De los cultivos a los acuíferos: los riesgos ecológicos de la erupción de La Palma

Los expertos señalan que la emisión de gases tóxicos como el flúor puede afectar a los cultivos y a la ganadería.

Más que los gases, el principal peligro actual es el paso de la lava: «Es como una apisonadora, es imposible pararla».

La erupción volcánica en La Palma, que ya ha obligado a la evacuación de 6.000 personas, tiene también importantes consecuencias ecológicas en una zona de alta producción agrícola y gran valor natural. Desde los cultivos a los acuíferos, pasando por la ganadería y la fauna salvaje, la lava y la ceniza que emite el volcán de Cumbre Vieja ponen en riesgo el medio ambiente de esta isla de 85.000 habitantes.

«Son muchos metros cúbicos de lava, un material que está a mil grados, que por donde pasa va machacando todo. Es como una apisonadora, es imposible pararla», asegura a RTVE.es José Mangas, profesor de Geología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Para Mangas, aún es pronto para saber cuáles serán los efectos a largo plazo de la erupción que comenzó el domingo, pero advierte de que el riesgo actual está en el paso de la lava, más que en los gases.

Según Eumenio Ancochea, profesor de Geología de la Universidad Complutense de Madrid, el daño ecológico no será tan grave para la flora y la fauna en una isla «acostumbrada a vivir así». «En general los seres vivos escapan, desde los animales terrestres a los acuáticos. Siempre hay algún daño ecológico, pero se recuperará de manera natural», señala.

Por el momento, la lava emitida por el volcán ya ha arrasado con varias plantaciones y amenaza a «la mejor zona de plataneras de Canarias, que no va a poder regarse durante meses», según ha afirmado en RNE Primitivo Jerónimo, exconsejero del Cabildo de la Palma.

Gases tóxicos, un riesgo para la agricultura y la ganadería

La mayor parte del gas que emite la columna volcánica está formada por el inocuo vapor de agua, pero la erupción también emite otros gases que pueden ser tóxicos, especialmente los compuestos de carbono y de flúor. Algunos de ellos son el monóxido de carbono y el dióxido de carbono (ambos suponen cerca del 2% del magma, según Mangas), y azufre, que representa menos del 1% de la masa. Al mezclarse con agua este azufre forma el también tóxico ácido sulfúrico.

Uno de los principales riesgos para la agricultura y para la ganadería puede ser el flúor. «En algunos sitios como Islandia, cuando hay una concentración de flúor muy importante este llega a los pastos. Las ovejas no pueden comer estos pastos y mueren«, añade Mangas.

Si la lluvia o el rocío arrastra el flúor y otros gases, se puede producir una lluvia ácida, que no solo afecta a la salud humana, sino que también daña las cosechas, según advierte la guía de riesgo volcánico del Instituto Geográfico Nacional.

El flúor se encuentra principalmente en la ceniza del volcán (los materiales de menos de dos milímetros), pero la erupción de La Palma ha emitido en su mayor parte otros materiales más grandes. Por ello, asegura el geólogo, no hay un peligro inminente en este sentido.

«En principio no hay que pensar en que sea peligroso. Pero hay que ir estudiando el volumen de gases que se emitan en los próximos días para saber si afectará más o menos a los cultivos», señala Mangas.

Para el investigador del CSIC Fernando Valladares, la ceniza producirá un rejuvenecimiento de la dinámica de los ecosistemas, donde algunos paisajes con suelos empobrecidos se verán renovados por el aporte de minerales. Aun así, una erupción de este tipo supone «infligir una gran herida, un golpe duro al ecosistema», ha asegurado en declaraciones a EFE.

Valladares señala que a pocos metros de la destrucción causada por las coladas se crean refugios naturales desde los que se inicia la recolonización del territorio con sorprendentes resultados. El experto cree que este desastre es una oportunidad para repensar la relación entre la actividad humana y el territorio. «Cada vez hay más presión sobre los espacios protegidos y se requiere de una revisión para crear zonas de amortiguación y corredores naturales que propicien la colonización de zonas dañadas», afirma.

Es posible, aunque menos probable, que los gases contaminen también los acuíferos. Si entra en ellos, el magma puede derivar en erupciones freomagnéticas, «más explosivas» que las que se producen actualmente, considera Mangas, que sin embargo confía en que estas no serán comunes.

Carreteras, agua potable o electricidad: la destrucción de la lava

Más allá de los gases, el principal peligro a corto plazo del volcán es el paso de la lava, que tras salir por diferentes bocas se dirige a través de coladas hacia el mar, arrastrando todo lo que encuentra a su paso, tanto infraestructuras como edificaciones, granjas y cosechas.

Por el momento, la lava ha sepultado varias carreteras, muchas de las cuales «van a quedar inservibles», según Mangas, ya que, al solidificarse, se convierte en roca. «No es una lluvia que ha movido barro y se puede quitar con la excavadora. Las vías no van a poder transitarse en muchos días», alerta.

Además, el paso de la lava puede quemar las tuberías que trasladen el agua a los municipios de la zona, y «habrá pequeños núcleos que se van a quedarse sin agua potable«, señala el experto. También afectará a tendidos de la luz y provocará cortes en la telefonía y en Internet, añade.

En Los Llanos de Aridane, uno de los que se encuentran en la trayectoria de las coladas, «el municipio va a quedar dividido en dos partes por los daños tendido eléctrico», según ha explicado la alcaldesa de la localidad, Noelia García.

En el pasado ha habido intentos de frenar o desviar estas lenguas de material candente, pero con un éxito limitado. En Islandia el ejército estadounidense consiguió parar una colada mediante explosivos, mientras que en otras ocasiones se han «regado» con agua para acelerar la solidificación, pero con «resultados bastante negativos», según Ancochea.

«Más que contenerlas habría que desviarlas, pero esto tendría problemas legales. Con qué criterio uno desvía una colada de una finca para meterla en otra. En estos casos es mejor dejar a la naturaleza actuar», ha explicado en una entrevista en TVE.

Otra consecuencia, en este caso positiva, es que después de un tiempo la lava dará lugar a terrenos más fértiles para los cultivos, afirma. 

RTVE

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