Matrimonios arreglados, una cuestión de vida y muerte

El caso de la joven Saman Abbas, desaparecida a finales de abril y, probablemente, asesinada por los familiares, pone de manifiesto el problema de los matrimonios arreglados en las comunidades étnicas en Italia.

Por Aleksandr Dunáev*

Pasó más de un mes desde la desaparición de Saman Abbas, de 18 años, en Novellara (región de Emilia Romaña), pero su cuerpo aún no ha sido encontrado y su padre afirma que está en Bélgica. Sin embargo, las fuerzas del orden sospechan que haya sido asesinada por su propio tío Danish Hasnain y con el consentimiento de los padres.

«Hicimos un buen trabajo», escribió Danish a su amigo unos días después de la desaparición de Danish. No está del todo claro que quería decir con eso, pero los carabineros consideran que se refería al asesinato de la joven.

JOVEN DESAPARECIDA

Saman Abbas tenía relaciones complicadas con su familia. Su padre Shabbar, un pakistaní de ideas tradicionales, veía con disgusto su deseo de vivir como si fuera una italiana. Hace dos años los padres trataron de casarla con un pariente en Pakistán, pero no lograron convencerla. Con el miedo que le tenía a sus padres, la joven estuvo tres veces ingresada en un centro de asistencia cerca de la ciudad de Boloña.

El pasado 11 de abril dejó el centro por la última vez para volver a estar con la familia, a pesar de que los servicios sociales locales la advirtieron que ponía en riesgo su vida. Los padres volvieron a insistir en que se casase con un primo suyo en Pakistán.

El 30 de abril por la tarde, en un audiomensaje, Saman comunicó a su novio que la madre dijo que el asesinato era la única «solución» para una mujer que no respetaba las reglas de vida pakistaníes. «Si no te llamo durante más de 48 horas, avisa las fuerzas del orden», pidió Saman al muchacho.

Unas horas después la joven salió de casa con una mochila, acompañada por sus padres. Se dirigieron hacia un callejón oscuro donde Saman fue entregada al tío Danish. Poco después las cámaras de seguridad filmaron al padre volver al mismo callejón para recuperar la mochila. En los días siguientes los miembros de la familia se escaparon de Italia, mientras Saman estaba desaparecida.

REACCIÓN DE LOS MUSULMANES

Cuando se difundió la noticia, la Unión de las comunidades islámicas en Italia (UCOII) no tardó en distanciarse de la familia Abbas. «Estos episodios afortunadamente no son ni frecuentes, ni de gran extensión, pero sabemos que en algunas comunidades étnicas aún persisten situaciones y comportamientos que atentan contra los derechos de las personas», afirmó Yassine Lafram, presidente de la UCOII.

En una fetua (pronunciamiento legal sobre una cuestión específica), emitida el 3 de junio, la Unión declaró que el matrimonio «puede basarse solo en un consentimiento libre y voluntario sin coerción, ni compulsión» y que «ningún tipo de imposición puede utilizarse en cuestiones matrimoniales y los contratos de matrimonio forzados no tienen ninguna validez».

Mientras tanto, la página de Facebook de Shabbar Abbas, el padre de la joven desaparecida, se está llenando con comentarios furiosos de usuarios pakistaníes. «Serás siempre un insulto para los italianos y para nosotros, los pakistaníes. Espero que te den la pena más dura», escribe uno, mientras otro replica: «Estos asesinos son la vergüenza de todos nosotros, los pakistaníes».

UN FENÓMENO A ERRADICAR

Dejando de lado de las emociones, ¿el caso de Saman es una excepción o una regla? La estadística no dice nada, quizás porque sean pocas las muchachas que se atreven a denunciar la presión que soportan.

Según observa la psicóloga Tiziana Dal Pra, presidenta de la asociación Trama di Terre, en una entrevista con la revista Vanity Fair, «el matrimonio forzado se considera un delito, pero no hay ninguna campaña de sensibilización, no se hacen intervenciones en las escuelas, falta un verdadero trabajo de red».

Las muchachas que osan rebelarse contra la familia tienen una vida muy difícil. «Viven en una soledad enorme (…) sienten que no solo son desobedientes, sino que crean el riesgo de lacerar sus familias. Les motiva el deseo de libertad, de pensar en un futuro diferente, pero todavía no tienen a nadie que las acompañe para afrontar este nuevo futuro con las herramientas adecuadas, porque toda la sociedad que las rodea no está preparada», explica Dal Para.

De hecho, el problema de los matrimonios arreglados no tiene una solución fácil, pero la participación de la sociedad puede tener un papel crucial. Cuando las jóvenes sepan que pueden recibir ayuda y protección en cualquier situación difícil, podrán decidir libremente su futuro sin temer la violencia de los padres.

*Sputnik

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