EDITORIAL.- Quién es España

Cansa e indigna escuchar, profusa e interesadamente, la palabra España –sumida en toda clase de flexiones interesadas-, en boca de miembros de la derecha bicéfala franquista, para, súbita y ansiosamente, dar consistencia teórica al pensamiento político de un arcaico nacionalismo dominante y al acoso a un Gobierno de coalición elegido en las urnas y sostenido por una mayoría parlamentaria democrática, al que tratan de ensuciar con acusaciones de «ilegítimo».

Independentistas, etarras, socio comunistas, son algunos de los términos que la derecha española en su camino extremo para obtener el poder, desparrama en los medios de comunicación en una especie de cruzada por la defensa de una España que no se corresponde con la realidad.

Esos “intereses de España” nada tienen que ver con el conjunto de ciudadanos que forma este Estado. España no es una bandera, un himno y una monarquía para motivar un falso relato histórico.

Las centenares de miles de familias desahuciadas, los millones de desempleados, las miles de personas que duermen en las calles,  los más de dos millones de seres humanos que acuden a los bancos de alimentos sociales, los dependientes sin asistencia, los millones de ciudadanos que sobreviven con pensiones miserables, toda esta atroz realidad es España, una España colocada en el olvido y la indiferencia de la derecha cuando ha ostentado el poder y que tampoco les duele ahora, criticando sin remilgos las medidas urgentes en el ámbito social y económico que el Gobierno de coalición ha desarrollado en en plena pandemia, situación sanitaria grave que también ha sido usada mezquinamente como arma de acoso y derribo al Ejecutivo.

La derecha se extrema cuando rechaza la realidad de las diversas identidades nacionales que conforman España, ninguneando los millones de personas que las soportan democráticamente. Dan la espalda a la democracia cuando bloquean la renovación de los órganos del poder judicial, que usan con claros intereses partidistas. Y sin vergüenza alguna sacan a pasear las banderas en nombre de su singular y arcaica españolidad.

España habla español, pero también catalá, euskera y galego. España es Cervantes, pero también es Lorca y Machado; Alberti y Hernández. España es Europa; y África; y América. España no es una sola nación: las comunidades autónomas son España. España no debe ser feudo de unos fachas que promueven el discurso de odio día tras día, porque España no es la propiedad de unos cuantos.

España no debe ser charanga y pandereta, ni lidia de toros; ni cerrado y sacristía; ni mentiras e injusticias; señores y siervos, amos y esclavos. España no es de  sangre azul, ni  tierra de caduco pensamiento.  Ahora más que nunca tiene que ser la España de la rabia y de la idea. España no debe ser una pesadilla anacrónica, sino un sueño de igualdad, justicia y progreso colectivo. España no debe ser la del alma que tiene azules luceros, mañanas marchitas entre hojas del tiempo. España necesita  la voz y la palabra, secuestrada con mentiras por unos pocos.

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