A 53 años de Tlatelolco, ¿cuál es el legado político del movimiento de 1968?

Este 2 de octubre se conmemoran 53 años de uno de los episodios más polémicos e importantes de la historia política de México: la matanza de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco que marca el declive del movimiento estudiantil de 1968.

Por Mariano Yberry*

Desde entonces, y a partir de la enseñanza política de aquellos jóvenes mexicanos que tomaron las calles en silencio para enfrentar a uno de los regímenes más duros de Latinoamérica, han surgido más movimientos juveniles y estudiantiles. Sin embargo, no han logrado colocarse como un referente, como lo es el del 68, al menos en la opinión de algunos expertos y exparticipantes, a pesar de que algunos ya van a cumplir 10 años de haber surgido.

Para el investigador y catedrático de la UNAM José Rivas Ontiveros lo que sucedió en aquel año aún pesa en la actualidad, ya que enfrentó a todo el sistema político mexicano y concluyó con un trágico final que lo mantiene en la memoria colectiva, algo que movimientos más contemporáneos, como el #YoSoy132, surgido en las elecciones de 2012 en favor de la democratización de los medios, no tienen.

«El 68 todavía sigue pesado en las generaciones actuales. Fue un movimiento muy significativo el 132 pero no tiene las mismas repercusiones, por eso al 132 ya poca gente lo cita. Es más, creo que hasta los jóvenes ya no recuerdan el 132», explica para Sputnik el autor de Historia y memoria de los movimientos sociales en México.

Al respecto, Carlos Imaz, quien fue uno de los líderes del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) que en la década de los 80 inició un movimiento para evitar el aumento de las cuotas de la UNAM y el fin del pase automático, considera que es difícil definir si el 68 pasó a ser solo un referente cultural y ya no un referente político.

«Parece que algo que se pierde es esta idea de la lucha de masas, parece ser sustituida por la lucha de colectivos o colectivas. En lugar de entrar a la gran catedral, hacemos capillitas donde cada uno se sienta bien, y ahí creo que no estamos aprendiendo la lección de que el problema de la política es el cambio de correlación de fuerzas, no el cambio de la satisfacción del ego personal», explica en llamada con Sputnik.

En contraste, el profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Socialesde la UNAM reconoce que el propio CEU fue «consecuencia del 68», ya que sus maestros en la preparatoria venían de dicho movimiento.

«Eso te da una idea de qué tan cercano estaba ese movimiento a nosotros en términos de una transferencia generacional. eso tiene un impacto. En muchos sentidos, el 68 nos orienta a nosotros», agregó.

El 68 en contraste con el #YoSoy132

En este sentido, Rivas Ontiveros considera que el 68 sentó las bases de las luchas sociales y estudiantiles, mientras que los movimientos posteriores las tomaron para encausarlas a fines específicos.

«Los movimientos de la UNAM fueron por cuestiones más particulares referentes a demandas más específicas del sector estudiantil, en cambio el #YoSoy132, uno de los elementos que buscaba era la democratización de los medios y aquí influye a todos los sectores de la población», asevera el escritor.El investigador enlista entre las grandes diferencias que se pueden ver entre el movimiento del 68 y el #YoSoy132:

1.El contexto político (el primero contra un régimen y el segundo contra un candidato y los medios de comunicación).

2.La realización de una huelga de 134 días.

3.Un núcleo de líderes, representantes y voceros bien definido.

«En el contexto del 68 ya se estaba consolidando el sistema político mexicano en su conjunto, un régimen profundamente autoritario y represivo, en cambio el que generó el #YoSoy132 fue cuestionando el papel de los medios de comunicación», agrega.

Imaz Gispert considera, además, que el movimiento del 68 fue de carácter «ofensivo» contra un «autoritarismo estúpido», es decir, directamente contra una estructura política, mientras que otros movimientos como el CEU tuvieron un enfoque defensivo.

«El nuestro fue un movimiento de carácter defensivo para evitar que siguieran destruyendo el espacio de la educación pública. A diferencia del 68 que hace demandas de otras características —como la democratización del país, libertad de sus presos políticos, la demanda de libertades democráticas— es más como ofensiva, en el sentido no de ofender, sino de ir hacia adelante», explica.

Asimismo, el catedrático universitario cree que el 132 se diferencia del CEU y el movimiento del 68 porque se asumió como un movimiento que buscaba influir directamente en la coyuntura electoral y en la derrota del partido de Estado.

«El #YoSoy132 entra en la coyuntura electoral. El movimiento del 68 no estaba en ninguna coyuntura electoral ni pretendía ser parte de una coyuntura electoral. El 132 sí asume la coyuntura electoral y asume contribuir a la derrota del partido de Estado», sostiene.

Para Rivas Ontiveros esto influye directamente en que, a pesar de haber pasado más de cinco décadas, aún se recuerden movilizaciones icónicas del 68 como la Marcha del Silencio, mientras que no ocurre lo mismo con movimientos más recientes, como el #YoSoy132.

«Por ejemplo, si del 132 les preguntamos a cualquier joven, incluso a los participantes de esta movilización, cuándo se llevó la marcha más grande, yo le aseguro que ya ni se sabe».

Para Carlos Imaz, el impacto tiene que ver con el hecho de que «la masacre hace indeleble al movimiento», como sucede en general «con los héroes que murieron vs. los héroes que vivieron».

«La marca negativa del movimiento es la marca negativa de la masacre y al mismo tiempo le da una enorme fuerza como de revancha posterior. Y en este sentido, es la derrota del régimen que los reprimió, las siguientes generaciones nunca olvidaron el 68 porque siempre se las echaron en cara. El costo político que tuvo que pagar el régimen lo puedes ver en los otros movimientos estudiantiles».

En este tenor, José René Rivas comenta que el impacto por el 2 de octubre fue tan grande que hubo «un México antes y después del 68», y ubica hasta 2014, con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, otro movimiento político con la misma magnitud e impacto.

El legado político del 68

Carlos Imaz afirma que el legado del movimiento del 68 se puede observar desde dos perspectivas: la de la educación política, al establecer mecanismos como el diálogo público para negociar con las demandas estudiantiles, y el legado cultural, el cual se manifestó en «la rebeldía inteligente» que nació en la juventud de la época, quien a su vez se enfrentaba a las ideas surgidas en el llamado mayo francés.

«El movimiento del 68 era libertario, había música, las mujeres usando mini falda rompiendo los cánones previos, las mujeres participando en política, el rock and roll, el pelo largo. La reivindicación mayor es la de la rebeldía, la rebeldía inteligente, ese creo que sería el gran legado del 68».

Rivas Ontiveros por su parte considera que el movimiento inició la transición democrática en México, abrió los ámbitos políticos y culturales, permitió la reforma política del 77, introdujo el marxismo a las escuelas y hasta generó las condiciones para permitir el movimiento político que devino, años después, en la victoria de Andrés Manuel López Obrador.

«El 68 fue determinante en este país, fue un parteaguas que trajo un merecido reconocimiento. Tanto que hace tres años se reconoció: pusieron en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores un reconocimiento con letras doradas a la generación del 68 porque fue la que trajo el cambio a este país».

En contraste con el investigador, Carlos Imaz sostiene que el 68 no inició una transición democrática, pero sí provocó «un ablandamiento de las estructuras de control de poder al interior de la UNAM».

«Lo que hubo, creo yo, fueron intentos de cambiar el color de la cadena, pero no la cadena. Las pequeñas reformas democráticas que hubo después fueron para legalizar el Partido Comunista, etc., pero sabiendo que tenían el control total del proceso. Hasta la fecha tenemos un INE que dice que decir que hay una transición democrática es muy difícil. Yo creo que apenas empieza la transición democrática del país», concluye.

 

*Sputnik

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