El trabajo y las monedas digitales

Hay unas 600 ciudades con, al menos, un millón de habitantes en el mundo; sin embargo, ya existen más de 10 mil monedas digitales. Es como para que haya, en esas ciudades monedas por barrio o, si se quiere, por distrito.

Por Jorge Luis Oviedo*

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Si bien, todo apunta, a que las formas de intercambio de bienes y servicios (productos y favores) no van a modificarse mucho, sí parece lógico que las monedas pasen del billete impreso y las transferencias electrónicas a lo estrictamente digital.

China es, hoy por hoy, el que tomó la delantera en este aspecto (a nivel estatal) con relación al resto de países, con su Yuam digital.

Las monedas nacieron, sostienen algunos,  con los registros contables y su equivalencia con los productos que se ofrecían en los mercados (espaciosas plazas en las antiguas ciudades), sostienen los que gustan enfatizar que el dinero como tal (al margen de su representación física o digital) surgió   con las deudas, hace unos cinco o seis mil años.

Pero, por ejemplo, en Mesoamérica, no se han encontrado tales registros. Existían muchos códices, pero fueron víctimas del fundamentalismo cristiano y su pasión por purificarlo todo con el fuego: personas, esculturas de madera (representaciones de divinidades ajenas al cristianismo) y códices. Miles de códices. Realmente, difícil de precisar; porque el propósito civilizador fue arrancar de raíz las culturas amerindias principales para hacer más fácil la imposición de la cultura cristiana de Europa.

 Así que dada la organización social, política, administrativa, religiosa… y las grandes obras públicas realizadas (sin deuda externa) en México-Tenochtitlan, Teotihuacan y las muchas ciudades mayas, entre ellas, Copán, la ciudad de las esculturas (en esa época abandonadas y protegidas del violento afán civilizador por exuberante flora, casi todas) podemos deducir que el dinero también pudo surgir de la necesidad de recompensar el trabajo  de los artesanos: carpinteros, orfebres, tejedores, ingenieros, constructores de categorías diversas, diseñadores y fabricantes de penachos a base de plumas, oro y otros materiales; los tlacuilos (escribas) y todos los que no eran esclavos, sino coterráneos y congéneres de las familias más influyentes y su jefes máximos.

Dar refugio y alimentos a los esclavos es distinto.

Soportes de escritura como las tablillas de barro que se usaron en la Mesopotamia, por lo menos, ponen en evidencia que allá se llevaba registro de las deudas contraídas por muchas personas (que cada tanto eran perdonadas, cuando llegaban a un punto sin retorno); pero se desconoce cómo fue surgiendo este tipo de registro administrativo. Así que, como tal, esos registros administrativos (de las deudas) pueden considerarse como la prehistoria del dinero basado en deuda que predomina en el actual sistema monetario (para gloria y gracia del sector financiero).

En el caso de Mesoamérica, en el códice Mendoza o mendocino encontramos una sección dedicada a los tributos (Matrícula de Tributos). Fue elaborado por tlacuilos(escribas)  mexicas después de la conquista a pedido. Para que el Rey  (Carlos V) tuviera una mejor idea de cómo era aquella cultura que fue arrasada. El códice fue raptado por piratas ingleses y, hasta hoy, como evidencia de la conquista permanente, permanece en Inglaterra (Oxford).

Así, pues, a través de ese largo recorrido del dinero durante varios milenios, puede concluirse que cuando se trató del intercambio de productos y favores entre iguales, las monedas (no importa si eran conchas, metales, semillas o cualesquiera otros objetos) tuvieron la mayor parte del tiempo un valor de referencia totalmente simbólico.

 El oro y la plata como metales para acuñar moneda y, después, como patrón (el oro), está claro que surgieron de la desconfianza de los usureros, más que de la población necesitada de una forma sencilla para intercambiar el trabajo por productos y servicios.

La realidad actual es que el dinero tiene como patrón la deuda pública; es lo que obliga al pago de impuestos. Aunque se asegure que los impuestos son para hacer obra pública. La verdad es totalmente diferente.

La deuda es el dinero que nos debemos todos, repiten con frecuencia la mayoría de economistas a los que les agrada el capitalismo. Al capitalismo, incluso, lo usan como sinónimo de democracia  o de libertad.

La verdad es que, “esos todos”, son los banqueros y demás tenedores de bonos y, en general, expertos especuladores y acumuladores de riquezas y poder.

 El dinero, como bien dice Yanis Varoufaquis se crea de de la nada: “…La deuda privada lleva al crac y a la crisis porque los bancos producen préstamos de la nada o, mejor dicho, porque cuanto más valor de cambio trasladan del futuro al presente, mayores son las cantidades que ellos ganan.” (Economía sin Corbata)

Ahora bien ¿qué ocurre con las criptomonedas?

Se respaldan en el anonimato y en la “seguridad de la cadena de bloques” de la web profunda.

Eso es bueno dicen los que le apuestan al bitcoin y a otras criptomonedas que CURIOSAMENTE SE INTERCAMBIAN POR DINERO CREADO DE LA NADA o, lo que es lo mismo: dólares, euros, etc. Dinero que, en realidad, se crea a partir de deudas públicas (con la adquisición de bonos a corto, mediano o muy largo plazo: 30 o 100 años, inclusive) y que luego se reproduce a través del sistema financiero a través de sucesivos apalancamientos (reserva fraccionaria).

Se trata, pues, de una forma intangible en la que el ahorro de efectivo (como las cuentas en los paraísos fiscales) permanece más tiempo con valor adquisitivo; porque son como un tesoro escondido que solo se puede rescatar con la clave del usuario (a su vez protegida por otras claves); pero que en la realidad física verificable, se trata de información, similar a cualquier otro trozo de información de la red, como los miles de millones de fotografías de los usuarios de la redes sociales, para el caso.

 Existe, es cierto, intercambio de bienes a través de criptomonedas, pero convertidas a valores de cotización de dinero respaldado con deuda; y una parte, armas, drogas, pronografía infantil, entre otras cosas que se encuentran al margen de la Ley en muchos países.

 Esto ha vuelto, hasta hoy, atractivo al bitcoin y otras criptodivisas como reserva de valor. Al menos unas diez, porque en este momento se reportan más de 10 mil y seguirán en aumento.

Valor intangible, por supuesto, ya que se trata de algo que solamente existe a nivel informático.

No es cacao ni sal ni gas natural ni petróleo ni árboles ni agua ni rocas ni muchos otros minerales metálicos que tienen demanda regular.

Un aporte, sin embargo, han hecho estas criptomonedas: permitir que la mayoría de personas se entere que el dinero no tiene valor real como los productos y los servicios que se obtienen o se ofrecen con el trabajo, respectivamente.

El dinero basado en deuda: impreso o digital es respaldado por el Estado emisor, porque lo acepta para el cobro de impuestos.

El US $ (dólar) está respaldado por el poder militar de USA, principalmente.

Lo que todos debemos tener claro con relación al dinero es que su origen está respaldado por la necesidad de facilitar y regular el intercambio de bienes tangibles (como alimentos, utensilios, herramientas, animales, maquinaria…) y favores o servicios (tiempo laboral del que no siempre se ve el resultado final: elaboración de la comida, acarreo del agua, limpieza de la vivienda, docencia, servicios de salud, crianza de los hijos, dedicación al estudio, etc.); pero que lo importante es mantener al dinero libre de los especuladores, es decir, de la mayoría de las prácticas capitalistas que tienden todas a que unos pocos se aprovechen del trabajo ajeno de muchos o muchísimos.

Sin embargo, más allá de ¿cuál fue la causa que propició el uso del dinero hasta volverlo algo cotidiano en las sociedades: deuda o trueque o ambas cosas a la vez? Una cosa es cierta: el dinero facilita los intercambios de productos mucho más que el trueque.

Sin embargo,  quienes  controlan el dinero (los banqueros privados y demás financistas o especuladores) en su amplio proceso de circulación, con mucha facilidad lo manipulan a su favor.

Hay que señalar que el dinero tiene un carácter simbólico. Representa, simboliza; pero  no puede ser como la realidad: tangible.

Representa, a la hora del intercambio, el producto real que se intercambia: un automóvil, una vaca, una casa, una cesta con frutas, un plato de comida…

El dinero, excepto, en el caso del cacao, al no intercambiarse, podía convertirse en alimento; pero sólo en Mesoamérica un fruto (sus granos) se usaron como unidad monetaria. Más allá de sus características y de los usos alimentarios del cacao, en todo lo monetario servía para facilitar el trueque de muchos productos y servicios, incluidos los trabajos de los artesanos: orfebres, albañiles, personal militar, etc. Aunque es sabido que como dinero se usaba la variedad de cacao de menor calidad alimenticia. Así que, de hecho, se intercambiaba cacao molido en cantidades considerables por unas cuantas semillas del grano de menor calidad; pero de igual modo ocurría con las mantas, trajes, utensilios de barro, jolotes, conejos, maíz, etc.

Adam Smith lo dice así: “Toda persona es rica o pobre según el grado en que pueda disfrutar de las cosas necesarias, convenientes y agradables de la vida. Pero una vez que la división del trabajo se ha consolidado, el propio trabajo de cada hombre no podrá proporcionarle más que una proporción insignificante de esas tres cosas. La mayoría de ellas deberá obtenerlas del trabajo de otros hombres, y será por tanto rico o pobre según sea la cantidad de ese trabajo de que pueda disponer o que sea capaz de comprar.” Adam Smith. “La riqueza de las naciones”. Cap. 5 del Libro Primero.

Cuando Smith publicó su obra (1776) ni siquiera se había abolido la esclavitud en Gran Bretaña. Eso ocurrió hasta 1833. Y, hasta 2020, las estatuas de connotados esclavistas estaban, todas, en pie.

Los traficantes de esclavos y los piratas, elevados a categoría de nobles, fueron, para el Reino Unido, uno de los cimientos fundamentales de su grandeza imperial. También lo fue el opio. Gran Bretaña fue un próspero y fuerte narcoestado imperial.

La oligarquía de USA ha respaldado su moneda, el US$, especialmente con su poderío militar. Durante casi cuatro décadas fue ligeramente generosa con sus coterráneos.

Está claro, entonces, que mientras el dinero siga siendo controlado por un pequeño grupo, ya sean banqueros privados con todos sus artilugios de especulación o por tenedores de criptomonedas (en el anonimato) que también son creadas desde la nada, el trabajo fuente de todos los bienes y servicios que producen las naciones, estará sometido al capricho de los especuladores respaldados por ejércitos, policías y políticos de oficio.

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