Pocas, cansadas y precarias: las enfermeras españolas denuncian la sobrecarga de la sanidad «a costa de sus espaldas»

En España, hay 6 enfermeras por cada mil habitantes, frente a una media europea cercana a las 9 por cada mil.

Organizaciones profesionales y sindicatos demandan estabilidad y más plazas, ante un problema que se acentuará en el futuro.

“Alardeábamos de que teníamos uno de los mejores sistemas sanitarios, pero era a costa de las espaldas de los profesionales. Con poco se estaba haciendo mucho”. Pero la pandemia ha tirado de la manta. El Consejo General de Enfermería de España denuncia el “déficit estructural” de enfermeras en nuestro país. Ya lo hacían antes del coronavirus, porque el problema, aseguran, amenaza el bienestar de una sociedad envejecida. 

“Se está traduciendo en un aumento de la carga de trabajo, en problemas de salud, en problemas en la vida social de los profesionales y en una lucha constante con la Administración”, describe igualmente SATSE. “Hablamos de enfermeros, pero también de enfermeros especialistas, matronas, profesionales de salud mental, del trabajo, fisioterapeutas…”.

Los datos: un «déficit estructural»

Detrás de sus reivindicaciones, están los números. “En España, tenemos actualmente 315.000 enfermeras, según los datos de los Colegios Oficiales de Enfermería de las distintas provincias”, aporta el vicepresidente del Consejo General de Enfermería José Luis Cobos. Descontando a las profesionales ya jubiladas, la ratio cae a seis enfermeras por cada mil habitantes, frente a una media europea cercana a las nueve por cada mil.

La organización profesional reprocha, además, la “inequidad” asociada al problema. “Tenemos grandes diferencias”, critica Cobos “Mientras el País Vasco está incluso por encima de esa media, con siete enfermeras por cada mil, en Murcia tenemos cuatro”. Las causas son múltiples, pero están identificadas e interrelacionadas. 

Fuga de cerebros

“Después de siete años estando en la profesión, solo trabajar en verano me cansó un poco”, cuenta a RTVE.es Silvia Hernández, una enfermera de Castellón que se fue a probar suerte en Alemania. “El mismo hospital te pagaba el cursillo de alemán, te facilitaba el contrato de trabajo, una estabilidad laboral y mucho mejores condiciones que aquí. Y me fui”.

No es un caso aislado: la ‘fuga de cerebros’ es una de las causas de la escasez de profesionales de la enfermería en España, quienes se encuentran con un “alto reconocimiento de la profesión en el resto de Europa”. Así lo afirma Laia Marsal, miembro de Infermeres de Catalunya en la Sectorial de Atención Primaria y presidenta del Comité de Empresa del CAP Igualada Nord del Consorci Sanitari d’Anoia. Solamente en Reino Unido, hay más de 7.000 enfermeras españolas que emigraron, según el Consejo General de Enfermería. 

La historia se repite en otras comunidades. “Extremadura se está convirtiendo en una fábrica de buenos profesionales de enfermería”, asegura el secretario de SATSE Extremadura, Damián Cumbres, que señala también el movimiento dentro del país. “Muchos de ellos prefieren irse a otras autonomías, que les dan contratos de mayor duración o más dignos”.

La calidad de la preparación de las enfermeras españolas está acreditada y probada. Tanto es así, que Silvia confiesa que se volvió porque quería seguir aprendiendo. “Llegó un punto en el que las enfermeras más veteranas me preguntaban por conocimientos técnicos a mí”, dice. “Es la razón por la que me volví de Alemania, porque las condiciones laborales sí son mejores allí”.

Un problema para la salud de la sociedad

La salud y buena forma del sistema sanitario también afecta a la salud de toda la sociedad. Lo revelan estudios como el realizado por la Universidad de Sevilla en once hospitales andaluces: cada paciente adicional que sobrecarga a una enfermera, aumenta un 19% la probabilidad de morir, de acuerdo con sus conclusiones.

Cualquier ciudadano puede observar los efectos más cotidianos. “Si intentas coger una cita en atención primaria, nos vamos a una espera, de mínimo, una o dos semanas”, ilustra Marsal. “Si una enfermera trabaja atendiendo a 18 pacientes, cuando la ratio ideal sería de ocho, el tiempo que puedes dedicar a un paciente y la calidad de las curas no es la ideal”.

En las zonas rurales, el problema se manifiesta con la desaparición paulatina de los consultorios. Además, están en juego las vitales visitas a los domicilios de pacientes con problemas de movilidad, apuntan desde el Consejo General de Enfermería. 

Ocurre dentro de hospitales, centros de salud y residencias, aunque también existan importantes brechas entre ellas. Así, en los centros de mayores y dependientes, los salarios son más bajos, pese a que “la ratio de pacientes es mucho más voluminosa que la de un hospital”, destaca Infermeres de Catalunya. La deficiencia repercute en toda la red sanitaria: en las residencias, puesto que no es necesario legalmente que una enfermera esté 24 horas en el centro, acaban recurriendo más a la atención primaria y hospitalaria.

De qué hablamos cuando hablamos de “malas condiciones”

Como una pescadilla que se muerde la cola, el exceso de trabajo es, a la vez, causa y consecuencia del déficit de enfermeras. “A la sobrecarga se suma la precariedad de los contratos que se nos ofrecen: muchos son dobles, muy eventuales… Casi que nuestro trabajo se puede asimilar a un temporero, en verano y en Navidad. Por ello, se pueden encontrar muchos casos de compañeras que abandonan la profesión, que lo combinan con otro trabajo o dejan de trabajar antes”, explica Marsal, de Infermeres de Catalunya.

Su relato coincide con la experiencia de Silvia Hernández, circunstancias que impactan directamente en sus planes de vida. “No es que no pueda conciliar, es que de momento no me puedo plantear quedarme embarazada con las condiciones laborales que tengo”, lamenta ahora, cuando ya trabaja en la Comunitat Valenciana.

Asimismo, “muchos profesionales se están jubilando con 63 años, aunque por la cotización luego pierdan económicamente”, agrega Cumbres, de SATSE Extremadura. El sindicato considera que reconocer a la enfermería como una profesión de alto riesgo sería una mejora posible para todas ellas.

La pelota en el tejado de la Administración

Porque, de nuevo, las propuestas de soluciones son variadas y se relacionan entre sí. “Tenemos un gran volumen de jubilaciones y no vamos a dar abasto para cubrirlas con el número de enfermeras que tenemos ahora en las universidades”, asegura Cobos, del Consejo General de Enfermería. “Por lo tanto, una de las primeras acciones que hay que llevar a cabo es aumentar este número de plazas en las universidades para tener más egresados. Esto ya es algo que estamos hablando con las distintas consejerías”.

El siguiente paso es que esos nuevos profesionales puedan entrar en el sistema sanitario de forma estable. “Hace 10 años que ha acabado la carrera y solo me he podido presentar a una oposición en la Comunidad Valenciana. Así es imposible sacar una plaza”, recuerda Silvia. SATSE ha denunciado recientemente el “claro incumplimiento” de las autonomías con respecto a las nuevas Ofertas Públicas de Empleo. En la actualidad, solo hay convocadas oposiciones en Andalucía, Castilla-La Mancha, Ceuta, Melilla y, también, en la Comunidad Valenciana.

“En los últimos años se ha ido cubriendo las necesidades que se iban produciendo según las circunstancias del momento, pero no se iban aumentando las cifras de profesionales como estábamos demandando”, apuntala Cumbres, de SATSE Extremadura.

El envejecimiento de la población empeora las previsiones

Pero si hasta ahora se acusaba la falta de personal en las plantillas para aproximarse a las ratios europeas, otros expertos alertan: el problema puede empeorar en el futuro. Juan José Arévalo, enfermero del Servicio de Asesoría en Investigación Sanitaria de CSIF Segovia, asegura que el envejecimiento de la población no se traducirá solo en un aumento de la necesidad de asistencia, sino también en falta de personas en edad de trabajar. Así lo señalan los datos demográficos, que publicó en un artículo en la revista Index de Enfermería.

En una conversación con RTVE.es, esboza las soluciones, que pasan, de nuevo, por una mejora la situación de las enfermeras en nuestro país. Por un lado, para atraer a las que emigraron. “Con las condiciones adecuadas podrían considerar volver y podrían ayudar a paliar un poco el problema”, indica. Por otro, para captar a profesionales del exterior, especialmente de Latinoamérica, por la lengua común, y en competición con otros países europeos, que sufrirán el mismo problema. “Obviamente, las condiciones laborales son mejores en países como Alemania, con lo cual España no será un destino atractivo laboralmente”.

Finalmente, Arévalo apunta al “uso de la tecnología y las mejoras organizativas” para optimizar la eficacia de los profesionales, para que puedan dedicarse al paciente, en un mundo envejecido, con las enfermedades crónicas a la orden del día y que arrastra el cansancio de la pandemia. “Esta situación hace que lo que más se requiera sean cuidados” coincide Cobos, del Consejo General de Enfermería. “Nosotros decimos que tenemos que pasar del paradigma de curar al de cuidar. Es lo que vamos a necesitar en los próximos años”.

RTVE

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