‘Una mujer, un voto’, un homenaje a las mujeres españolas que consiguieron el derecho al voto en 1931

Alicia Palmer y Montse Mazorriaga cuentan la lucha de las cigarreras de Madrid y la de Clara Campoamor.

Este viernes, 1 octubre, se cumplen 90 años de la aprobación del sufragio femenino en la Segunda República, por 161 votos frente a 131 y tras un recordado discurso de Clara Campoamor en las Cortes, que se enfrentó a otra de las grandes feministas de la época, Victoria Kent, que también era sufragista, pero pensaba que las mujeres todavía no estaban preparadas para votar, debido a su dependencia de sus maridos.

Ya os recomendamos el cómic Clara Campoamor (Cascaborra), del guionista Rafael Jiménez y la dibujante Meik (María Dolores Reyes), que es una estupenda biografía de Clara. Pero hoy nos centramos en Una mujer, un voto (Garbuix Books), de la guionista Alicia Palmer y la dibujante Montse Mazorriaga, que es un homenaje a Clara, pero también a todas esas mujeres que protagonizaron el movimiento sufragista, como las cigarreras de la real Fábrica de Tabacos de Madrid.

Alicia nos comenta por qué ha querido dar el protagonismo a esas cigarreras:  «Siempre he vivido en el barrio de Embajadores de Madrid. Este barrio se fundó alrededor de la Fábrica de Tabacos, empresa a la que mi familia paterna estuvo vinculada durante mucho tiempo, el primer documento que guardamos data de 1896 a nombre de mi bisabuelo, Vicente Palmer, y el último es la notificación de cese y castigo a mi abuelo, Gustavo Palmer, en 1939 por parte de la Comisión de Depuración del régimen franquista por el delito de “haber sido directivo de la Federación Tabaquera y U.G.T.”. Por otro lado, desde hace algunos años hay iniciativas vecinales para poner en valor la lucha social y de género de las cigarreras. Hay mucha documentación sobre el movimiento obrero que generaron y la preocupación de sus líderes por la formación cultural de las obreras pues además de biblioteca y escuela para adultas, tenían hasta un periódico: Unión Tabacalera«.

Página de ‘Una mujer, un voto’

Esas cigarreras fueron pioneras en luchar por el derecho a poder conciliar maternidad y trabajo, entre otras cosas que nos comenta Alicia: «Su lucha, a base de huelgas y sufrimiento, es comparable a la de los mineros en cuanto a que sus reivindicaciones, además de reclamar salarios más justos, se dirigían a exigir mejoras de salubridad y seguridad en un trabajo que generaba enfermedades profesionales específicas, debidas a las condiciones de humedad y penumbra necesarias para el tratamiento de la hoja de tabaco y a los efectos nocivos en el organismo por la exposición continua a la nicotina durante largas jornadas; este ambiente generaba, entre otros trastornos, oftalmias que en muchos casos terminaban en ceguera. A esto hay que sumar el imperativo, en esa época, de conciliar maternidad y cuidados de los suyos por su condición de mujeres. En este aspecto consiguieron, entre otras muchas cosas, la habilitación de una “casa cuna” y horarios de lactancia para las obreras».

La dibujante Montse Mazorriaga destaca que fue en esa época cuando las mujeres empezaron a luchar enconadamente por sus derechos: «La mayoría de mujeres no estaba en absoluto en esa época metida en la rueda de la conceptualización de un feminismo de carácter político o de carácter social. Eran mujeres que ya tenían suficiente con sobrevivir en su dia a dia, y no estarían del todo implicadas. Esto sucedería justamente, esta implicación de las mujeres obreras, vendría gracias a los avances que se habían dado en su situación durante la República. Seria en ese momento en que empezaron a sindicarse, ya fuese en la CNT o el POUM, pero previamente no se puede decir que las mujeres obreras estuviesen implicadas en este movimiento».

Página de ‘Una mujer, un voto’

Mari luz y Clara Campoamor

La protagonista del cómic es una joven de provincias que llega a Madrid para trabajar: «La idea -asegura Alicia- era exponer el contexto político y social de esa época desde el punto de vista de las mujeres, que eran tratadas como ciudadanas de segunda. Desde un principio pensé en utilizar como hilo conductor de la historia a Mari Luz, una jovencita ingenua que viene a Madrid para trabajar en la Fábrica de Tabacos y según avanza la trama se enfrenta a adversidades como embarazo no deseado o violencia machista que dan pie a abordar temas como el aborto o la situación de las madres solteras en los años 30. Más tarde, con ayuda de una mentora, se implicará en la lucha social de su entorno laboral que por su condición de mujeres confluye con el sufragismo y otras reivindicaciones feministas que solicitaban cambios en los Códigos Civil y Penal, para terminar el arco del personaje convirtiéndose en la activista Luz Lázaro».

Mari Luz conocerá a la gran protagonista de esa lucha por los derechos de la mujer, Clara Campoamor. Alicia Palmer destaca que su lucha fue mucho más alla de ese histórico momento del 1 de octubre: » No se trata solo del discurso; en el cómic reflejamos su tesón para poder estar en la comisión redactora de la Constitución de la Segunda República y su pelea desde el minuto uno en dicha comisión, pero es que una vez aprobado el artículo que otorgaba el derecho al voto femenino por mayoría el 1 de octubre de 1931, tuvo que defenderlo, como nos cuenta ella en su libro El voto femenino y yo, mi pecado mortal, en más ocasiones antes de la convocatoria a elecciones de 1933 en las que votaron por primera vez las mujeres. A mí me inspira su perseverancia y aguante pues no abandonó la lucha a pesar de ser la única mujer en la cámara en defender el voto y recibir ataques dentro y fuera del hemiciclo incluso por compañeros de su propio partido».

Página de ‘Una mujer, un voto’

Clara Campoamor vs. Victoria Kent

Recrear ese famoso discurso y el enfrentamiento dialéctico de Campoamor con Victoria Kent ha sido uno de las cosa más interesantes del cómic para Montse Mazorriaga: «Los debates políticos siempre son interesantes y si los sitúas en 1931 en un entorno de crispación, de debate intenso, y dos mujeres enfrentadas en sus postulados, intentando posicionarse y dar voz a sus planteamientos rodeadas de hombres contrarios a ellas, pues tengo de decirte que sí, es uno de los momentos más emocionantes del cómic y también uno de los más complejos de plasmar en viñetas, por el dinamismo del momento, había que buscar una distribución lo más adecuada posible y creo que la conseguí».

«Campoamor defensora del derecho a voto y sorprendentemente se encontrará con otra diputada Victoria Kent igual enfrentada en sus postulados -añade la dibujante-. Campoamor hablaba de esta igualdad natural entre hombres y mujeres, y si la República aspiraba a esta modernización y democratización del país era totalmente necesario que se reconociese al otro 50% de la población. En cambio Victoria Kent pensando en una idea más de interés político, una idea más partidista consideraba que las mujeres no estaban lo suficientemente formadas para poder deshacerse del lastre que implicaba la figura de la Iglesia, del marido o el padre. Y todo ello tendiria a llevar a la República hacia posiciones mucho más de derechas. Se llegó a la consecución de este derecho porque las lecturas partidistas lo acabarán permitiendo, pero es cierto que fue un debate encarnizado, en el número de votos estuvo muy ajustado y con un abstencionismo importante, pero finalmente, sí es cierto que las ideas más partidistas acabaron decantando, por suerte, la balanza a favor del derecho al sufragio femenino».

Las mujeres pudieron votar, por fin, en las elecciones de 1933 y, curiosamente, ni Clara Campoamor ni victoria Kent lograron renovar sus escaños. Y al estallar la Guerra Civil Clara tuvo que exiliarse. «Una de las cosas que no le perdonaron fue la ley del divorcio que peleó en el Congreso, al igual que la investigación de la paternidad y la igualdad derechos para los hijos habidos fuera y dentro del matrimonio. Intentó regresar a España hasta en cuatro ocasiones y su petición fue denegada, la amargura que le genera no poder regresar a su país queda reflejada en sus escritos: Siento una enorme pena por no volver a España, si pudiera de vez en cuando darme una vuelta por allí…»

Página de ‘Una mujer, un voto’

Un cómic que nos invita a no olvidar

Destacar la estupenda documentación que manejan ambas autoras y que incluye numerosas portadas y páginas de periódicos que se han apañado para ingestar en las páginas del cómic. «Además de las obras de Clara Campoamor hay mucha documentación disponible -asegura Alicia Palmer-, otra cosa es el interés por conocer esa parte de la Historia que no aparece en los libros de texto: Están las actas de sesiones del Congreso en las fechas señaladas donde se registran todas las intervenciones. En la hemeroteca de la BNE (que es de libre acceso) buscas, por ejemplo, publicaciones del 2 de octubre de 1931 y tienes la noticia de la aprobación del voto con opiniones de todos los colores. Luego para los años entre 1929 y 1931 también encontraba estudios universitarios de investigación donde rescatar la información sobre la participación de mujeres en la política, como las primeras alcaldesas o mujeres en la Asamblea Nacional».

«En el tema documentación -confiesa Montse-, tanto Alicia como yo, nos hemos apoyado muchísimo en las fuentes digitales de la Hemeroteca Nacional, que gracias al gran trabajo de recuperación documental de todas las épocas que han llevado a cabo, puedes encontrar periódicos, recortes de éstos, fotografías…».

«Gracias a la elaboración del cómic he rellenado las lagunas que tenía de esos momentos históricos -confiesa la dibujante-, y no solo de los períodos de la primera o segunda República, la etapa de Primo de Rivera … sino de los grandes huecos y vacíos históricos sobre el movimiento sufragista español que yo apenas conocía, y que en mi etapa de estudiante ni tan sólo aparecieron en algunas de las lecciones, así que espero y deseo que los lectores se aproximen a esta etapa tan importante de la historia y les cree mucha curiosidad investigar sobre ella. Lo que me gustaría es que más allá de tildarlo de cómic se viera este libro como una gran herramienta de divulgación histórica para las jóvenes generaciones. Una novela gráfica sí, pero al fin y al cabo, un libro de historia necesario para cubrir y cerrar, el hueco de conocimiento sobre el sufragismo y sus consecuencias».

Un equilibrio entre la lectura y la imagen

Llevar a las viñetas esta historia no ha sido fácil para Montse: «Mi estilo es claro, sin estridencias, de líneas suaves, creo que adecuado a lo que pedía la historia, ya que el guión era complejo y saturar las viñetas con demasiados detalles no hubiera favorecido su lectura. En los momentos en que el diálogo es poco o inexistente hay más detalles, pero he intentado dar mucha expresividad a los personajes en los momentos en que se requería. Quería conseguir un equilibrio entre la lectura y la imagen».

En cuanto a sus proyectos, Alicia Palmer volverá pronto con otra gran mujer de nuestra historia: «En octubre saldrá el cómic sobre la biografía de Emilia Pardo Bazán con otra editorial y otra dibujante de estilo muy distinto, Weronika Hańczyc, pero el guion puede definirse como una “precuela” de este. También participo en un par de proyectos corales junto a autoras y autores muy potentes y estoy preparando otro guion de corte histórico».

Y Montse Mazorriaga también planea nuevos proyectos sobre mujeres ilustres: «Actualmente estoy a tiempo completo promocionando esta novela gráfica, y en breve empezaré una colaboración sobre otra mujer muy distante en el tiempo en el cual se ubica Clara Campoamor, pero muy interesante y desconocida también. Y tengo en marcha una novela gráfica ubicada a principios del siglo XX en el que la historia también juega un papel importante y en las que los personajes son muy conocidos, en ella también daremos luz a grandes mujeres desconocidas. Así que la historia de las mujeres desconocidas u olvidadas intentaré que siga adelante».

Portada de ‘Una mujer, un voto’

RTVE

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