La supremacía de la ignorancia

¿Cómo es que, desde el Estado laico y con la ciencia como garantía de lo demostrable, la hegemonía se consolida desde la ignorancia?

Exceptuando la época en que predominaba el periodismo escrito, los medios de comunicación impresos, auditivos, audiovisuales y más, recientemente, las plataformas de la redes sociales son el espacio-tiempo que más cabida da a la ignorancia, a su supremacía, COMO MECANISMO DE HEGEMONÍA UNIVERSAL.

Por Jorge Luis Oviedo*

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Parece paradójico, pero no es así; porque se realiza de manera deliberada.

El espectro radioeléctrico es, por norma general, del Estado, es decir, un bien común; pero su explotación real se encuentra en manos de “inversores” privados que, a su vez, privan a la mayoría de población de información veraz, oportuna, responsablemente documentada y científica.

Cualquier persona que haya estudiado los medios de comunicación sabe que estos son sustitutos «naturales» del púlpito religioso. Son las agencias de propaganda sistémica por excelencia.

El entretenimiento, por ejemplo, adormece –opio audiovisual– la curiosidad natural de la mayoría de personas; algunos se vuelven expertos en naderías: moda, espectáculos de la ridiculez, morbo, violencia verbal y visual, entre otras muchas opciones de la enorme maraña persuasiva que, según sus estrategas, obedece a los gustos de las personas, a los nichos de audiencia.

En realidad se trata de sacar provecho de lo que desde la ciencia se hace con metodologías e investigaciones apropiadas en muchas universidades del mundo; pero cuyos resultados en ámbitos muy particulares, como el de la psicología de masas, son aprovechados para la manipulación de grupos poblacionales.

Con las redes sociales, los que controlan dichas plataformas, sacan enorme provecho de los amplios perfiles gratuitos (gustos, pasiones, estados afectivos, comportamientos compulsivos…) que los centenares de millones de usuarios proporcionan a las empresas.

De esta forma los algoritmos se han incrementado para “personalizar” (como la idea que en algunas religiones se tiene de los dioses que todo lo saben, lo ven, lo predicen y controlan todo, todito…) la atención de los usuarios (clientes de los anunciantes que les redirecciona el sistema informático) para volverse adictos de los “enredos” en que los atrapan  las redes sociales con sus algoritmos.

Por todo ello es lógico que la hegemonía de las élites financieras siga casi inalterada y que, para la gran mayoría de población que navega por la red a través de un inmenso océano de información, sea incapaz de sacar provecho de la discreta e inadvertida oferta de saberes científicos, reflexiones filosóficas y demás ámbitos del conocimiento, responsablemente documentado y metodológicamente expuesto, sin ánimo de propaganda sistémica y lucro; que también se encuentra en la internet.

“Nadie lo ignora todo, nadie lo sabe todo. Por eso aprendemos siempre.”Esta frase de Pablo Freire es correcta. Pero es deliberadamente ignorado su uso por los que controlan los medios de comunicación y las redes sociales.

Por eso cuando hablamos de la SUPREMACÍA DE LA IGNORANCIA, como estrategia de dominación o como arma principal para consolidar la hegemonía de las élites financieras capitalistas, nos referimos a la deliberada  manipulación de la información y del conocimiento científico, es decir, a su ocultamiento, para que sea lo menos accesible y difundido para la mayoría  de las personas; a las que, en cambio se  ofrecen muchísimas alternativas de entretenimiento.

Desde los medios de comunicación (con su efecto propagador a través de las redes sociales) se difunden expresiones que son un timo y un verdadero elogio a la ignorancia: Siempre han existido ricos y pobres.  Los impuestos y la muerte son inevitables. Todos los políticos son iguales. El Estado es un mal administrador. Las empresas públicas son ineficientes. El comunismo ha fracasado en todas partes. El capitalismo hizo posible la industrialización. Los que trabajan duro siempre triunfan o se vuelven ricos más temprano que tarde. La prensa (el periodismo) es el cuarto poder.

Todas estas frases usadas como si fuesen leyes comprobadas miles de veces por vía de la experimentación, son fáciles de rebatir por su descarada vaguedad.

La ignorancia es, pues, una de las principales formas de la hegemonía global. Se la afianza con cautela a través de muy diversas formas de ocultamiento de lo científicamente demostrable; o de lo social, política y económicamente insostenible; mientras se propaga lo superfluo.

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