Un verano de caos en Inglaterra

El Gobierno británico intenta contener las bajas laborales en sectores críticos de la economía y la administración pública que se ven afectados por la bautizada «pingdemia» desatada en esta tercera oleada de coronavirus.

Por Lourdes Gómez*

Hasta el mismo Boris Johnson quedó atrapado en la red de alertas de la aplicación para móviles del Sistema Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés). Le sonó el «ping» del sistema electrónico de rastreo después de reunirse con el nuevo titular de Sanidad, Sajid Javid, quien contrajo covid-19 hace unos quince días.

APP DE CONTACTOS

El primer ministro trató de eludir la recomendación gubernamental de guardar cuarentena en cuanto salta la alarma del app del NHS, que están cumpliendo centenares de miles de residentes británicos. Sin embargo, el aluvión de protestas le hizo rectificar y finalmente optó por confinarse en su residencia oficial campestre de Chequers durante diez días, que concluyeron este martes 27.

Esa semana más 600.000 trabajadores recibieron la señal de que habían estado en contacto con un positivo de coronavirus durante más de 15 minutos. La tercera ola de contagios, con la variante delta predominante, generó una «pingdemia» o tsunami de alertas que amenaza con desviar el plan de desescalada del Ejecutivo conservador.

AUSENTES DEL TRABAJO

Las bajas laborales se sienten en todos los sectores públicos y privados. Así, unos 5.200 soldados- equivalente al 3% del personal operativo cualquier día regular- se ausentaron de sus puestos a principios de mes, ya fuera por covid o por contacto cercano con un infectado. Dos líneas de metro dejaron de funcionar durante el fin de semana por falta de personal. Y una cadena de supermercados, entre otros muchos afectados, acusó el lunes un absentismo en torno al 20 por ciento de su plantilla nacional.

«Vamos hacia un verano de caos», denunció el líder laborista Keir Starmer. El jefe de la oposición británica acusa al primer ministro de «crear confusión» con su plan de desescalada, que culminó con la eliminación de todas las restricciones sociales el 19 de julio cuando los contagios y hospitalizaciones seguían en aumento. «Muchos negocios están cerrando porque gran parte de su personal están confinados», advirtió Starmer.

EXCEPCIONES ESENCIALES

Ante la presión política y empresarial, el Gobierno introdujo excepciones en el requerimiento de autoaislarse para mitigar el efecto de la «pingdemia». En un principio, limitó la medida de gracia a ciertos sectores de la industria alimenticia y de transporte, además de agentes de fronteras, miembros de las fuerzas policiales y del servicio de bomberos que hayan completado la pauta de vacunación.

En las últimas horas extendió la iniciativa para cubrir a funcionarios de prisiones, militares, veterinarios, técnicos de comunicaciones y empleados del sector aeroespacial, del suministro de agua y recogida de basuras, entre otros. Todos ellos tendrán la oportunidad de saltarse la cuarentena de diez días si dan negativo en pruebas diarias de coronavirus.

Esta alternativa no cubre a los empleados de comercios ni de la hostelería, entre otros campos esenciales en la reapertura económica. Y, salvo que se anuncie otro viraje en el plan gubernamental, deberán esperar hasta el 16 de agosto, cuando el sistema de control con test rápidos sustituirá al confinamiento de los vacunados que reciban el «ping» de la app de la NHS.

El gobierno se ha comprometido a montar hasta 2.000 centros adicionales de diagnóstico en Inglaterra, aunque los detalles de su ubicación y puesta en marcha siguen confusos. «Es peligrosa la forma caótica e incompetente en que se desenvuelve Boris Johnson», criticó su contrincante laborista.

BAJA LA CURVA

Pero los últimos datos de la pandemia ofrecen un respiro al primer ministro. La curva de infecciones lleva siete días descendiendo en Reino Unido, hasta registrar 23.511 este martes 27. Nadie se atreve a cantar victoria porque el impacto de la reciente fase de desescalada no se sentirá efectivamente hasta finales de mes.

Los modelos informáticos apuntaban a entre 100.000 y 200.000 nuevos casos diarios en función de las circunstancias y la prudencia con que actuara la población a partir de la liberación de las reglas de distancia de seguridad, reuniones sociales y uso de la mascarilla. «La gente debe permanecer muy cautelosa y esta continúa siendo la postura del Gobierno», dijo Johnson en su primera salida pública de su confinamiento.

EXPERIMENTO ARRIESGADO

Los científicos se preguntan si la oleada de la variante delta habrá pasado el pico en Reino Unido, que estuvo por encima de los 50.000 casos diarios a mediados de mes. También buscan el motivo del súbito bajón de los contagios, tanto en Escocia como en Inglaterra y Gales.

Entre las causas se menciona el buen tiempo de días atrás, la conclusión del torneo de fútbol de la Copa de Europa y la precaución de muchos que todavía tratan de guardar la distancia física y siguen usando mascarilla en el transporte público y otros espacios concurridos. Les sorprende el vaivén en esta fase de la pandemia y dudan de la dirección que tomará el virus bajo un plan de liberación que en el extranjero se considera un experimento peligroso.

*Sputnik

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