Tragedia de los internados indígenas sacude a la sociedad canadiense

A medida que se van sabiendo detalles sobre la dolorosa historia de los internados para niños indígenas, muchos canadienses conmocionados piden más acciones para sacar a la luz la verdad y avanzar hacia la reconciliación.

«Es definitivamente un punto de inflexión», dijo Ghislain Picard, jefe regional de la Asamblea de Primeras Naciones de Quebec y Labrador (este).

«La gente es más receptiva ahora», añadió. «Quieren saber la verdad» sobre este oscuro capítulo de la historia de Canadá.

Los detalles de la asimilación forzada y la violencia que se perpetró en estas instituciones llegaron a un público algo más amplio de canadienses no indígenas en los últimos años, en parte gracias a un informe de 2015.

Pero la indignación generalizada ha estallado en los últimos meses tras el descubrimiento de cientos de tumbas sin marcar en los terrenos de varias de estas escuelas.

Decenas de miles de niños de las Primeras Naciones, y otros pueblos indígenas como inuit y metis fueron matriculados a la fuerza en estas escuelas católicas de todo el país desde finales del siglo XIX hasta la década de 1990, separados de sus familias y de sus culturas.

Miles murieron en las escuelas y muchos fueron sometidos a abusos físicos y sexuales, según una comisión de investigación que concluyó que el gobierno canadiense cometió un «genocidio cultural».

Un campo donde se hallaron restos humanos cerca de un internado para niños indígenas en Marieval, en la provincia canadiense de Saskatchewan
Un campo donde se hallaron restos humanos cerca de un internado para niños indígenas en Marieval, en la provincia canadiense de Saskatchewan.

En 2008, el entonces primer ministro Stephen Harper emitió una disculpa en nombre del pueblo canadiense por los internados indígenas.

«Era previsible que un día descubriéramos algo así», dijo Marie Christine Boivin-Fournier, una residente de Montreal de 33 años, que se dijo conmocionada por los hallazgos.

Pero ha decidido convertir esa conmoción en acción. Después de informarse más sobre «los internados, el genocidio colonial y la desaparición de mujeres y niñas indígenas», pidió a sus amigos y familiares que donaran dinero a una ONG en lugar de darle regalos cuando cumplió años a principios de este mes.

Fue un «simple gesto», pero significó mucho para el Refugio de Mujeres Nativas de Montreal, al que benefició la recaudación.

«Las acciones son más importantes que las palabras», dijo Nakuset, la directora del refugio, quien sólo tiene un nombre, y califica estas acciones como «reconciliacción». Se trata de un juego de palabras con la reconciliación.

La organización recibió generosas donaciones este año con motivo del día nacional de Canadá el 1 de julio, añadió.

«Robados»

Si bien algunos canadienses han optado por responder a la nueva información apoyando a la comunidad indígena a través de donaciones monetarias, otros han vuelto su enojo hacia la Iglesia católica.

Kim Verreault incluso decidió dejar la Iglesia por completo y comenzó el proceso formal de apostasía para abandonar oficialmente la religión.

«No veo el sentido de permanecer en la religión católica», dijo Verreault, de 49 años, añadiendo que estos graves descubrimientos recientes sellaron su decisión. «Es un gesto de compromiso y también un mensaje que quiero enviar».

«Su territorio fue robado. Sus hijos, su cultura, su religión, sus nombres y sus vidas. Todo fue robado. Es inaceptable», agregó esta residente de Granby que nació en el seno de una familia católica.

El descubrimiento de las tumbas sin marcar fue un «gran impacto» para la sociedad canadiense, según la profesora de antropología de la Universidad de Montreal, Marie-Pierre Bousquet.

«La gente se dio cuenta de que [el legado de las escuelas residenciales] no se trataba simplemente de fotos en blanco y negro de aulas con niños. Se volvió tangible, concreto», dijo.

«Esta no es la imagen que los canadienses tenían de su país. Este no es un país donde los niños son enterrados en secreto», explicó Bousquet.

Los canadienses se autoperciben «como una gran democracia multicultural, con un pasado glorioso, con amplios espacios abiertos, no como un país construido sobre el genocidio. Finalmente nos hemos dado cuenta de que vivíamos un mito. Es un despertar muy brutal».

En las universidades, esa toma de conciencia ha significado un fuerte crecimiento en la matrícula en los programas de estudios nativos.

El Departamento de Estudios Nativos de la Universidad de Alberta sumó 40.000 nuevas matrículas a partir de la semana del 5 de julio, dijo el profesor del departamento Paul Gareau, quien es nativo metis y originario de Saskatchewan.

Por lo general, cerca de 1.000 personas por mes toman el curso, contó.

«Estos 40.000 son indicativos de que la gente está respondiendo a algo y solo puedo pensar que responde al descubrimiento de los internados», añadió. «Eso es enorme».

De su lado, la profesora Bosquet comentó que cree que más canadienses querrán «estar informados» sobre el pasado indígena del país, mientras continúa la investigación sobre los internados.

Los expertos estiman que unos 150.000 niños asistieron a estas escuelas residenciales y que más de 4.000 de ellos pueden haber muerto en las instituciones.

AFP

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