Desnutrición infantil, un dogal para Ecuador

John Jordi nació el 2 de diciembre del 2018, en la comunidad rural de Pisambilla, ubicada en Cayambe, la tercera urbe más grande de la provincia de Pichincha, cuya capital es Quito.

Por Mercedes Alvaro*

Tras sufrir continuas enfermedades, dolores de barriga, diarrea y otros malestares, fue diagnosticado con desnutrición infantil crónica, una condición que la comparte con, al menos, el 28 por ciento de niños menores de cinco años en las áreas rurales de Ecuador.

La falta de agua segura y de saneamiento así como las dificultades para acceder a servicios de salud son algunas de las causas de su desnutrición.

Según expertos, un niño con desnutrición crónica puede tener problemas de aprendizaje en la etapa escolar, sobrepeso, obesidad y enfermedades no transmisibles, como hipertensión o diabetes en la vida adulta, y dificultades para insertarse en el mercado laboral.

ALTOS COSTOS

En Ecuador, los gastos asociados a la malnutrición —como salud, educación y pérdida de productividad— representan alrededor del 4,3% del producto interno bruto (PIB).

La desnutrición crónica infantil es considerada uno de los principales problemas de salud pública del Ecuador, país en el que, según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), tres de cada 10 niños menores de 2 años la padecen.

Las provincias de Tungurahua (centro), Chimborazo (centro), Santa Elena (oeste), Cotopaxi (centro), Bolívar (centro) y Pastaza (este) son las que presentan mayor prevalencia de desnutrición crónica en menores de dos años, con más del 34 por ciento, a las que le siguen, con entre el 28 por ciento y el 32 por ciento, las provincias de Sucumbíos (este), Orellana (este), Morona Santiago (este), Imbabura (norte), Azuay (sur), Zamora Chinchipe (este), Carchi (norte), Cañar (sur), Manabí (oeste) y Galápagos (región insular).

GRANDES NECESIDADES

Ecuador es el segundo país con mayor índice de desnutrición crónica infantil de América Latina y el Caribe, después de Guatemala, de acuerdo con las últimas encuestas que datan de 2019, por lo que una de las prioridades para combatir el problema es actualizar los datos, no solo con cifras sino identificando los lugares de mayor prevalencia, más aún tomando en cuenta los efectos de la pandemia del covid-19 en un país con grandes desigualdades.

«Tenemos una situación muy grave de inseguridad alimentaria: solo 3 de cada 10 hogares pueden pagar la canasta básica mensual. Hay alrededor de 2 millones de ecuatorianos con inseguridad alimentaria severa. También hay que tomar en cuenta que los niños deben ser atendidos desde que están en gestación», dice a la Agencia Sputnik la experta Milica Pandzic, coautora del Compendio Ecuador Crece Sin desnutrición, que analiza la estrategia del país contra la desnutrición.

Además, señaló: «La pandemia ocasionó que no se realicen 19 millones de atenciones en salud, aumento de la mortalidad materna, niños que, probablemente, no tengan el cuidado necesario ni puedan disfrutar de la lactancia materna, que es fundamental para combatir la desnutrición crónica infantil».

El estudio Evaluación Socioeconómica PDNA Covid-19 Ecuador, realizado el año pasado, establece que entre los impactos humanos más importantes de la pandemia están el aumento del número de personas viviendo en pobreza y pobreza extrema, inseguridad alimentaria de los hogares por la disminución de los ingresos, abandono escolar, e incremento de las ya altas tasas de desnutrición crónica infantil en niños de hasta 5 años.

«Lo primero que hay que hacer es entender la actual situación del país, con datos reales del momento», enfatiza Pandzic.

LA ESTRATEGIA

La estrategia contra la desnutrición, definida en el Gobierno de Lenín Moreno (2017-2021) con apoyo de la cooperación internacional, contempla precisamente una encuesta anual para determinar los niveles de desnutrición infantil; un paquete actualizado de vacunas y controles de salud, tomando en cuenta que la desnutrición es un problema que se debe trabajar desde la madre gestante; y un presupuesto por resultados, mecanismo financiero que da incentivos a los actores de esta estrategia multidimensional y multisectorial, que incluye a la salud con prioridad y dentro de ésta a las vacunas, que evitan que los niños tengan enfermedades infeccionas recurrentes que no les permiten absorber todos los nutrientes.

La estrategia se concibió de forma técnica, tomando en cuenta casos exitosos como el de Perú, al que el gobierno de Guillermo Lasso añadiría el denominado bono de los 1.000 días, una ayuda condicionada para garantizar que las madres se hagan los controles durante el embarazo y luego lleven a los niños a los diversos controles.

«Es positivo que se dé continuidad a una política, que se haga política de Estado. La estrategia requiere muchos recursos, muchos esfuerzos, mucho liderazgo político pues varios ministerios van a ser los ejecutores», dice Padnzic, aunque aclara que hay que ver las acciones concretas del gobierno de Guillermo Lasso para saber hacia dónde se irá en el tema de la desnutrición infantil.

*Sputnik

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