Niñas refugiadas: buscar asilo para escapar de la violencia y la discriminación

Muchas madres huyen con sus hijas para evitarles que sufran prácticas que ellas han vivido.

UNICEF alerta de que la crisis del COVID-19 ha aumentado los matrimonios infantiles.

Las cifras impresionan una vez más. Según los datos de UNICEF, 12 millones de menores son obligadas a casarse cada año en el mundo. Las actuaciones llevadas a cabo por gobiernos y organizaciones habían conseguido que el matrimonio infantil descendiese un 15% y Asia meridional encabezaba esta tendencia positiva: el riesgo de que una niña se casara en la infancia había caído de casi el 50% al 30%.

Pero entonces llegó la pandemia. La crisis generada por el COVID-19 ha frenado esa tendencia positiva y el problema incluso empeora. «La pandemia de COVID-19 ha colocado a muchas familias en situaciones muy difíciles y eso muchas veces lleva a que decidan casar a sus hijas. Eso ha hecho que aumente el número de niñas que pueden ser casadas», explica Blanca Carazo, responsable de programas de UNICEF España. Este organismo calcula que si no se hace nada por evitarlo, hasta 2030 por encima de 150 millones de niñas más se casarán antes de cumplir los 18 años.

Uno de los elementos que pesa en esta situación es el cierre de escuelas que ha provocado la pandemia en numerosas zonas. Plan Internacional calcula que 20 millones de niñas y adolescentes perderán la oportunidad de recibir educación por la crisis del Coronavirus. Sin escuela, el destino de estas niñas será el trabajo infantil o el matrimonio y se les cerrarán las puertas de otro futuro independiente..

Huir de la violencia y la discriminación

CEAR calcula que el 40% de las personas que llegan a España en condiciones de solicitar asilo son mujeres. Las violencias que se ejercen sobre ellas por el solo hecho de ser mujeres, como la mutilación genital femenina o la violencia de género son factores para la concesión del refugio. Muchas de las que llegan a nuestra frontera han sido víctimas de estos tipos de violencia o huyen para evitarla, también niñas y jóvenes menores de edad.

«Estas niñas no llegan siempre sin referente familiar, estas niñas muchas veces son acompañadas, muchas veces son las propias madres las que huyen del país para evitar que sus hijas sean sometidas a ciertas prácticas por las que ellas tuvieron que pasar», explica Paloma Fauveres, directora de políticas y campañas de CEAR.

Esta organización de ayuda a refugiados acoge en sus centros a muchas de ellas, como Adama, que estuvo en el centro de Málaga. Adama nació en Gambia y sus padres le practicaron la mutilación genital con cinco años: «Se hizo muy mal y cuando tenía 16 años me la quisieron repetir. Yo no quería hacerlo, porque sabía que me iba a dar problemas en mi vida sexual después. Así que me escapé y vine a España para buscar un futuro mejor». Adama se escapó de su casa de noche y viajó a Senegal donde se escondió en casa de una amiga durante unos meses, pero no podía quedarse allí por más tiempo. La ayudaron económicamente para ir a Marruecos y encontró trabajo como limpiadora, pero el racismo que vivía la empujó a seguir camino hacia España.

El camino que muchas chicas inician como menores puede durar dos o tres años por lo que, al llegar a España, ya han cumplido los 18. Paloma Fauveres llama la atención sobre las agresiones sexuales y de cualquier otro tipo que pueden sufrir en ese periplo, además del riesgo que corren de caer en manos de mafias de tráfico de mujeres para explotarlas sexualmente.

Apoyo y esperanza

«También es importante destacar el potencial que tienen las niñas y las adolescentes. Si somos capaces de protegerlas de todas estas formas de violencia y darles educación y acceso a la información, podemos contribuir enormemente al desarrollo en sus paises y en todo el mundo», dice Blanca Carazo, de UNICEF, que insiste en que hay que lanzar un mensaje positivo y de esperanza.

Los problemas no acaban cuando llegan a España. Para integrarse hay que aprender el idioma, recibir formación que capacite para trabajar y conseguir ese trabajo, lo que no es precisamente sencillo. Además, muchas veces tienen que hacer todo esto antes de cumplir los 18 años y salir de los mecanismos de protección de menores de la Comunidad Autónoma. En ocasiones, un tiempo record si se tiene en cuenta el tiempo que emplean los trámites de determinación de edad.

Pero además, hay que superar la carga que supone toda la violencia que han experimentado. «Llegan con mucha desconfianza. En realidad, con todo lo que han pasado, ¿por qué tendrían que confiar en personas que no conocen?», se pregunta Paloma Fauveres. Esta responsable de CEAR recomienda poner el acento en el apoyo psicológico y subraya que son necesarios recursos específicos para ellas, por ejemplo que sean mujeres las que les presten ese apoyo tanto psicológico como jurídico para facilitar su recuperación y generar en ellas confianza y seguridad.

RTVE

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