Miguel Hernández, el poeta que antepuso sus ideas a su vida

Junto a Lorca quizá Miguel Hernández sea el poeta que ha protagonizado más obras en el cómic español, quizá por su destino trágico. De hecho, Román López-Cabrera (Murcia, 1988) ya le había dedicado otro cómic antes de presentarnos este Miguel Hernández. Piedra viva (Cascaborra ediciones), una biografía en la que repasa su difícil relación con su padre, sus amores, su amistad con otros escritores, su compromiso con la causa republicana o su paso por la cárcel, donde fallecería en 1942. Un cómic imprescindible para conocer a uno de los grandes poetas del siglo XX, que nunca renunciaría a sus ideas.

Román López-Cabrera (Memoria de una guitarra, La confesión), nos cuenta cómo surgió este proyecto: «Desde Cascaborra me contactaron para reeditar Miguel Hernández. La Fontana Eterna que me publicó en 2013 el Ayto. de Orihuela (pero que, en sí, no era una biografía); sin embargo, esa era una de mis primeras obras y yo no la veía ya como para reeditarla, de modo que ofrecí hacer una biografía, que al fin y al cabo, era lo que iban buscando para la línea de Biografías en Viñetas«.

«Miguel Hernández es mi poeta de cabecera -continúa el autor-. Muy probablemente el primer poeta al que hice caso. Yo siempre he vivido muy cerca de Orihuela y, por tanto, muy en contacto con el ambiente hernandiano, y desde los 15 años, más o menos, estoy yendo y viniendo a la vida y obra del poeta (he musicado poemas que canto todos los años en homenajes, le he dedicado poemas, he pintado murales, he ido muchas veces a leer mis poemas a su casa junto con un grupo de aficionados a la poesía). Sigue siendo, aún hoy, el poeta con quien más me identifico, y un ejemplo tanto literario como vital e ideológico».

Por eso en 2013 ya se había acercado a la figura del poeta con el cómic La fontana eterna. «Fue un experimento cuyo objetivo era evidenciar la vigencia de la poesía hernandiana aún en la actualidad -asegura Román-. Eran capítulos independientes en los que personas anónimas de aquel momento, de pronto, se topaban con un poema de Miguel que resonaba con aquello que estos personajes estaban pasando. Y a través de estas conexiones viajábamos al pasaje de la vida de Miguel en que escribió esos versos o a quellos momentos a los que hace referencia».

«Piedra viva está mucho más cercana a la biografía gráfica tradicional: cuenta buena parte de la vida del poeta, centrándose más en unos u otros puntos, necesariamente, pero mostrando un abanico bastante completo de lo que fue y vivió Miguel Hernández».

Página de ‘Miguel Hernández. Piedra viva’.

«Un ser humano capaz de evolucionar»

Sobre su retrato del poeta, Román asegura que: «He intentado hacer un Miguel tridimensional. Es decir, un Miguel humano, capaz de evolucionar, desde ese muchacho joven que cuidaba cabras, al poeta que intenta hacerse un hueco en la intelectualidad madrileña, pasando por el hombre que cavaba trincheras y estaba en el campo de batalla, hasta llegar al Miguel decrépito y casi consumido de sus últimos días en la cárcel de Alicante. He intentado que todo eso se notase, tanto física como mentalmente; de hecho, una de mis obsesiones era no hacer un Miguel de cartón, sino que su carácter se viera reflejado, que supiéramos muchas de las cosas que pensaba, cómo se relacionaba con su entorno…»

«He intentado humanizar su relación con Josefina en lugar de idealizarla demasiado, y para eso me he valido de anécdotas cotidianas que contaban los propios implicados -continúa-. Anécdotas en que vemos de qué cosas hablaban, cómo era el humor de uno o de otro o cómo sus modods de ver la vida tan alejados entre sí les llevaban a choques. En ese sentido, también retratar a una Josefina que para mí fuera creíble ha sido un reto. He intentado dejar clara su actitud ante la vida, su miedo constante al qué dirán, su moral católica, esa Josefina que se moría «de casta y de sencilla» como bien escribió Miguel».

Página de ‘Miguel Hernández. Piedra viva’.

Sus versos están muy presentes en el cómic

En cuanto a cómo ha introducido los versos de Miguel Hernández en el cómic, Roman asegura: «Había momentos en que estaba acreditado que leyó tal o cual texto, y otros en que he tenido que escoger qué versos pegarían bien con la escena, pero siempre atendiendo en la medida de lo posible a que hubiera constancia de que esos versos ya estaban escritos en las fechas en que se sitúa la escena, cosa que para mí era importantísima y me ha retrasado más de alguna vez».

«Por ejemplo -añade-, cuando Miguel inaugura la Plaza Ramón Sijé tras la muerte de este unos meses antes, habría quedado muy bien -y de hecho, ya me lo han dicho en alguna ocasión- aprovechar para hacer que Miguel recitase la famosa elegía. Sin embargo, el discurso que Miguel dio en aquel momento quedó recogido en un diario local y, si leyó la elegía, al menos no hay constancia oficial de aquello. Por eso, preferí decantarme por lo que sí se sabía».

El cómic está lleno de momentos emocionantes

Los 31 años de vida de Miguel Hernández estuvieron llenos demomentos difíciles.preguntámos a Román con cual se ha emocionado más al recrearlo: «Es difícil, porque la vida de Miguel siempre estuvo llena de penurias y a mí me lleva impactando muchos años y me sigue provocando un nudo en la garganta si me pilla un poco flojo. Pero, por ejemplo, la muerte de su primer hijo, su final en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante, o cierta escena final con cierto caballito de serrín».

El cómic también da mucha importancia a su relación con otros poetas de la época como Neruda, Aleixandre, Alberti, Lorca.. «He dado toda la importancia que he podido a esa relación con sus contemporáneos -confiesa Román-. Era muy consciente de que quería dejar claras tres cosas: la gran amistad que le unió siempre a Neruda, la influencia que Raúl González Tuñón tuvo -aunque no solo él- en el cambio ideológico de Miguel y la amistad fraternal -se trataban de «hermano»- con Vicente Aleixandre, que siguió ayudando económicamente a Josefina aún después de muerto Miguel».

«Hernández no dejó nunca de admirar a Lorca -añade Román-, e incluso el asesinato de Federico fue uno de los empujones definitivos para que Miguel se alistase en el Quinto Regimiento. Sin embargo, Lorca y Alberti son dos autores que, aunque me merecen todos los respetos del mundo y son de mis poetas favoritos, difícilmente pueden quedar completamente limpios en una biografía de Miguel Hernández. Lorca no podía con Miguel -en parte por culpa de cierto elitismo del autor de Poeta en Nueva York, en parte por culpa de un exceso de confianzas una falta de medida por parte de Miguel-«.

«La relación con Alberti fue diferente: me da la sensación que fue una relación normal en la que hay encontronazos, pero que, por desgracia, estos resuenan por encima de todo lo demás. Lo que es innegable es que Alberti, Mª. Teresa León y Miguel no acabaron muy bien por culpa de un encontronazo en uno de sus últimos encuentros. Por otro lado, estos, junto con Neruda, también hicieron lo que pudieron para librar a Miguel de la pena capital», concluye Román.

Página de ‘Miguel Hernández. Piedra viva’.

Un poeta que luchó toda su vida por lo que creía

Lo que queda claro en esta biografía es que Miguel Hernández luchó por sus ideas durante toda su vida. «Es crucial para mí retratarlo como un luchador porque era crucial para él. Quiero decir: a un poeta que murió en una cárcel franquista por no renunciar a sus ideales, después de haber militado en el Partido Comunista y luchado en las trincheras del Bando Republicano no se le puede obviar el carácter social y reivindicativo porque en eso consistía su poesía «actual», la poesía de sus últimos años. Incluso la que no hablaba de guerra, la poesía escrita en la cárcel, era social en buena medida. A alguien así me parece criminal reducirlo a apelativos como «El autor de El rayo que no cesa» o «El autor de Perito en Lunas», ignorando torticera y deliberadamente su poesía social».

«¿Que si fue luchador toda su vida? Sí. Desde adolescente supo lo que quería ser y luchó con uñas y dientes para conseguirlo. ¿Si fue de izquierdas toda su vida? para nada: Miguel empezó a escribir en el ambiente católico y retrógrado de la Orihuela de la época -aun así se atrevía a hacer velados ensalzamientos a la masturbación o al deseo sexual-. Fue el contacto con la intelectualidad republicana de Madrid la que le hizo cambiar su visión de las cosas, sobre todo bajo la influencia de gente como Neruda, Aleixandre, Tuñón o Alberti y Mª. Teresa», concluye Ramón.

Página a tinta de ‘Miguel Hernández. Piedra viva’.

Dibujando a Neruda

El cómic tiene 120 páginas, lo que ha supuesto un esfuerzo extra para Ramón: «En este caso he decidido recurrir al entintado digital, previendo que me tocaría calcar de alguna foto más de una que otra vez, cuando no me saliera una cara, o para ciertos edificios históricos. En ese sentido me ha ahorrado mucho tiempo».

Además, ha contado con la colaboración, en el color, de Marina Armengol Más: «Marina me lleva ayudando a terminar las entregas hace ya unos cuantos cómics -asegura Ramón-, y, aunque hasta ahora habíamos funcionado poniéndole yo manchas de color con los tonos de los personajes y fondos y ella dedicándose al trabajo duro de pintar las formas para que yo solo tuviera que meter las sombras y la iluminación…, para este cómic hemos probado por primera vez el sistema de flats: ella ha ido pintando con colores aleatorios y yo después solo tenía que coger esas masas y sustituir el color aleatorio por el que yo boscaba. No sé si lo he explicado muy bien…»

Román López-Cabrera también destaca a los autores del prólogo y los epílogos: «José Luis Ferris es Director de la Cátedra Miguel Hernández de la UMH y autor de varios libros y antologías relacionados con Miguel, pero sobre todo, de la biografía Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, que ha sido básico en mi documentación. Aitor L. Larrabide es el director de la Fundación Cultural Miguel Hernández y gran estudioso de su figura (que de hecho, me corrigió algún que otro dato); por último, José Carlos Rovira es Catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante y lleva décadas publicando obra crítica sobre Miguel Hernández -entre otras cosas, sus obras completas-; el año pasado publicó un nuevo estudio titulado El taller literario de Miguel Hernández».

«Juntos -añade- forman un pozo de sabiduría hernandiana y, si ellos veían bien la obra, yo ya podía estar tranquilo; pero sobre todo, quiero pensar que son amigos que he ido haciendo en todos estos años de involucrarme en cosas relacionadas con el poeta y, como dudo que vuelva a hacer algo relacionado con Miguel tan exahustivo como esto, quería despedirme rodeado de amigos».

Portada de ‘Miguel Hernández.

Sus proyectos

En cuanto a sus proyectos, Ramón nos adelanta que: «Ahora mismo estoy con dos obras simultáneas que entrego, una a final de año, y otra al empezar el siguiente. La primera se titula Mad Market, compartiendo guion -y como siempre, el color- con Marina Armengol Más, y que saldrá de la mano de Cósmica Editorial -la antigua The RocketMan Project-, con un estilo totalmente alejado de mis dos últimas obras, mucho más cartoon, animado, ligero, muy loco y -esperamos- divertido, aunque también con su mensajito social, como no podía ser de otra manera. Por desgracia no puedo hablar de la otra obra que llevo entre manos; quizá solo decir que saldrá con una editorial muy nueva que, de momento solo ha publicado libros -y algún cuento ilustrado-, y con guion de una persona que admiro -aunque no viene del mundo del cómic-«.

«Y cuando entregue estas dos, me parece que ya me espera otra nueva obra con Cascaborra, que me tendrá unos meses metido en harina, pero creo que tampoco puedo contar nada de ello», concluye el autor.

RTVE

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