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