Este es el paracaidista soviético más ilustre de todos los tiempos

Vasili Marguélov hizo de las Fuerzas Aerotransportadas una rama legendaria y casi invencible del ejército soviético y ruso.

“Paracaidista, aunque el aire huela a flores que se depositarán sobre tu tumba, debes luchar hasta que tus pies toquen el suelo”, dijo en una ocasión Vasili Marguélov, que comandó las Fuerzas Aerotransportadas de la Unión Soviética durante más de 20 años, convirtiéndolas en la verdadera élite del ejército del país. Nadie en la “infantería alada” soviética (y rusa) gozó de más respeto que el “padre aerotransportado” Marguélov.

El “paracaidista nº 1” comenzó su carrera de combate lejos de las Fuerzas Aerotransportadas. En varias etapas de la Segunda Guerra Mundial sirvió en las unidades de infantería de marina y de fusileros de la guardia, participó en la batalla del Dniéper, en la liberación de Jersón (por la que se le concedió la medalla de Héroe de la Unión Soviética) y en batallas en el sureste de Europa. “Difícilmente nuestro regimiento habría sobrevivido si no hubiéramos tenido a Marguélov como comandante”, recordó Grigori Babochkin, del 218º Regimiento: “En situaciones aparentemente desesperadas… mantuvo la compostura y encontró soluciones… Este hombre valoraba la vida de los soldados, la vida de los demás. No estaría aquí sentado ahora si durante esos momentos críticos hubiera sido yo quien protegía a Marguélov de las balas y la metralla y no él quien me protegía a mí.”

Marguélov durante la Segunda Guerra Mundial.

Marguélov durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1948, Marguélov dirigía la 76ª División Aerotransportada de la Guardia, que, como señaló el general Pavel Pavlenko, se encontraba entonces en un estado miserable: “La base de entrenamiento carecía de todas las instalaciones y recursos… de alguna manera el entrenamiento continuaba, pero el nivel de organización y disciplina dejaba mucho que desear». Habiendo estudiado a fondo la teoría y la práctica de la guerra aerotransportada, Marguélov fue inculcando, lenta pero inexorablemente, el orden en la unidad que se le había confiado. En 1954 ya era jefe de las Fuerzas Aerotransportadas combinadas de la Unión Soviética, y lanzó un programa de reforma cualitativa.

Marguélov entre los paracaidistas en 1977.

Marguélov entre los paracaidistas en 1977.

“Para cumplir su papel en las operaciones modernas, nuestras formaciones y unidades deben ser altamente maniobrables y controlables, estar fuertemente blindadas, tener suficiente potencia de fuego y ser capaces de aterrizar en cualquier momento del día o de la noche, y pasar rápidamente al estado de combate después del aterrizaje. Ese es, en general, el ideal al que debemos aspirar”, afirmó el comandante.

Vasili Marguélov estableció estrechos vínculos con el complejo militar-industrial. Consiguió la sustitución de los anticuados aviones Li-2, Il-14, Tu-2 y Tu-4 por los potentes y modernos An-22 e Il-76, que podían llevar a bordo un número significativamente mayor de paracaidistas y equipos militares.

Viendo lo difícil que era para los paracaidistas manejar sus armas pequeñas convencionales durante el aterrizaje, Marguélov se encargó de modificarlas para no impedir los movimientos de la “infantería alada”; las armas en cuestión eran los fusiles de asalto AKMS y AKS-74, la ametralladora RPKS-74 con culata plegable, el lanzagranadas compacto SPG-9 y el ligero RPG-70.

Una de las principales tareas de Marguélov fue equipar a sus tropas con un vehículo de combate moderno que los paracaidistas pudieran utilizar para el transporte y la lucha desde una posición blindada contra la infantería y los vehículos acorazados enemigos. A finales de la década de 1960, el BMD-1, que pesaba algo más de 7 toneladas y estaba equipado con un cañón semiautomático 2A28 Grom, para una tripulación de siete personas, empezó a salir de la línea de producción y a entrar en servicio. Constituyó la base para el desarrollo de una serie de cañones de artillería autopropulsados y de vehículos de apoyo al fuego, de reconocimiento y de mando.

BMD-1 en Afganistán, 1986.

BMD-1 en Afganistán, 1986.

A pesar de los grandes elogios de los círculos oficiales, el propio Marguélov no estaba satisfecho con la forma en que se desplegaron los nuevos DMO. Los soldados y el material se lanzaban en paracaídas desde los aviones por separado, lo que hacía perder valiosos minutos en la localización y el embarque de los vehículos. Marguélov propuso la entonces revolucionaria idea de dejar caer los vehículos blindados estando ya tripulados. El 5 de enero de 1973, por primera vez en la práctica mundial, un avión An-12 dejó caer con éxito un BMD-1 Kentavr con dos tripulantes a bordo. Uno de ellos era el hijo del comandante, Alexánder.

Bajo el mando de Marguélov, todas las unidades de las Fuerzas Aerotransportadas recibieron sus propios aeródromos bien equipados. Ahora sólo se tardaba unas horas en pasar de la información sobre la misión al despegue con todo el equipo de combate. Los acontecimientos de la Operación Danubio, cuando las tropas del Pacto de Varsovia fueron enviadas a Checoslovaquia en 1968, demostraron la fluidez y la rapidez con la que la “infantería alada” había comenzado a operar. “Cuando los paracaidistas irrumpieron en el edificio de la Academia Militar de Zapotocki, los oficiales del Ejército Popular Checoslovaco estaban sentados frente a los mapas, trazando lo que creían que eran las posiciones de nuestras tropas al cruzar la frontera. Se esperaba que llegaran a Brno por la tarde. Las unidades militares situadas en la ciudad fueron bloqueadas y desarmadas con la misma decisión”, informó Marguélov a la dirección soviética.

Il-76.

Il-76.

Fue bajo el mando de Marguélov que las Fuerzas Aerotransportadas adquirieron sus famosas boinas y chalecos azules. “Quiero que los paracaidistas adopten las gloriosas tradiciones de sus hermanos mayores, los infantes de marina, y las continúen con honor. Así que adapté os chalecos. Sólo que las rayas que lucen son de color azul cielo”, dijo Vasili, que una vez sirvió como infante de marina él mismo.

Vasili Marguélov convirtió a los paracaidistas en la élite de las Fuerzas Armadas de la URSS, que invariablemente ganaban premios en todas las competiciones deportivas del ejército. Su reputación y autoridad crecieron enormemente, y pronto los jóvenes de todo el país soñaban con servir en las «fuerzas del tío Vasia», como se conoció a la unidad.

* En ruso, “Fuerzas Aerotransportadas” es vozdushno-desantniye voiska o VDV; “Fuerzas del Tío Vasia” es voiska Dyadi Vasi, una versión en broma de esta abreviatura.

RBTH

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