EDITORIAL.- Sólo hay un camino para los pueblos del mundo

Resulta llamativo, que la salida económica de la pandemia, haya sido en la mayoría de los países occidentales la socialización de las pérdidas de las grandes empresas privadas, sobre todo que los sectores económicos privilegiados, reciban de los Estados multimillonaria ayuda mientras conocemos altos índices de desempleo, preocupantes bolsas de pobreza, bajos salarios y un elevado endeudamiento público, entre otros factores graves para los pueblos del mundo.

Lo cierto es que circula un intenso debate en todo el mundo sobre el orden económico establecido, sus terribles consecuencias y la necesidad de alternativas.

No obstante, la tendencia de las grandes instituciones multinacionales, que controlan la dinámica de funcionamiento capitalista, se impulsa a la negación de cualquier cambio de estructura; al rechazo a todo lo que suponga modificaciones reales en el sistema que ha llevado a la más absoluta pobreza a cuatro de cada cinco seres humanos.

Para entender el funcionamiento de este “monopoly” hay que recordar las bases que establecen el orden actualmente reconocido.

En 1944, en el contexto de las negociaciones previas al fin de la Segunda Guerra Mundial, nace lo que luego se conocería como el sistema financiero de Bretton Woods -llamado así por el nombre de la ciudad, sede, de la conferencia donde fue concebido-. Y aparece integrado por dos instituciones, fundamentales para entender las políticas de desarrollo que tuvieron lugar a partir de la segunda mitad del siglo XX: el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo –  que poco a poco fue ampliando sus funciones, dando pié a más organismos que funcionarían paralelamente a éste, integrando lo que hoy conocemos como el Banco Mundial-  y el Fondo Monetario Internacional.

Su estructura interna es la articulación que garantiza el funcionamiento del modo de vida capitalista entre los Estados del mundo. No se concibe a sí mismo si no es por que los Estados miembros aceptan, para sí y entre sí, las reglas de juego de la economía de mercado y un sistema financiero que lo acuña.

Desde la creación de estas instituciones las críticas han sido numerosas, a pesar de ser ninguneadas. La actuación del Banco Mundial en los países menos desarrollados, ha sido objeto de numerosas quejas al causar daños ambientales masivos, favorecer los intereses de los países industrializados y prestar dinero a gobiernos que violan abierta y permanentemente los derechos humanos.

No digamos ya el Fondo Monetario Internacional, objeto de tantas indignaciones de Estados soberanos subdesarrollados y en vías de desarrollo, objeto de explotación de sus materias primas y recursos primarios.

El Premio Nobel de economía (2001), Joseph Stiglitz criticó intensivamente las políticas del FMI, especialmente, los condicionamientos que impone a los países en vías de desarrollo para el pago de su deuda o en la forma de otorgar nuevos préstamos y que han causado regresiones en la distribución de los ingresos y perjuicios a las políticas sociales.

El FMI es un estamento especializado en la disminución de los presupuestos públicos a expensas de la reducción de los gastos sociales. Sus intereses bancarios son de sobra conocidos por la excesiva usura que los identifican.

Y esa es la dinámica de funcionamiento del sistema, su seña de identidad. Lo importante es el margen de beneficio, la plusvalía, la aceptación del capitalismo como una economía de condición natural de  explotación del hombre por el hombre, en proporciones crecientes y salvajemente ejecutadas. Como si siempre hubiera sido así y no hubiera otro modo de vida económico.

Cuando llegan los ciclos de crisis, las soluciones, paralelas a los principios de quienes defienden este modelo “libre”, se buscan en el cercenamiento de los derechos de los trabajadores, de las clases sociales más desfavorecidas, lo que es decir la mayoría de la población mundial. Porque es la vía sencilla, directa, de mantener los beneficios de los más ricos, la élite de multimillonarios que gestiona y garantiza el sistema que los ha hecho poderosos. Siempre ha sido así, con pandemia y sin pandemia.

Entendiendo este mecanismo ideológico es cuando se puede observar qué Gobiernos optan por la continuidad del modelo de mercado o los que comienzan a producir grandes cambios defendiendo los intereses de la mayoría social.

Es posible un camino diferente al crecimiento de los pueblos, que no padezca el centrifugado globalizador del mercadeo capitalista. Hay Estados que están apostando ya por modelos alternativos y cuyos resultados comienzan a ser valorados positivamente, algunos incluso con la indecente presión de sanciones por arte de EEUU y UE, principalmente..

Los Gobiernos no sometidos a los dictados del capitalismo internacional deben tener claro dónde crecer, cómo crecer y bajo que estructura de crecimiento. Si el presupuesto arranca desde la aceptación de los derechos sociales universales de los ciudadanos, de los más esenciales y elementales, hasta la no sublimación de algunas “libertades” en los terrenos económicos que nos llevan a la dinámica de ricos y pobres, en que los primeros son unos pocos y los segundos el resto, la inmensa mayoría de la población, entonces sí se estaría en condiciones de trabajar por un modelo propio y alternativo, más justo y sustentable.

La esclavitud no fue para siempre, ni el feudalismo. El capitalismo tampoco será eterno y de su seno debe comenzar a construirse una sociedad diferente, superior, que no lleve la impronta de sus nocivos hábitos,  las patologías sociales que genera  y su incompatibilidad con el desarrollo sostenible. El cambio es posible.

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1 Comment on EDITORIAL.- Sólo hay un camino para los pueblos del mundo

  1. Orlando Rico Castro // septiembre 7, 2021 en 7:06 pm //

    Muy interesante, falto profundizar un poco mas en el camino de esa solución definitiva, podría ser sin llegar a la tercera guerra mundial, la cual es inverosímil, sin embargo vale la pena especular en este sentido. Es necesario que los -editorialistas y sobre todo los economistas planteen las soluciones, igual si no lo hacen el planeta y los humanos en sus crecientes desplazamientos lo manifiestan, o se reparte justicia económica y social o el mundo de los humanos se reconfigura.

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