Guernica, un pedazo de Europa

Todavía me acuerdo de memoria  de muchas cosas. Me acuerdo de memoria es como decir  “muy mucho”,  o algo así,  es una construcción viciosa, porque, ¿con qué se va a acordar uno, con el codo, con el hígado? …, pero no importa, uno dice me acuerdo de memoria y a todo el mundo le parece bien y nadie  se escandaliza.

Por Juan Chaneton*

*jchaneton022@gmail.com

Entonces, ¿por qué tanto escándalo con unos dichos que no dijeron lo que casi todos  entienden que dijo el Presidente y que, por eso, deberían valer, apenas,  esos dichos, lo que vale el pito, y ya se sabe que nunca hay que abonar por éste más de su valor de mercado. Aclaremos, de movida, que hay algunos que entendieron mal  esos dichos pero hay otros que entendieron bien pero hacen como que no entendieron porque no entender les sirve para seguir tejiendo, en la rueca de su propia  inquina,  el  basto lienzo de la calumnia disfrazada de información.

Enojarse porque a uno lo llaman indio en vez de decir sí señor yo soy indio, equivale  a postular que el indio y la indianidad son un disvalor.  Ahí está el racismo, no en decir que los brasileños vienen de la selva y los mexicanos de los indios. Esto no es verdad,  pero esta no verdad no instituye a nadie  (o, por lo menos, a  Alberto Fernández) en el lugar del racista. A lo sumo desnuda algún bache cultural o de información histórica. Pero en esto, el político latinoamericano que pueda tirar la primera piedra … que lo haga.

Lo cierto es que la buena prensa ha salido a destruir al Presidente y a todo lo que él  y Cristina Kirchner  representan: el obstáculo más tangible e impensado para que la derecha pueda implementar  el ajuste con que sueña el poder real de la Argentina. Por eso Pfizer. Por eso “los barcos”. Por eso los dichos de Florencia Donovan en La Nación del 11/6: todo  -o bastante-  está mejorando en la Argentina  -dice la diva mitrista-  pero no por obra del gobierno sino por el azaroso discurrir de los asuntos globales. En otras palabras, o palabrotas: lo que Alberto hace bien, lo hace de pedo.

Hecha la aclaración de que en los dichos del Presidente no hubo ni un adarme de  discriminación,  agregamos que ni los mexicanos son aztecas, ni los peruanos incas, ni los brasileños indígenas del Matto Groso, ni los argentinos mapuches. Siamo tutti hijos de España y Portugal , y de Italia un poco más los argentinos.  Iberia nos “descubrió” y, a partir de Tordesillas, nos “fundó” a su modo, es decir, mediante la violencia de los colonizadores, al tiempo que  éstos también “fundieron”  las civilizaciones que aquí encontraron. Las exterminaron y los residuos étnicos que sobrevivieron a la barbarie permanecieron en estado de latencia existencial incluso hasta hoy. La impronta portuguesa y española, así, las tuvo todas consigo como para perdurar, de modo dominante, a lo largo y a lo ancho de Centro y Sudamérica. Las etnias afro, claro está, llevaron lo peor:  un fraile bueno como Las Casas aconsejó a su majestad romano germánica,Carlos V, no esclavizar a los indios sino a los negros porque  aquéllos  tienen alma y éstos no,  así lo decía este buen hijo de Dios. ¡Pie Jesu … un dulce el fray…! Después lo pensó mejor, parece, y defendió por igual  a negros y cobrizos  mientras dejaba en manos de Juan Ginés de Sepúlveda todo lo relacionado con la explotación de la nueva mano de obra.

Cherchez la femme, se dice cada vez que hay un inconveniente y se busca su causa. Machirulismo al margen,  Cherchez a Borges, deberíamos decir nosotros porque, quién va a ser sino el Georgie el responsable de todos estos guisados y desaguisados que han motivado el ingreso a la liza de presidentes en ejercicio, de presidentes mandato cumplido y de intelectuales e intelectualas que ejercen de tales  así sea que cumplan o no cumplan con los estándares mínimos de originalidad y solvencia que, se supone, deberían exornar tal función.

Pues este asunto de los barcos  es una travesura más  -una lúdica travesura más- de Borges, que ya en 1929, con la publicación de Cuaderno San Martín, empezó a batir el parche ese de que  las proas vinieron a fundarnos la patria, cuando lo que ocurrió, como queda dicho, es que esas proas vinieron  a cualquier cosa menos a fundar una patria y, si eso ocurrió o pareció ocurrir, fue de chiripa y como epifenómeno de un apetito nada heroico, por cierto:  fumarse el oro y la plata. No encontraron nada de eso, pero el gasto ya estaba hecho y aquí se quedaron. Así fue como “nos fundaron”.

Síntesis 1: los que llegaron a las Américas a través del mar lo hicieron en barco, no en avión,  de manera que descender de los barcos, en principio, es de todos.  El Cortés de la Malinche, el largo atardecer del caminante Cabeza de Vaca, Don Pedro ahíto de vino y  rosas y Juan Díaz que ayunó para que los indios comieran, todos ellos son nuestros europeos  padres fundadores. Síntesis 2: el que se escandaliza porque le diijeron que viene de  la selva o de los indiios … ése es el verdadero racista.

Mucha inmigración italiana y española  (en ese orden) no autoriza a decir que somos europeos en el exilio, como también dijo Borges. O lo somos tanto como los latinoamericanos lo son.

Sin contar con que ninguna europeidad debería ser timbre de honor para nadie.  De los titanes  prehoméricos  que poblaban la Tierra proceden beneméritas luminarias europeas que son las que, al fin y al cabo, constituyen la genealogía de Arquíloco y Homero, de Pitágoras y de Hypatia, cuyo cuerpo desnudo y bello fue raspado con conchas de caracoles rotos para que, finalmente y desollada viva, se desangrase sufriendo y purgase, de ese modo, su  falta: el saber tanta matemática  como nadie en su tiempo,  como no debería haber osado saber una mujer, inaceptable  pecado para unos padres de la iglesia que, con su inconmensurable instinto animal, han dejado, imborrable sobre las mejillas del cristianismo, el rubor rojo de la vergüenza y del oprobio.

Por lo demás, descender de la inquisición cristiana o del nazismo no es moco e’ pavo, de modo que no se entiende muy bien tanto interés por contar con semejante genealogía. Pues Europa no es sólo Goethe y Schiller;  Quevedo y Lope. Tampoco Alighieri pues nuestras pretensiones elitistas dan más para opera bufa que para comedia. Europa también es ese viejo continente con sus noches que …  otra que Cabiria: las de san Bartolomé, en la cultísima Francia,  y su entenado macabro de una olvidable modernidad occidental, la de los cuchillos largos. ¿Quién quiere venir de esas masacres?

A pesar de éstas y otras razones, también nos damos cuenta de que los políticos  -y los que no son políticos pero se parecen a ellos-  creen que la cultura es un adorno al modo en que lo eran las damas de una corte o al que lo son las flores en un búcaro pintado de carmín. Sin embargo, De Gaulle no se asesoraba con el ministro de transportes o con el de economía, se asesoraba con Malraux. Hasta Busch, que decía grecios en vez de griegos, tenía interlocutores aceptables en materias ajenas a sus conocimientos, que eran todas.

Entonces, mejor sería no meterse a vestir camisones estrechos. De lo contrario, y aunque no seamos racistas, se nos mezclan Octavio Paz, Carlos Fuentes, Macedonio Fernández, el Chacho Peñaloza, la Negra Camuya, la Madre Teresa y hasta la Perla del Once y Lito Nebbia y así,  debido a que nadie nos dice que Tenochtitlán no agota a México ni el Mato Groso al Brasil, le terminamos subiendo el precio a Felipe Calderón y a Bolsonaro y su “selva”, como si en esa foto el fascista se hubiera transfigurado en  el doctor Schweitzer de Lambaréné o en el Ernesto Cardenal de Solentiname. ¡No se puede creer!

Y un furcio adicional, también. Como Macri, que le pidió perdón al rey en nombre de Mariano Moreno, AF se mostró solícito a un extremo que nadie le reclamaba:  estamos en el veraz  -le supo decir a Pedro Sánchez-,  pero no es de mala fe, sólo somos europeos en dificultades financieras. Lucecita roja que se prende y se apaga, aquí.

La materia de la memoria es el pasado y me acuerdo de memoria  -como así dice el párrafo inicial de esta nota-  de muchas cosas, por ejemplo, de un poema de Octavio Paz llamado “Pilares”. Juan Rodolfo Wilcock decía que, tratándose de Octavio Paz, ni hace falta decir que es el peor poeta del mundo, y tal vez tuviera razón, vaya uno a saber, son cosas de poetas esas. Pero yo recuerdo, a salto de mata y como a chispazos o retazos, que tu frente es la terraza que prefiere la luna … yo me pierdo en tus ojos y al perderme te miro, en mis ojos perdida … con mi tacto y mi lengua, deletreo en tu cuerpo, la escritura del mundo, y así sucesivamente, como decía una maestra mía. No parece la mejor poesía, claro. Es un poco como Neruda en su peor versión romántica. Pero … ¡qué eficacia la de estos versos para acercarse a una mina de aquéllas y abordarla  -en mi caso, con suerte generalmente esquiva-  para susurrarle, como sin querer, la conveniencia de poner sus ojos en uno! Eficacia, digo, pues aunque la derrota fuera siempre el resultado cantado, igual servía, el bueno de Octavio, como inspiración para entrar en ánimo y tirarse a la pileta.

¿Y que tendrá que ver todo esto con una nota sobre Alberto Fernández?, preguntarase alguien. Bueno, por de pronto, Alberto citó a Octavio Paz, o se lo endilgaron como cita, no importa si bien o mal, sólo importa que los que lo criticaron cultivan un perfil cultural llamativamente berreta que  denuncia a las claras y desde lejos que sólo les falta hablar, y encima están en la televisión como animadores, conductores, decidores de banalidades  y gárrulos al uso de una ralea impresentable.

De modo que, con o sin Octavio, a no hablar más del tema. Ahora, hay otro tema. Vayan y contágiense  -dijo el Presidente-, es decir, vayan y eviten el contagio, agregó, pero  era tarde porque un periodista del nivel de Jonatan Viale ya había conseguido un texto de Abadi que, debidamente anotado en un machete, le servía para leer, con señalado éxito de crítica y de público, la definición de acto fallido. Es el nivel que hay en la televisión argentina; es lo que hay. Eso es lo que la tevé nos revela y nadie se rebela.

Felizmente, no se la agarraron con Donda, que como tercero imparcial para decir si el Presidente discrimina o no, no parece la más indicada: a tono con sus desatinos de ayer, acaba de adelantar opinión diciendo que el Presidente es maravilloso, poco más o menos. Todo mal, estos detalles.  Opera bufa, ratifico. Mejor sería conseguir mucha madera y hacerse una balsa para irse por ahí a curtir otros naufragios. Menos mal que nada de esto es lo esencial. Veamos.

En todo caso, lo trascendente que dijo Alberto en estos días es que el capitalismo no sirve y que la tierra improductiva es inaceptable. Lo del capitalismo lo dijo así:  “Es hora de entender que el capitalismo no ha dado resultados. Los países de ingresos medios como la Argentina, se parecen cada vez más a países pobres. El capitalismo ha generado desigualdad e injusticia”. Lo de la tierra, lo dijo así: “No tiene sentido guardarla ahí para que, el día que se muera, un hijo lo herede. Tiene mucho más sentido volverla productiva hoy, y que en ese lugar alguien construya techo donde van a crecer sus hijos y sus hijas”.

Nadie dijo mucho sobre el tema, salvo la derecha, que salió a advertirle al Presidente que ni se le ocurra. Y se entiende que ello haya sido así. Los medios están  en manos del enemigo del pueblo que dice que no es  su enemigo sino que  dice que quiere terminar con la pobreza creando riqueza, para lo cual hay que permitir que vengan al país los creadores de riqueza que van a venir cuando haya cuatro millones de empleados estatales en la calle porque, de ese modo, baja el  déficit fiscal  y  así los  “inversores”  ganan en confianza. Eso dice la derecha, que es la propietaria de los medios.

Y como los medios están en manos de ellos la narración de la historia corre por cuenta de ellos, por eso han estado hablando todo el tiempo en este último tiempo, de los barcos de Alberto y la mar en coche.  Claro que si esto es así no se entiende mucho cómo hacemos para inspirar nuestras estrategias en  Gramsci.  Pretender la construcción paulatina  de hegemonía cultural en la sociedad cuando los que cuentan lo que ocurre no somos nosotros sino ellos es un experimento cuyos resultados van quedando a la vista cada vez más. En fin,  que la ecuación la despeje Paenza porque, a lo que parece, en este país no la tallan ni Gramsci, ni Lenín … ni Octavio Paz.

Si, como dijimos en la síntesis primera, mexicanos, brasileños, peruanos, paraguayos, argentinos y uruguayos (la enumeración no es taxativa) somos tan indios y tan europeos como los indios y los europeos, ello sale al cruce, también, del mismo error en su forma elegante: ellos (los mexicanos) tienen un origen, en cambio nosotros (los argentinos)  tenemos un comienzo, se ha dicho. Falso. Con la falsedad de la apariencia. Pero penetrar la dura piel de la apariencia no es para cualquiera, aunque ese cualquiera sea un infatuado aturdido por las luces del  centro.  En materia humana, nada tiene origen ni comienzo, sólo hay procedencia y emergencia y las culturas luchan contra la evidencia espantosa de que sólo la oscuridad y el barro nos preceden y parieron. Así lo dictaminó Nietzsche, aunque el problema de este hombre siga siendo que sus verdades son demasiado  inquietantes  como para que la humanidad haga con ellas otra cosa que ignorarlas.

As坙 todo, la reflexión  final nos está indicando que nuestra infinita estupidez viene de lejos y es una estupidez de clase.  Cuando la oligarquía terrateniente  gobernó, lo hizo en la sociedad y en el Estado. A partir de 1912, con la ley Sáenz Peña, empezó a hacer las valijas.  Finalmente, se fue. Le dejó la posta al radicalismo. Pero se fue del Estado, no de la sociedad. Soltó lastre, porque el barco se hundía y, para mantenerlo a flote hacía falta un capitán pujante y más diestro. Pero se las ingenió muy bien para mantener su influencia social bajo las formas ideológicas más diversas: una estética, unas costumbres, unos prejuicios, unos valores, unos modelos de país y, sobre todo, una antojadiza autopercepción acerca del lugar de procedencia y de pertenencia de los argentinos: esto de que somos  “europeos”  es un arbitrario e interesado invento de la oligarquía fundadora de la patria, que así también se autodenominaron ellos mismos.

De modo que es la ideología del dominador y no la del dominado la que contamina la cabecita del dominado. Y ese elitismo estúpido grazna por el pico de un tontuelo medio pelo que supone que Europa nos ve de tal o cual modo cuando lo contundentemente cierto es que Europa ni nos ve ni le importa vernos.

Y a todo esto, ¿qué dirá no el santo padre, que vive lejos, sino el pobre padre, que vive cerca, aquí en Guernica, que se le llueve el hijo, y a ese hijo no le resulta fácil ir a la escuela bien vestido y con cuadernos, sabe ese hijo qué es la play, sabe que es como la copa, se mira y no se toca, la sueña, nada más, no es para él,  él es de Guernica,  es un europeo, un europeo en su propio exilio, como su padre, qué estará pensando  su madre, que se revela  y se rebela, indignada contra el miedo, armada con el odio?

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