La ‘obra del siglo’ turca podría establecer un nuevo orden en los umbrales de Rusia

Turquía busca iniciar una nueva era para el país a partir del centenario de la República, que se celebrará en 2023. Uno de los proyectos de mayor envergadura es la construcción del canal de Estambul, una vía fluvial que complementará al estrecho de Bósforo. Sputnik analizó qué riesgos y beneficios trae consigo este proyecto.

Por Denis Lukyanov*

En 2023 se cumplirán 100 años de la proclamación de la República de Turquía por parte de Mustafa Kemal. Se trata de una fecha muy importante para el presidente Recep Tayyip Erdogan, quien está detrás de los planes para conmemorar el centenario.

Los proyectos incluyen la construcción del aeropuerto de Estambul y «el primer contacto» turco «con la Luna». Además, con la ayuda de Rusia se está construyendo la central nuclear de Akkuyu. Está previsto que las obras se concluyan en 2023. Pero la construcción del canal de Estambul es, quizá, el proyecto más relevante de todos. Pero, ¿por qué es tan importante?

El estrecho de Bósforo es una ruta marítima muy transitada y Turquía necesita una alternativa para facilitar el acceso desde el mar Mediterráneo al mar Negro —a través del mar de Mármara— y viceversa. Pero no es tan simple construir una ruta alternativa al Bósforo. En este caso, entran en juego ciertos factores políticos y económicos.

Preguntas sin responder

El aspecto político-militar de la construcción del canal de Estambul es bastante controvertido y tiene que ver directamente con la seguridad de Rusia y otros países que tienen salida al mar Negro. Ankara ejerce el pleno control sobre los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos. Pero los países ribereños del mar Negro tienen acceso a través de los Estrechos Turcos tantos en tiempos de paz como de guerra.

Turquía puede cerrar el paso por los estrechos si considera que existe un peligro militar. El documento que regula el uso de los estrechos es la Convención de Montreux, firmada en 1936. El documento sigue vigente, aunque desde su firma se han introducido varias enmiendas.

Los países que no tienen salida al mar Negro también pueden entrar en sus aguas, pero existen ciertas limitaciones en cuanto a su desplazamiento, tipo de nave y el plazo que pueden permanecer en el mar Negro. La limitación más importante introduce la prohibición al paso de portaviones. Sin embargo, Rusia no ha tenido problemas con el buque militar Almirante Kuznetsov porque está clasificado como ‘crucero de aviación’ y no como portaviones.

EEUU violó en varias ocasiones la Convención de Montreux cuando sus buques se quedaron en las aguas del mar Negro incluso después del finalizar el plazo para su permanencia en la zona.

No queda claro si la Convención de Montreux se aplicará al canal de Estambul. Con toda probabilidad, Ankara insistirá en que no. Lo hará no solo por razones militares y políticas, sino también comerciales. Rusia teme que de esta manera Turquía tratará de permitir la entrada de cualquier tipo de buque militar estadounidense en el mar Negro, es decir, acercarse peligrosamente a Crimea y otras regiones del sur de Rusia.

Esto pondría en peligro la estabilidad en el Cáucaso norte y posiblemente podría tener tristes consecuencias para Rusia debido a ciertas políticas ucranianas. En cualquier caso, los buques extranjeros tendrían que pasar por el estrecho de los Dardanelos antes de llegar al Bósforo. Pero es posible que en el futuro Ankara decida resolver este problema también.

Dinero y posibles peligros

Según los acuerdos internacionales, Turquía no cobra dinero por el tránsito de buques comerciales por el Bósforo. Esto seguramente va en contra de los intereses de Ankara. Las autoridades turcas planean usar el futuro canal de Estambul para obtener beneficios.

Está previsto que el coste de construcción gire alrededor de los 15.000 millones de dólares, mientras que los beneficios anuales alcanzarían los 1.000 millones de dólares. En otras palabras, aproximadamente en 15 años Turquía será capaz de recuperar el dinero invertido en el canal. No obstante, hay quienes dudan de que la ruta con peaje tenga más popularidad que el mismo Bósforo.

En realidad, para la mayoría de las compañías sería más lógico ahorrar y esperar en la cola para entrar en el Bósforo. Pero parece que ya existe una solución que les convendría a los turcos. Las autoridades tienen el derecho de inspeccionar los buques antes de su entrada en el Bósforo y de esta manera podrían endurecer el control para que las compañías opten por el nuevo canal.

Otra cuestión importante es la seguridad del tránsito de buques que pasan por el Bósforo, el estrecho que divide Estambul. En particular, si un accidente a gran escala tuviera lugar mientras un buque atraviesa el estrecho, este afectaría las vidas de millones de habitantes de la segunda ciudad más grande de Europa. Un ejemplo emblemático sería la explosión de nitrato de amonio en Beirut, Líbano, ocurrida en agosto de 2020.

El tránsito por los Estrechos Turcos y el mar de Mármara es intensivo y de vez en cuando suceden incidentes. Por ahora se ha logrado evitar sucesos a gran escala en la parte central de Estambul. El nuevo canal permitiría reducir los riesgos porque su ruta se ubicaría al este del estrecho de Bósforo.

Sin embargo, el gran problema radica en que las autoridades turcas ya tienen previsto urbanizar las costas del nuevo canal.

Hay otras preocupaciones como, por ejemplo, el posible descenso del nivel del mar Negro, la perturbación en el ecosistema del mar de Mármara que ya sufre de problemas ecológicos, el déficit de agua potable en Estambul y el posible aumento del riesgo de sismos en la zona.

Por ahora, las autoridades afirman que el proyecto es seguro y con toda probabilidad seguirán adelante con la ‘obra del siglo’ turca. Es una cuestión de imagen y de ganancias para Turquía en la escena internacional.

*Sputnik

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