«Fue casi un deber moral»: la historia de los centenares de argentinos que lucharon contra Franco

Hace 85 años, la guerra civil española dio comienzo. Casi tres años de combate en los que no solo participaron oriundos del país. También acudieron de otras partes del mundo. Entre los distintos lugares, Argentina ocupa un lugar especial.

«Recorriendo los caminos / Firme el paso, alto el frente / Hacia un mundo renacido». Versos con los que Luis Alberto Quesada recitaba a la contienda. El poeta nació el 22 de agosto de 1919 en Lomas de Zamora, a las afueras de Buenos Aires. A los pocos años, recaló en España, país del que eran originarios sus padres. Cuando cumplió los 16, estalló la guerra. Él se enroló a las milicias antifascistas que batallaban por la República.

Fue sargento, comisario político y capitán durante los años de pugna civil. Al vencer el bando franquista, cruzó a Francia, donde fue internado en un campo de concentración. El argentino participó en la resistencia contra la ocupación alemana hasta que fue detenido y enviado a Madrid. En los sótanos del Ministerio de Gobernación fue sometido a palizas y noches enteras de focos sobre la cabeza. Quesada caminó entre la vida y la muerte en los 13 años que pasó en prisión, antes de volver a su lugar de nacimiento. Una historia compartida con centenares de argentinos.

Diccionario Biográfico de Voluntarios de Argentina en la Guerra Civil Española, obra de Jerónimo Boragina  - Sputnik Mundo, 1920, 16.07.2021
«Diccionario Biográfico de Voluntarios de Argentina en la Guerra Civil Española», obra de Jerónimo Boragina.

Jerónimo Boragina, historiador, autor de varios libros y profesor en la Universidad Nacional de Mar de Plata, sitúa en más de 1.000 el número voluntarios y voluntarias de Argentina que acudieron a la guerra civil española. Nombres y apellidos recolectados en un archivo creado por él mismo, fundamentado en más de 20 años de investigación. «Alrededor de 500 viajaron a España una vez iniciado el conflicto o viajaron unos años antes con la proclamación de la República Española. Otro grupo de argentinos eran hijos de españoles que llegaron de niños o adolescentes a España y ante la guerra se enrolaron como voluntarios», explica a Sputnik Mundo el historiador.

Entre los que viajaron a España antes del conflicto estaba Berta Miedwiecki de Baumkoler. En 1934 cambió el barrio judío de Villa Crespo por Madrid para encontrase con su marido. En suelo español colaboró en el Partido Comunista de España (PCE) y compartió militancia con Dolores Ibárruri, más conocida como La Pasionaria. Fue dactilógrafa en una escuela para militares de V Regimiento antes de ser llevada a la cárcel. Por otro lado, el porteño Salomón Elguer arribó a España con la misión de apoyar al bando republicando. «La Federación Juvenil de Argentina lo envió durante tres años a la Escuela Leninista de Moscú. Era el encargado de la propaganda antimilitarista, de agitación y propaganda juvenil en la asociación. Hablaba 5 idiomas (francés, alemán, ruso, italiano) y por sus conocimientos fue enviado a España en marzo de 1937», relata Boragina. Elguer pasó la contienda entre Albacete y el frente de Aragón antes de atravesar los Pirineos.

Otros se embarcaron en navíos que cruzaban el Atlántico hasta Francia. «Luego cruzaban la frontera. Si eran comunistas iban a Madrid y si eran anarquistas a Barcelona». Eso sí, siempre en la clandestinidad, lejos del ojo estatal. El reclutamiento de voluntarios no era abierto a causa de la irrupción de la dictadura del general Agustín Pedro Justo en 1931. Frente a la guerra civil española, el Gobierno argentino quiso mantener una posición neutral, sin embargo, varios sectores del ejecutivo no dudaron en mostrar su simpatía por los golpistas.

«La postura oficial siempre fue la de encarcelar y perseguir a comunistas y anarquistas. En la década del 30 mueren en Argentina más de 100 militantes políticos y sindicales en manos de la Policía, que tenía una Sección especial contra el Comunismo», añade el historiador.

A pesar de las circunstancias, la argentina fue una de las nacionalidades con mayor presencia en la guerra. Más allá de los combatientes, desde la sombra, organizaciones y comités barriales colaboraron en el envío de medicamentos, víveres y material a España, además de ayudar en el rescate de refugiados. Argentina fue el segundo país que más ayuda económica envió a la España Republicana. Movilización aupada por «el movimiento anarquista más grande de Latinoamérica» y por la conquista de los grandes sindicatos del país por parte del comunismo. «La mayoría de los voluntarios argentinos eran de orientación comunista, luego anarquistas, y también socialistas, republicanos y algunos trotskistas, pero casi todos ellos pertenecientes a la clase obrera, trabajadores, sindicalistas y militantes. Luego hay un pequeño grupo de médicos o especialistas de diferentes áreas», señala Borragina. Berta Miedwiecki de Baumkoler era zapatera y Salomón Elguer tenía la carpintería como profesión.

Soldados republicanos en el frente de la Sierra de Guadarrama (Madrid) - Sputnik Mundo, 1920, 16.07.2021
Soldados republicanos en el frente de la Sierra de Guadarrama (Madrid).

Su ideología les guio a España. Intentar salvar la Segunda República de las garras del fascismo fue la motivación de la mayoría de los brigadistas para superar los largos días en un mar batido antes de desembarcar en Europa.

«Todos querían lograr cambios ideológicos según la corriente ideológica a la que pertenecían, pero el mayor ímpetu en ese momento de todos los hombres y mujeres era la lucha contra el fascismo. En Argentina y debido a la gran inmigración recibida, se sabía lo que estaba ocurriendo en Alemania en 1933 y en España a partir de 1936. La ayuda era casi un deber moral. Tengamos en cuenta que justamente la dictadura argentina, tenía ribetes fascistoides, por ello, la lucha contra el fascismo tenía tintes nacionales y extranjeros, aquí y allá», resalta el experto.

La historia Patricia Ure apunta en la misma línea. El peso de la inmigración en el país latinoamericano hacía que muchos de los pasaportes argentinos correspondiesen a ciudadanos de origen polaco, austríaco, italiano o español. «En ellos había razones de solidaridad con sus nacionalidades originarias. Incluso, se podría decir que razones familiares», expone por teléfono a Sputnik Mundo.

En primera línea de combate

La guerra civil española se estiró a lo largo de tres años. Un tiempo de trincheras, balas y bombas. El olor a pólvora penetraba por la nariz de los soldados que se resguardaban en las zanjas, fúsil en mano. Acostados en el suelo, en las bocas sonaban acentos de Andalucía, Castilla o Asturias. También de Cuba, México, Chile o Perú. Por supuesto, también de Argentina. Dialecto que se escuchó desde la batalla del Ebro hasta la defensa de Madrid. «Los argentinos estuvieron en todos los frentes importantes de la contienda», indica Ure. Como milicianos, pero también como médicos, periodistas o traductores.

En relación a los combatientes, la mayoría formaron parte de las filas del Ejército Republicano. A pesar de tratarse de un contingente extranjero, su presencia en las Brigadas Internacionales fue menor. «Aquí entran en juego varios factores. El primero es la afinidad del idioma y la cultural, y en segundo lugar la afinidad política, porque es difícil incluir a un militante argentino en una brigada angloparlante cuando el mal mayor de la Argentina era el imperialismo inglés. Otra cuestión fue que, cuando comenzaron a llegar voluntarios, los mandos militares de la República pensaron que era mejor mezclar a los voluntarios latinoamericanos en el Ejército Republicano porque pasarían desapercibidos en caso de que el Comité de No Intervención haga algún control en España», afirma Boragina. No obstante, también combatieron en el 24 batallón Spanish de la XV Brigada o en las número XII y XIII.

Homenaje a voluntarios de las Brigadas Internacionales en Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 16.07.2021
Homenaje a voluntarios de las Brigadas Internacionales en Madrid.

El 1 de abril de 1939, el dictador Francisco Franco declaraba su victoria sobre la República. El fascismo se hacía con su primera gran victoria en Europa ante los ojos del mundo. Muchos de los voluntarios y voluntarias argentinos perecieron en suelo español. Otros fueron encarcelados. Un importante número cruzó a Francia. Unos decididos a continuar la lucha en Francia o Alemania y otros con la esperanza de volver a su país de origen. Allí, se encontraron con campos de internamiento, desde los cuales un nutrido grupo pudo regresar al continente sudamericano. Con el paso del tiempo, algunos acabaron sus días en campos de exterminio.

Al llegar, el trato no fue mejor. Berta Miedwiecki de Baumkoler pudo volver junto a su hijo en 1941, aunque como reprimenda por ser comunista fue catalogada de prostituta de profesión en su pasaporte. Los retornantes no tuvieron la opción de crear asociaciones como en otros países por la represión que las consiguientes dictaduras ejercieron sobre miles de militantes entre 1930 y 1982. «Eran perseguidos y fichados», puntualiza Boragina. A partir de los sesenta y setenta, algunos se juntaron en torno del Centro Republicano de Mar de Plata o el Centro Andaluz de Buenos Aires. Años antes, personas como Elguer o Miedwiecki ocuparon puestos en el Partido Comunista de Argentina (PCA). La segunda llegó a compartir palco con Fidel Castro en 1997.

Conmemoración de las Brigadas Internacionales por parte de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales - Sputnik Mundo, 1920, 16.07.2021
Conmemoración de las Brigadas Internacionales por parte de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales.

La coacción ejercida desde el poder hizo que antiguos combatientes en la guerra civil española prefiriesen ocultar su pasado. Luis Corach fue médico de la XIV Brigada, pero su hijo simplemente sabía que fue sanitario en España. «Los que fueron a la guerra han hablado poco, porque la vuelta fue terrible», lamenta Ure. La Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI) ayuda a recomponer sus vidas. Su equipo de investigadores busca pistas en la documentación de la época para saber qué fue de ellos.

«Este año, con la pandemia, hemos recibido una gran cantidad de peticiones de búsqueda. Indagamos en los archivos soviéticos y podemos pasar horas. Pero es un trabajo muy gratificante», comparte Ure, secretaria de la AABI.

Corach ha sido el último en ser rescatado del polvo del pasado. Miedwiecki, Elguer, Quesada, Díaz Trigo, Etchebéherè o Ruano son algunos de los apellidos que resuenan en los libros. Asoman entre los centenares de argentinos que acudieron a la guerra civil española en pro de la libertad, cuyos relatos han quedado sepultados por el peso de la historia. Ocultos tras una nebulosa más turbia que las aguas del Río de la Plata.

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