Sobre el posible indulto del «procés» y el derecho de autodeterminación de los pueblos

Dicen que el Estado español cualquiera puede defender las ideas que quiera, incluso ser independentista, pero solo se puede ser independentista de pensamiento, porque cuando los independentistas intentan poner en práctica su proyecto, tratan de materializar sus ideas, en ese momento son delincuentes, son terroristas. 

Por André Abeledo Fernández*

Por eso nos encontramos con presos políticos  a los que el Gobierno español español llama políticos presos. Y los tiene en la cárcel, tratando de de combatir las ideas con la fuerza y las protestas con represión. 

El tribunal supremo funciona como una herramienta política al servicio de la ultraderecha, en vez de interpretar leyes y funcionar como pegamento para mantener la coexistencia y la convivencia funciona como un martillo dispuesto a romper puentes y a romper cualquier posibilidad de concordia.

La renovación del poder judicial, mejor dicho su no renovación por decisión política del PP es la demostración práctica de que el Supremo es un poder al servicio del poder y declarado en rebeldía. 

Los conflictos sociales y políticos no se solucionan con cárcel y represión, eso los enquista, los agrava y los lleva a un callejón sin salida que los convierte en una olla a presión que tarde o temprano acaba por reventar.

Los indultos en Cataluña no son la mejor solución, pero son por lo menos un paso para solucionar una injusticia, porque por mucho que se trate de prostituir la realidad, los presos de proces, son presos políticos, nunca deberían haber entrado en prisión, porque existe un problema político y social al que debe darse una solución política y social.

Son los mesías anunciadores del fin de los tiempos y del se rompe España, los que cada vez que se habla de negociar y dialogar, actúan como piromanos con bidones de gasolina en medio de un incendio. Parece que disfrutan destruyendo la convivencia entre las naciones y los pueblos del Estado español.

Las amenazas no son argumentos ni solucionan problemas de convivencia, eso es algo que la derecha española no quiere entender.

En democracia no se puede dar respuesta a las reivindicaciones de un pueblo con amenazas y represión. Ese es el lenguaje de las dictaduras.

Defender el derecho de autodeterminación es legítimo y ser independentista también, quien defiende estas posturas no es un delincuente, ni un terrorista.

Negar el sentimiento nacional de un pueblo, negar que Galiza, Catalunya o Euskadi son naciones, es un ataque a la convivencia y a la unidad.

La autodeterminación es un derecho fundamental, el derecho que deben tener los pueblos a decidir su destino, el derecho a acertar o equivocarse.

Autodeterminación e independencia no son sinónimos, como algunos quieren hacernos creer, el derecho a decidir no tiene como efecto la independencia, podría ser que el pueblo tomase esa decisión, o no.

Comparemos el derecho a la autodeterminación con el derecho al divorcio, y a la pareja, el núcleo familiar que convive en la casa, con los pueblos y naciones que conviven en el estado.

Imaginemos una pareja felizmente casada, que vive en un país donde no existe el derecho al divorcio, una pareja feliz, con unos hijos sanos a los que adoran, en definitiva una familia bien avenida, que tiene una vida cómoda y con sus necesidades cubiertas. Ahora imaginemos que ese país legaliza el divorcio, ¿a alguien se le puede pasar por la cabeza que esa pareja feliz vaya a divorciarse porque se le reconozca el derecho a hacerlo?

Pues lo mismo pasa con los pueblos, cuando la convivencia es buena en la casa de todos que es el estado, los pueblos son mucho más conservadores y fieles que una pareja, no corren el peligro de enamorarse de otro y si el estado respeta su hecho diferencial, les garantiza su derecho a decidir, cubre sus necesidades básicas y trabaja por la buena convivencia de los pueblos que forman este estado plurinacional, o unión de repúblicas, o estado federal, la fórmula o sistema en la que esos pueblos hayan decidido organizarse, ningún pueblo se va a divorciar, ninguno entenderá la independencia como solución a problemas inexistentes.

El problema viene cuando no hay respeto al hecho diferencial, cuando las distintas nacionalidades no son reconocidas, cuando hay idiomas de primera y de segunda, cuando el derecho a la autodeterminación no está reconocido y el estado se convierte en una cárcel de pueblos, en vez de en la casa de todos.

Se puede ser independentista y comunista, lo que no se puede es ser comunista y estar contra el derecho de autodeterminación de los pueblos. 

Otra cosa es anteponer el hecho nacional por encima de la lucha de clases o entender que la lucha por la liberación nacional está al margen de la lucha de clases, en este caso existe una contradicción. 

Pero el hecho de sentirse parte de un pueblo, de una nación, y de defender el derecho a decidir no es incompatible con la militancia comunista consecuente. 

Es verdad que existen contextos en que el hecho nacional puede ser usado por la burguesía para dividir a la clase obrera. Pero es un error plantear la incompatibilidad de independentismo y comunismo, sobre todo cuando el Gobierno de la metrópoli es totalitario. 

Los comunistas somos internacionalistas, entre otras cosas, porque reconocemos la existencia de naciones. 

Parece que no es sencillo para una parte de la izquierda nacional entender la realidad plurinacional del Estado español.

En esta incomprensión comienza un grave problema de convivencia dentro del Estado. 

El Estado español no es una nación de naciones, ni es una nación. El Estado español es en todo caso una unión de naciones. 

Pero para que exista unidad y coexistencia, tiene que existir respeto y comprensión. La unidad tiene que ser entre iguales. No pueden existir naciones de primera y de segunda categoría. 

Esta unidad tiene que ser voluntaria, debe ser una unión de naciones libres que deciden caminar juntas. 

De no ser así el Estado español será siempre más una prisión de pueblos que la casa de todos, será un Estado fallido. 

En estos momentos el discurso fascista de VOX trata de enfrentar a los pueblos, no quiere el diálogo trabaja para poder imponer su modelo de Estado, un tardofranquismo neoliberal enemigo de la convivencia y también de la clase trabajadora. 

Pero de cualquier modo, aún sabiendo de la dificultad de maniobrar cuando el PP-VOX pretenden enfrentar y incendiar, es necesario abrir un debate sobre el modelo de Estado, República y monarquía, y del derecho de autodeterminación de los pueblos dentro del Estado español. 

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André Abeledo Fernández
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