El seísmo afgano recompone el tablero de Asia Central

Con Estados Unidos y la Unión Europea fuera de juego en Afganistán, la reconquista talibán obliga a las potencias regionales en Asia Central a recomponer sus alianzas y a protegerse de un posible contagio islamista.

Por Luis Rivas*

Mientras los informativos occidentales siguen hablando de sorpresa, por la celeridad con que los efectivos talibanes han reconquistado el territorio del que fueron expulsados en 2001, la diplomacia de diferentes países afectados por la nueva situación en el terreno había ya anticipado el inevitable derrumbe del gobierno de Kabul y empezaron a actuar en consecuencia.

La amenaza a la estabilidad regional y el temor a la infiltración de grupos terroristas islamistas, de diferente procedencia, que utilicen el territorio afgano como nueva base logística es el principal temor de los vecinos cercanos y también de los no tan próximos del llamado «cementerio de imperios».

RUSIA, DIÁLOGO Y MÚSCULO MILITAR

La diplomacia y el diálogo no se dejan de lado, aunque la experiencia demuestra la poca confianza con la que hay que acoger las promesas de los talibanes. Con todo, uno de los portavoces de los insurgentes aseguraba en Moscú hace poco más de un mes que «no permitiremos a nadie utilizar el territorio para atacar a Rusia o a los países vecinos. A ese diálogo conviene añadir otro tipo de manifestación que sea fácilmente comprensible a los ojos de los (antiguos) «estudiantes de religión».

Así, Moscú ha añadido ejercicios militares conjuntos con dos de las exrepúblicas soviéticas susceptibles de contaminación terrorista: Tayikistán y Uzbekistán. Los 1.200 kilómetros de frontera compartida entre Afganistán y Tayikistán convierten a este país en uno de los más sensibles a la desestabilización propiciada por grupos terroristas islamistas locales y foráneos. Los tanques T-72 rusos están a 20 kilómetros de la frontera tayiko-afgana, lo suficiente para ser vistos por los islamistas que ya han desplegado sus banderas al otro lado del límite territorial.

Aliados a los talibanes en el pasado, el «Movimiento Islámico de Uzbekistán» y el grupo «Jamaat Ansarullah», son dos de las amenazas militares e ideológicas que mantienen en alerta al Kremlin, sin contar a los «clásicos», Daesh y Al Qaida (ambos prohibidos en Rusia).

Miles de soldados afganos huyeron a principios de julio hacia Tayikistán, en lo que se interpretó como el inicio del éxodo que otros miles de compatriotas emprenden ya, en estos días, hacia cualquier territorio de exilio.

«REALPOLITIC» CHINA

El 28 de julio pasado, el ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, se entrevistó con el número dos del talibán, Abdul Ghani Baradar. Tras el encuentro, Pekín afirmaba en un comunicado que «los talibanes representan una fuerza política y militar crucial en Afganistán».

La política china de no injerencia directa en asuntos internos de otros países y el rechazo a acoger rebeldes de ningún tipo apuesta por llegar a acuerdos comerciales con los futuros dirigentes afganos para, con el incentivo del dinero líquido inmediato, convertir al nuevo gobierno en socio de la nueva «Ruta de la Seda».

Pero, además, China sabe que grupos islamistas podrían intentar infiltrarse desde el Pamir afgano y actuar en solidaridad con los musulmanes uigures de la lejana provincia china de Xinjiang.

PAKISTÁN GANA, INDIA PIERDE

China cuenta con Pakistán como un aliado de peso en la zona. Islamabad, acusada desde décadas de ser el principal valedor de los talibanes, acoge en su territorio al órgano supremo talibán, la Shura de Quetta. Y vuelve a convertirse en un actor principal en ese juego que le hacía pasar como el aliado indispensable de los servicios secretos norteamericanos y en el socio principal de los talibanes.

El aumento de peso estratégico de Islamabad irá en detrimento de su tradicional enemigo (compartido con China), India. Nueva Delhi ve cómo sus 3.000 millones de inversiones y ayuda humanitaria a Afganistán y sus 19 años de presencia consular en Kandahar van a quedar como un recuerdo para la historia.

India acusa a Pakistán de haber enviado combatientes en ayuda de los talibanes y sigue reiterando que «no todos los vecinos de Afganistán se comprometen a no exportar el terrorismo». Ese fue el mensaje directo del responsable indio de Exteriores, Subrahmanyan Jaishankar, en la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái, el 14 de julio pasado. El retorno de los talibanes hace resurgir en India los temores al reforzamiento de grupos islamistas en la zona de Cachemira que se disputa con Pakistán y China.

IRÁN, RESIGNACIÓN Y DESCONFIANZA

La hostilidad del gobierno chií de Teherán hacia los talibanes, suníes extremistas, debería plegarse también a la realidad de los hechos. irán no se opone al diálogo con los nuevos conquistadores, pero la desconfianza permanece. Si por una parte se piensa ahora que los talibanes no representan una solución a los problemas de Afganistán, por otra se admite que deben formar parte de un futuro acuerdo entre todos los afganos. Otras voces, como la del ayatolá Safi Golpayegani, advierten al gobierno de que «sería una error grave e irreparable confiar en los talibanes».

Irán, que ya recoge en su territorio a más de tres millones de refugiados afganos, se prepara para recibir una nueva oleada de personas que huyen del extremismo político-religioso al otro lado de los 2300 kilómetros de frontera que separa a los dos países.

*Sputnik

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