Los mosquitos están preparados para el cambio climático

La adaptación evolutiva es más probable para las especies de vida corta con altas tasas de crecimiento de población.

Estos rasgos son características de muchas plagas, patógenos y especies de vectores.

Algunas características de los mosquitos podrían facilitar su rápida evolución y adaptación al cambio climático. Concretamente, el corto ciclo de vida que tienen estos insectos y su alta tasa de crecimiento de población son algunas de las características que los mosquitos comparten con especies que ya han demostrado respuestas evolutivas al cambio climático, según una investigación internacional publicada en elife.

Se espera que el cambio climático tenga importantes impactos en la distribución de especies en las próximas décadas, y predecir estos efectos es un área de intenso interés de investigación. De acuerdo con el citado informe, elaborado por científicos de universidades estadounidenses, australianas y canadienses, la teoría de la genética de poblaciones sugiere que la adaptación evolutiva es más probable para las especies de vida corta con altas tasas de crecimiento de la población, propiedades de muchas plagas, patógenos y especies de vectores.

Los tiempos de generación cortos permiten respuestas evolutivas rápidas y las altas tasas de crecimiento reducen notablemente la posibilidad de extinción antes de la adaptación. El estudio, publicado este mes de agosto, alerta también de que, pese a este peligro, «falta una estrategia general para comprender y estimar su potencial de adaptación climática». Algo que puede ser altamente peligroso para la salud de los seres humanos.

Una importante carga para la salud pública

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades transmitidas por mosquitos son una importante carga para la salud pública, causando aproximadamente 500 millones de casos y millones de muertes en todo el mundo cada año. Asimismo, el estudio ha apuntado que «existen las presiones selectivas y el material genético en bruto» necesarios para la adaptación evolutiva de los mosquitos, por lo que es probable que sobrevivan al aumento de los termómetros y continúen siendo uno de los vehículos principales portadores de enfermedades. 

Como sus rasgos fisiológicos y ecológicos básicos dependen en gran medida de la temperatura, se espera que los impactos climáticos sean particularmente fuertes para los ectodermos. De acuerdo con la investigación, la temperatura influye en la dinámica de las enfermedades transmitidas por mosquitos porque afecta directamente la fisiología, los ciclos de vida, el comportamiento y la competencia de los mosquitos para la transmisión de enfermedades.  Así, el estudio de la adaptación de estos insectos se vuelve fundamental a la hora de elaborar «modelos predictivos precisos y preparación para la salud pública».

Las especies pueden responder al aumento de las temperaturas a través de tres mecanismos principales. El primero de ellos consiste en rastrear temperaturas adecuadas a través de cambios de rango, mientras que el segundo se basa en evitar o hacer frente temporalmente a temperaturas estresantes a través de la plasticidad fenotípica. Para los mosquitos, las respuestas plásticas potencialmente importantes incluyen cambios en los patrones de actividad, comportamiento de picadura o selección de microhábitats, aclimatación térmica e inicio de la latencia.

Asimismo, el calentamiento puede ser tolerado a través de la adaptación evolutiva genética. Las condiciones ambientales temporalmente desfavorables podrían superarse mediante la inactividad (la interrupción o reducción de la actividad metabólica mediante diapausa o quiescencia), una respuesta que se ha demostrado en todas las principales especies de vectores.

La capacidad de adaptación variará según el hábitat

Como apunta la investigación, la capacidad de adaptación de los mosquitos diferirá según «las preferencias de hábitat de reproducción y descanso y según la ubicación», ya que los regímenes térmicos pueden varias mucho entre ambientes interiores y exteriores y por latitud y altitud. 

Por ejemplo, los cambios en la variación de la temperatura diurna pueden imponer una fuerte selección en África Oriental, donde las poblaciones de Anopheles Arabiensi descansan principalmente al aire libre.

De manera similar, las poblaciones endémicas de una especie determinada pueden experimentar regímenes climáticos muy diferentes a los de las poblaciones invasoras, otro factor a tener en cuenta. El estudio señala también que los rasgos del ciclo de vida de los mosquitos con los máximos térmicos críticos más bajos experimentarán la selección térmica más fuerte. Estos rasgos normalmente son la esperanza de vida adulta y la fecundidad, lo que sugiere que la selección térmica puede ser más fuerte en la etapa de la vida adulta.

Asimismo, aunque antiguos estudios han sugerido que la heredabilidad de la adaptación a la temperatura es baja, evidencia más reciente ha demostrado que la especie concreta de Drosophilia puede adaptarse rápidamente a nuevas temperaturas a través de múltiples vías genéticas alternativas que conducen a aumentos similares en la tolerancia térmica, desafiando así la creencia de que los rasgos altamente poligénicos tienen baja heredabilidad. 

La prevención podría reducir la transmisión de enfermedades

La termorregulación del comportamiento y los cambios fenológicos podrían aumentar, mantener o disminuir la transmisión de enfermedades, principalmente dependiendo de cómo estos cambios impacten las tasas de contacto entre mosquitos y humanos y la efectividad de las actividades de control de vectores. Por ejemplo, si el aumento de las temperaturas promueve cambios en la actividad hacia las horas nocturnas más frías, cuando es más probable que los humanos estén protegidos por mosquiteros, la transmisión de enfermedades puede reducirse.

Sin embargo, la transmisión de enfermedades puede aumentar si los rendimientos máximos de los rasgos de los mosquitos, como la fecundidad y la tasa de picaduras, aumentan con sus óptimos térmicos. De acuerdo con la investigación, esta es una expectativa de la hipótesis «cuanto más caliente es mejor», pero la forma en la que evolucionan las curvas de rendimiento térmico es un punto de debate, pues los aspectos precisos de la temperatura que determinan estos límites siguen sin estar claros. 

Hacer predicciones más concretas sobre la persistencia y adaptación de los mosquitos bajo el calentamiento global requerirá estudiar más a fondo aspectos como el grado de heredabilidad de la tolerancia térmica y el papel de la plasticidad fenotípica. Por ello, la investigación propone futuros experimentos para permitir realizar mejores estimaciones del potencial de adopción de los mosquitos y sus implicaciones para el futuro de las enfermedades transmitidas por los mismos. 

RTVE

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