EDITORIAL.- El mundo merece conocer la verdad

Recientemente se ha abierto la veda a la especulación sobre el origen no natural del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la actual pandemia que vivimos. Las teorías sobre su origen oscuro, rechazadas y mal vistas por los estamentos oficiales occidentales aún hoy, retoman su debate en la opinión pública. Eso sí con un culpable señalado desde las altas instancias de EE.UU.: la República de China.

El pasado 20 de junio el asesor de Seguridad Nacional de EE.UU., Jake Sullivan, afirmó que Washigton y sus socios continuarían presionando a Pekín hasta que se llegue «al fondo de cómo apareció este virus en el mundo». Pekín, por el contrario, consideró de «abierto chantaje y amenaza» las declaraciones de EE.UU.

Por el camino resulta que la OMS ha visitado China en dos ocasiones y que a finales de marzo, presentó las conclusiones de su investigación sobre los orígenes del coronavirus que contemplan la transmisión a partir de murciélagos hacia otro animal y posteriormente a los humanos como el escenario más probable del inicio de la pandemia, mientras que consideró la posibilidad de que se debiera a una fuga de un laboratorio como algo «extremadamente improbable».

Sin embargo el pasado 13 de junio, el presidente de EE.UU., Joe Biden ordenó a la inteligencia de su país que «redoblara» sus esfuerzos para determinar los orígenes del virus y que le informara al respecto en 90 días, apuntando a Pekín.

¿Qué está pasando realmente? ¿La postura de Biden se basa en conclusiones científicas o, por el contrario, asistimos a la antesala de una nueva guerra comercial o de otro tipo entre el gigante norteamericano y *China, como sugieren algunos expertos en economía?

El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Zhao Lijian indicó que EE.UU. tiene el «mayor número de laboratorios biológicos del mundo», y reiteró sobre «la fuga de un virus» registrada en julio de 2019 de la base militar de investigación bioquímica Fort Detrick, provocando extrañas enfermedades respiratorias en el norte del Estado de Virginia. También mencionó que casi inmediatamente después de esa filtración se registró un brote de una dolencia pulmonar (EVALI), supuestamente asociada al uso de cigarrillos electrónicos con más de 2.800 casos y 68 muertes.

Sin embargo, esta denuncia de la cancillería china ha pasado desapercibida para los grandes medios occidentales, e inexistente para la prensa norteamericana.

El diplomático fue mas allá y preguntó en rueda de prensa internacional «¿Tiene la parte estadounidense la voluntad y el coraje de invitar a expertos de la OMS a realizar una investigación?».

Si indagamos, sabemos que Fort Detrick es una instalación del Comando Médico del Ejército de los Estados Unidos localizada en Frederick, Maryland, Estados Unidos y que históricamente ha sido el centro de programa de armas biológicas de los Estados Unidos.

Los datos y fechas que dan los chinos son suficientemente relevantes para que al menos la gran prensa investigue, si no la OMS, qué sucedió en ese laboratorio norteamericano y si guarda relación alguna con la actual pandemia.

A fecha de hoy, la COVID-19 ha superado la barrera de los 180 millones de casos en todo el mundo, según los datos recogidos por la Universidad Johns Hopkins. El coronavirus sigue avanzando y suma más de 3,9 millones de fallecidos.

La pandemia ha sacudido a todas las sociedades, ha generado una crisis sanitaria y económica sin precedentes. Son muchas las víctimas. El mundo merece conocer la verdad.

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