«Volverán los abrazos»: un documental necesario

La irrupción del covid-19 en Cuba fue particularmente angustiosa para Marcelina, no por miedo a contagiarse, sino porque le impidió ver, besar y abrazar a su hija, una de las doctoras que se ofreció como voluntaria para enfrentar esa entonces desconocida enfermedad.

La misma zozobra -consolada por el orgullo- vivía la especialista cuyo hijo se fue a la temible Zona Roja (área donde solo están los pacientes positivos con SARS-CoV-2) para ayudar a comprender mejor la enfermedad, o el doctor que la sufri, y se inspiraba en lo vivido en carne propia para ayudar a sus pacientes a resistir y luchar por la vida.

Son algunos de los protagonistas del documental «Volverán los abrazos», que propone una cruda y conmovedora mirada a los héroes y heroínas que enfrentaron en Cuba la pandemia de covid-19 durante los meses iniciales, de miedos e incertidumbres.

Durante hora y media, los realizadores Maritza Ceballo y Jonal Cosculluela documentan el primer año de la pandemia en la isla, narrado desde la perspectiva de quienes día a día ponían sus vidas en riesgo para salvar las de otros, y devolviendo un poco la fe perdida en la humanidad.

La propuesta destaca por su formidable fotografía, guion absorbente y la banda sonora creada especialmente por el músico español Alberto Torres, pero sobre todo porque implica aun más al espectador en un drama del que ya nadie es ajeno.

«Esperamos que la gente se sensibilice con esas personas que tienen un trabajo muy difícil, que muchos no quisieran tener. No son ni aspiran a ser héroes de mármol, son personas que pudieron estar en la retaguardia y protegerse, pero le plantaron cara al covid», dijo Ceballo a la Agencia Sputnik.

El proceso de filmación fue intenso, en muchos sentidos, y también fue difícil escoger con qué historias quedarse de las muchas a las que tuvieron acceso, pero siempre tuvieron claro que la meta era mostrar a las personas detrás de las máscaras y barreras de seguridad.

IDEA

Todo comenzó con una llamada telefónica de Ramón Samada, presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), quien le preguntó a Ceballo y Cosculluela si se atrevían a filmar lo que empezaba a vivir el país, en marzo de 2020.

Periodista de formación, Ceballo relata que aceptó sin pensarlo, como una reacción casi instintiva de que lo que se vivía era algo excepcional, y necesitaba ser documentado. Luego lo pensó mejor, pero igual comprendió que tenían ante sí una gran oportunidad profesional y humana.

«Cuando empezamos a conocer del tema, a recorrer hospitales, centros de aislamiento, se nos fue revelando el hilo de la historia», afirma la también guionista y productora de la cinta, que recién tuvo una presentación especial en La Habana.

Ceballo y Cosculluela (director de la laureada cinta cubana «Esteban») se propusieron hacer «algo diferente» a los materiales efímeros y hasta cierto punto impersonales que inundaban los medios, y por eso apostaron por un abordaje distinto, sin dejar de ser responsable.

Para ellos, al tema le ha faltado justamente un acercamiento que vaya más allá del momento, y que eduque en la realidad de que la vida ha cambiado. «Por desgracia, muchas veces esa mayor conciencia no llega hasta que las personas viven una experiencia cercana, y el miedo les cambia la perspectiva», lamentó.

DESAFÍO

Captar el lado más humano de una lucha que exige mantener la distancia física fue todo un desafío para los «cuatro gatos», como define Ceballo a su equipo de realización. Pero filmar en la Zona Roja, con todo el andamiaje de bioseguridad, llevó el reto a otro nivel.

«Tengo que agradecerle al personal sanitario que nos enseñaron a cuidarnos como lo hacían ellos, apoyándonos mientras trataban de entender la enfermedad, y salvar a todos los que pudieran salvar», destacó la cineasta, cuya disciplina le abrió puertas cerradas para los demás.

Así, por ejemplo, filmó la escena inicial del documental, una de las más impactantes. Un paciente entra en pánico en una sala de cuidados intensivos y comienza a sacarse los tubos respiratorios de la nariz, ante la mirada indiscreta de una cámara que otras veces apagaron, por ética.

Aunque pudiera ser considerarlo una falta de responsabilidad profesional, Ceballo explicó que muchas veces se abstuvieron de filmar ciertos episodios por respeto al dolor ajeno, y para hacerle honor a la sensibilidad de quienes luchaban por ayudar a los demás.

«Vivimos momentos con gente llorando, sufriendo, imágenes fuertes de quienes habían perdido a alguien cercano, que no las filmamos, pero las grabamos en nuestra mente», afirmó.

FUTURO

El futuro de «Volverán los abrazos» está ahora en manos del ICAIC, pero sus realizadores están satisfechos con el resultado, aunque habrían preferido que se estrenara antes. Quién sabe, quizás ver algo así habría inhibido el repunte fatal de contagios que se dio a mitad de 2021.

Igual, Ceballo considera que este es un documental necesario, sobre todo para que la ciudadanía vea que estos héroes y heroínas de la salud hacen su trabajo, pero igual son personas que pasan por lo mismo y más, celebran una vida salvada, y sufren una perdida.

«Ninguna facultad de Medicina los entrenan para ver morir personas por una enfermedad que están conociendo en la marcha. Eso genera impotencia, frustración, incertidumbre y miedos, pero lo importante es que se sobreponen y salen adelante», resume.

«Volverán los abrazos», en resumen, hace honor a quienes combaten esos demonios, que suelen dejar más marcas en el alma que la mascarilla incrustada en sus rostros.

Sputnik

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