China consolida su poder para no acabar como la URSS

Este 1 de julio el Partido Comunista de China cumple 100 años. Esta fiesta nacional también se ve marcada por el 24 aniversario de la reunificación de Hong Kong con China. El PCCh se esfuerza por unir al país que se dividió en el pasado, pero no impone su ideología a los territorios que se quedaron fuera del seno de Pekín.

Por Denis Lukyanov*

La coexistencia pacífica de todos los territorios chinos es el principio que el Gobierno chino más valora. La unidad del país es la meta principal del Partido Comunista. Uno de los logros de mayor peso fue el regreso de la ciudad de Hong Kong en 1997 al seno de la nación. La ceremonia de traspaso de la soberanía coincidió con el 76 aniversario de la fundación del PCCh.

Al evento solemne asistieron el entonces presidente chino, Jiang Zemin; el entonces primer ministro británico, Tony Blair; el príncipe de Gales, Carlos; y la entonces secretaria del Estado de EEUU, Madeleine Albright.

Aquella ceremonia marcó el inicio de una nueva era para China. Se puso fin a la época colonial británica en Hong Kong, que había durado 156 años. La ciudad recibió una amplia autonomía, igual que Macao, que regresó a China el 20 de diciembre de 1999. El llamado período de transición durará 50 años. Para 2047 Hong Kong habrá concluido el proceso de integración en la República Popular China. Pero en realidad no todo es tan simple.

Un país, dos sistemas

A lo largo de más de un siglo y medio de dominio británico, Hong Kong se formó su propio sistema político y económico. Una sola autonomía no fue suficiente para coexistir dentro del mismo Estado. El PCCh ofreció un modelo que podía convenir a todos: el llamado principio de un país, dos sistemas.

Este principio originalmente fue ideado por el líder chino y arquitecto de la China moderna, Deng Xiaoping. Se aplicó por primera vez en 1997, y desde entonces sigue en vigor en Hong Kong aunque hayA inconvenientes. Y es que un gran problema preocupa a muchos hongkoneses.

Pekín paulatinamente consolida su poder y aumenta su control sobre la autonomía. Y lo hace antes del plazo previsto de 50 años. El rápido crecimiento de la autoridad de Pekín en este territorio provocó la indignación de una parte de la población, lo que desencadenó la ola de protestas.

En julio de 2019 los manifestantes incluso irrumpieron en la sede de la legislatura de la autonomía y trajeron consigo la bandera de la Hong Kong británica. Los jóvenes no entienden por qué China quiere imponer su propia visión del sistema político sobre el territorio autónomo. Pekín, a su vez, ve peligrosa la existencia de una entidad demasiado soberana dentro de su propio territorio.

El principio de un país, dos sistemas sí funciona en Hong Kong, pero Pekín quiere tener las riendas y ejercer el control absoluto sobre toda China. Por eso recurre a una táctica que supone una leve reducción de la soberanía de sus autonomías.

Además, en Hong Kong prevalece un sentimiento proccidental que es visto como peligroso no solo para la propia ciudad, sino para toda la nación. Y esta es la razón detrás de la política de las autoridades del país asiático.

Si Pekín no consolidara su poder en todo su territorio, teóricamente podría acabar como la URSS. Pero las consecuencias geopolíticas de semejante evento serían mucho más amargas que la disolución de la Unión Soviética.

Integridad territorial ante todo

El principio un país, dos sistemas inicialmente iba a ser una propuesta del Gobierno chino para Taiwán, quien se denomina a sí mismo República China y reclama su soberanía incluso sobre la China continental. Taiwán es un país capitalista y aliado de EEUU, que se formó tras la derrota del bando nacionalista en la guerra civil china. Sus partidarios huyeron a la isla, donde crearon su propio estado no reconocido.

Pekín insiste en que vuelva a ser parte de China, pero la cúpula dirigente taiwanesa rechaza oficialmente el principio de un país, dos sistemas e incluso en ciertas ocasiones habló de la necesidad de proclamar la independencia de la isla. Pekín afirma que no lo tolerará, y hasta se barajaba una solución armada al problema. Pero afortunadamente ninguna de las dos partes ha ido más allá.

La oferta de Pekín sigue en vigor, pero mientras que Taiwán permanezca bajo la influencia estadounidense, la reunificación parece poco probable.

El líder espiritual del Tíbet, el dalái lama Tenzin Gyatso, que vive en exilio, expresó su interés en el principio un país, dos sistemas y planteó la posibilidad de aplicarlo a dicha región china. Pero es evidente que Pekín no cederá más autoridad a las regiones que ya tienen el mismo sistema que el resto de sus provincias. Especialmente, si se trata de las provincias autónomas como el Tíbet y Xinjiang.

La situación en estas dos regiones es difícil. Por eso en este caso el principio en cuestión no es aplicable. Un país, dos sistemas solo podría servir para los territorios donde desde hace mucho tiempo tenían otros sistemas político-económicos. Entregar nuevas autoridades a las regiones que ya forman parte de China es poner en riesgo la integridad territorial del país.

A menos que Pekín cometa este error, todo estará en orden. Los individuos a cargo de China son perspicaces y usan el principio un país, dos sistemas solo en su propio beneficio. Así que a día de hoy y afortunadamente para el PCCh y todos los chinos, es casi imposible imaginar una situación en la que el país asiático corra el mismo destino que la URSS.

Mujer con la bandera del Partido Comunista de China - Sputnik Mundo, 1920, 01.07.2021

*Sputnik

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