Una abogada, una pediatra y una profesora en el Túnez rural: «Los derechos de las mujeres han retrocedido»

Túnez cuenta con una legislación que ha facilitado la integración de la mujer en la vida pública.

Las tunecinas se pueden divorciar, la poligamia está prohibida e incluso se permite el aborto.

En Zarzis las cafeterías parecen reservadas para los hombres, pero las apariencias engañan. Las mujeres, jóvenes y niñas, comparten las calles con ellos. Recorren largos trayectos bajo sol para ir a escuela o a sus puestos de trabajo. Hay mujeres en todos los ámbitos: atienden los comercios, hay profesionales en hospitales y laboratorios, profesoras en los colegios, recolectoras en los campos, apenas hay espacios donde no las veamos. Pasa algún que otro coche con una mujer al volante. En zonas rurales de Túnez están muy presentes, acostumbradas a llevar el peso de sus familias donde los hombres intentan probar suerte emigrando.

Ellas se quedan. Se quedan al frente del hogar, de la familia y de sus cuidados. Suad, Chedlila y Dalal se citan siempre que pueden en una cafetería con vistas al mar. Basta con pararse a escuchar sus reivindicaciones para comprender que su realidad es distinta. Son conscientes de que viven en un pequeño oasis dentro del mundo árabe.

Se enorgullecen del marco legal que ha amparado a la mujer tunecina, han disfrutado de libertades difíciles de encontrar en el mundo árabe. Pero las cosas parecen estar cambiando, en especial, en las zonas rurales la igualdad peligra. Sin embargo, no tienen inconveniente en soltarse la melena al aire, detrás de los velos hay mujeres valientes que denuncian un retroceso en los últimos 10 años.

 Chedlila, Dalal  y Suad en una cafetería de Zarzis
Chedlila, Dalal y Suad en una cafetería de Zarzis.

Las tres se sientan, emocionadas, mientras se ponen al día. Saben perfectamente quién es cada una. «Una pediatra, una abogada y una profesora», dice Suad orgullosa. «Lo hemos tenido muy fácil. Mi generación lo tiene más fácil que la de mis alumnas», interrumpe Dalal. Ella es profesora en un instituto, una mujer muy convencida del poder que tiene la educación para el empoderamiento de las mujeres.

«Túnez es un país musulmán y nuestra sociedad no es ajena a las normas sociales que impone la religión. La suerte que tenemos es el Estatuto Personal de la Mujer y fuimos pioneros en los derechos de las mujeres», asegura Chedlila Mkasham. Ella es abogada y tiene un despacho propio en Zarzis. Lleva divorcios a mujeres y defiende, hasta el final, los derechos de las mujeres. Las tunecinas, recuerda, se pueden divorciar en cualquier momento, no se permite la poligamia e incluso se permite el aborto.

«Lo tenemos mucho más difícil en los últimos 10 años»

«Mi padre, si estuviese vivo, cumpliría ahora 96 años y jamás se opuso a que yo fuese a la universidad, viajase o fuese una mujer libre. Mi padre era muy abierto», recuerda Chedlila. «Es cierto que me casé por presión social y familiar», aclara, pero también es cierto que se pudo divorciar, algo que no siempre es posible en un país musulmán y, en cualquier caso, siempre resulta complicado para las mujeres.

«La mujer que quiere proteger su libertad lo tiene mucho más difícil en los últimos 10 años. En las escuelas vemos cómo visten ahora a niñas de 8 y 9 años, con hiyab», denuncia la abogada, consciente de que se ha producido un retroceso con la reislamización que ha vivido el país en las últimas décadas. Túnez tras su independencia fue gobernada durante décadas por Habib Bourguiba, que para modernizar el país lo hizo de la mano de los derechos de las mujeres. «No era laico, era musulmán y defendía un islam progresista», aclara Suad. Ella tiene 56 años y tiene su propia clínica de pediatría. El estatuto personal —las normas que regulan la vida personal y familiar— se aprobó en 1956 y es uno de los más revolucionarios en lo relativo a derechos y libertades en los países árabes y musulmanes.

Se paran para pedir un café, un té y un refresco. Las tres han estudiado en grandes ciudades y han viajado al extranjero. Sus caminos se han cruzado en el sur. «Aquí emprender es más fácil», asegura Suad. «En las ciudades grandes las mujeres tenemos más competencia todavía», asegura. Suad abrió una consulta privada tras trabajar muchos años en un hospital público. Ha contado en todo momento con el apoyo de su marido y tiene cuatro hijos.

«Yo también me vine al sur pensando que era más fácil. Mis padres son originarios de Zarzis, pero vivíamos en la capital», explica Chedlila. Sus madres no sabían leer, ni escribir, pero les han dado la oportunidad a ellas. «Recuerdo que mi madre se sentaba a aprender con nosotros cuando hacíamos los deberes», dice.

Emprender no es fácil

En 2015, un informe del Ministerio de la Mujer revelaba que el 8% de las empresas tunecinas estaban dirigidas por mujeres, una cifra muy baja teniendo en cuenta que dos tercios de los graduados universitarios son mujeres.

Las mujeres emprendedoras en Túnez no lo han tenido fácil. Hasta principios de los años setenta las mujeres no podían ser propietarias de medianas empresas. Esto ha hecho que ellas hereden una actitud distinta a los de los varones. En encuestas y estudios realizados, ellas reconocen como barreras sociales las tradiciones y el entorno familiar. Pero son muchas, como Suad o Chadline, las que han elegido ser autónomas, crear su propio puesto de trabajo. A ellas se le sigue exigiendo un aval familiar para acceder a créditos y ayudas.

«En la escuela veo el retroceso»

Dalal es la más joven, tiene 35 años. Ella hizo contabilidad y se presentó a las oposiciones de educación. Ahora es profesora de Secundaria en un instituto de Zarzis. Se preocupa mucho por lo que ve en la escuela. «Amo dar clase y veo en mis alumnos la sociedad que estamos construyendo», dice. Muchas niñas llegan a una edad temprana y la cuestión del matrimonio está presente», denuncia la profesora. La edad de los matrimonios para las niñas se ha adelantado.

«Ahora veo a muchas niñas con el hiyab cuando a mí jamás nadie me lo ha impuesto», explica. En los últimos años los Hermanos Musulmanes y el partido conservador Ennahda han conquistado más espacio político. Los derechos de las mujeres han sido la moneda de cambio. El régimen de Ben Ali hizo concesiones a partir de los años 80. Ahora no se han hecho avances en materia de igualdad. «Más bien ha sido una década de pérdidas», dice Suad.

Túnez cuenta con 11 millones de habitantes. El 40 % de la población vive en zonas rurales y desérticas. Durante los últimos años, las corrientes islamistas se han abierto camino en las zonas más rurales. “El nivel educativo es más bajo, la situación económica es precaria y los puestos de trabajo son para ellos primero”, dice Dalal.

En las zonas rurales viven en una situación de vulnerabilidad

En las zonas rurales, donde más hacen falta, la paradoja es que la situación de las mujeres es más vulnerable. Por ejemplo, las que se dedican al campo “cobran menos que los hombres, las persiguen y no pueden moverse libremente”, aseguran. De vez en cuando aparecen malas noticias de mujeres que trasladan masivamente en trasporte inadecuado y sufren accidentes.

Este país, además, cuenta con un Código del Trabajo que recoge la igualdad de condiciones entre hombres y mujeres. “Los salarios no podrán ser discriminatorios por sexo y la mujer puede elegir libremente acceder a un puesto laboral y el cónyuge no debe oponerse”, asegura. Pero estas normas son difíciles de aplicar en estas zonas, denuncia la abogada, que las mujeres sufren discriminación salarial y en muchas ocasiones ni siquiera se trata de un empleo que esté remunerado.

Ellas consideran imprescindible su independencia económica para mantener su autonomía con respecto a sus parejas y a la familia. La legislación ha facilitado la integración de la mujer en la vida pública. Es de los pocos países que ha desarrollado políticas de planificación familiar y control de la natalidad.

Sienten nostalgia por el pasado. Sienten que todo se lo deben a las feministas de los años 60 y 70. «Yo jugaba al tenis y básquet», dice. Ahora los roles están mucho más divididos. Su mirada es desafiante. Su voz resuena en un lugar agrícola. El desierto que les rodea no es un límite. Son conscientes de los retos que tienen por delante: “No podemos dar pasos atrás y no los vamos a dar, porque los conservadores se topan con un marco jurídico muy sólido”.

RTVE

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