Videoconsolas, frigoríficos, coches o teléfonos: la producción mundial tiembla por la crisis de los microchips

La falta de semiconductores está poniendo contra las cuerdas a la capacidad productiva de muchas compañías.

Desde su aparición a mediados del siglo XX, los microchips se han convertido en elementos omnipresentes en nuestra vida diaria, como parte esencial de aparatos eléctricos y electrónicos, dentro de una variedad interminable de productos que van desde ordenadores personales hasta tostadoras, desde juguetes y videoconsolas hasta teléfonos móviles.

Multitud de empresas los necesitan para sus procesos de producción, y la demanda disparada de dispositivos electrónicos desde que comenzó la pandemia de COVID-19 se ha unido en los últimos meses a una recuperación vertiginosa del consumo a nivel mundial. La oferta de semiconductores no ha tenido tiempo para adaptarse, lo que se ha traducido en una alarmante falta de suministro de chips, que unida a otros factores como el incremento del precio de las materias primas o el atasco del transporte marítimo de mercancías, están poniendo contra las cuerdas a la capacidad productiva de muchas compañías.

Los microchips son circuitos integrados diminutos, que almacenan y procesan información, y que resultan imprescindibles para que los dispositivos electrónicos funcionen. En estos momentos, el principal problema de muchas empresas radica en la falta de estos chips o semiconductores, que toman el nombre de las propiedades de su componente más importante. Un semiconductor es todo aquel material que puede actuar permitiendo o impidiendo el paso de una corriente eléctrica. En la naturaleza existen varios materiales con estas características, aunque en la fabricación de microchips destaca el silicio, que no deja de ser una materia prima sencilla y barata de conseguir.

Sin embargo, la fabricación de chips a partir de silicio es un procedimiento extremadamente complejo, que exige equipos robóticos de precisión milimétrica, así como protocolos muy estrictos de limpieza y seguridad. Las principales fábricas de circuitos integrados se encuentran en Taiwán, Corea del Sur y Estados Unidos. «La capacidad de producción de circuitos integrados de altas prestaciones está cada vez en manos de menos actores», explica a los micrófonos de RNE Ignacio Mártil, catedrático de Electrónica de la Universidad Complutense de Madrid, quien detalla que «fabricantes que sean capaces de fabricar circuitos integrados de altas prestaciones solo hay tres: el taiwanés TSMC, el surcoreano Samsung y el estadounidense Intel», aunque desde 2018 este último tiene muchos problemas para colocar en el mercado chips competitivos con los dos anteriores.

Pero como ya ocurrió durante los primeros compases de la pandemia con los productos sanitarios, las grandes economías del mundo también se han dado cuenta de los riesgos que implica la monopolización excesiva en la producción de un suministro tan esencial, por lo que se están planteando la construcción de fábricas de microchips en su territorio, como es el caso de la Unión Europea, China o Estados Unidos. Aunque no se trata de una tarea fácil, ya que estas plantas pueden tardar varios años en ponerse en funcionamiento, y su desarrollo requiere de una inversión de miles de millones de euros.

Crisis en el mercado automovilístico

El primer gran perjudicado por la falta de microchips ha sido un mercado automovilístico que venía ya herido por los meses de pandemia y confinamiento a nivel mundial. La incorporación de sensores y elementos electrónicos en los coches ha crecido exponencialmente en los últimos años, y los chips semiconductores juegan ahora un papel clave en aspectos como el motor, la seguridad o la comodidad. «Hay que tener en cuenta que cada vehículo puede llegar a contener hasta 5.000 microchips», asegura José López-Tafall, director general de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), al programa de TVE Informe Semanal.

Ahora, las entregas de los pedidos se prolongan hasta los seis u ocho meses de media, y los compradores en muchos casos no quieren esperar tanto. Un serio problema para España, el segundo productor europeo de coches y el octavo a nivel mundial, que ha visto cómo las ventas de automóviles nuevos se han desplomado un 20,5% en el último mes, mientras que la escasez ha revalorizado el mercado de segunda mano. 

Por supuesto, otro de los sectores más perjudicados por la crisis de los microchips ha sido el de la electrónica, que incluye productos de los que en conjunto se venden anualmente miles de millones de unidades, como videoconsolas o teléfonos inteligentes. Ante la explosión de la demanda de estos productos durante la pandemia, este sector acaparó una buena parte de la producción mundial de semiconductores, pero cuando otros actores temporalmente ausentes han vuelto a entrar en juego, también ha comenzado a acusar esta escasez.

Sony, Nintendo y Microsoft, tres figuras clave en la industria de los videojuegos, se han visto afectadas, y el suministro de sus productos apunta claramente a la baja de cara a fechas tan señaladas como Black Friday o Navidad. Sony está teniendo problemas de abastecimiento con la consola PlayStation 5, lastrada por la falta de stock desde su lanzamiento, a finales de 2020. Nintendo está encontrando igualmente muchos impedimentos para fabricar su videoconsola Switch, convertida en un éxito comercial para la compañía japonesa, con casi 100 millones de unidades vendidas hasta el momento. Microsoft también ha visto afectada la producción de las series S y X de su Xbox.

Teléfonos, electrodomésticos y juguetes

En el mundo de la telefonía móvil, el escenario no pinta mucho mejor, y la escasez global de chips ha hecho que las ventas cayeran un 6% en el tercer trimestre de 2021, el último dato del que se dispone. Apple ha decidido recientemente reducir la fabricación de iPads para destinar más recursos a su producto estrella, el iPhone, cuya producción ha tenido que recortar. Otro gigante tecnológico, Samsung, ya ha reconocido que su fabricación de teléfonos inteligentes, televisores y electrodomésticos se va a reducir debido a la falta de microchips, a pesar de que se trata del segundo mayor fabricante a nivel mundial de circuitos integrados. Eso sí, su división de desarrollo de chips está obteniendo los mayores beneficios económicos de los últimos años.

La escasez de circuitos integrados también ha provocado que se dilaten las listas de espera en el sector de los electrodomésticos, donde comprar un frigorífico o una lavadora, además de ser más caro, ha pasado a ser un proceso que se demora durante varios meses hasta que el producto se recibe en casa.

A las puertas de la campaña navideña, la más importante del año para el sector juguetero, la crisis de los microchips amenaza también a estos productos, cada vez más tecnológicos. La escasez de semiconductores se suma a la de otros componentes y materias primas, así como al encarecimiento de los fletes, lo que ha provocado que los costes de producción se hayan disparado hasta un 40%, algo que inevitablemente se traducirá en un incremento de precios para el comprador y que amenazará la viabilidad de muchos de los fabricantes.

Una situación que compromete el margen y el resultado económico de las empresas jugueteras en un año en el que confiaba en recuperarse después de los meses más duros de la pandemia. «Es una pena porque hay un crecimiento de mercados tanto en la demanda en España como en los internacionales, y se compromete ese resultado», asegura el presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), José Antonio Pastor, quien no obstante espera que estos desajustes se corrijan en los próximos meses y se pueda culminar la recuperación «completa» durante 2022.

RTVE

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